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El pragmatismo histórico del Partido Conservador británico


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El Partido Conservador británico se ha caracterizado, durante gran parte de su dilatada Historia, por defender una serie de principios básicos, pero con un acusado pragmatismo, que le ha permitido desempeñar un papel fundamental en la Historia contemporánea del Reino Unido, frente al Partido Liberal que, siendo su alternativa durante el siglo XIX y principios del XX, terminó por desintegrarse, y luego frente al laborismo, al que le ha costado siempre conseguir el poder y conservarlo.

El conservadurismo británico se basa en un acusado patriotismo, en su momento asociado también al Imperio, en su defensa a ultranza de la Corona y de la Iglesia Anglicana, en la necesidad del mantenimiento de la unidad en el diverso Reino Unido, así como en la defensa del orden social y público. Pero fuera de estos principios inamovibles, se observa un claro pragmatismo que le ha servido, como apuntábamos, para adaptarse a los distintos momentos, y aprender de los cambios que se han producido en el país y en el mundo.

En nuestra opinión, Disraeli supondría el primer ejercicio de pragmatismo cuando emprendió una reforma electoral que ampliaba el cuerpo electoral y que, en principio, podría ser contraria a los principios conservadores elitistas. Pero Disraeli era consciente de la necesidad de ampliar la base electoral y no dudó en enfrentarse dentro de la formación para lograr, con éxito, su propósito. Así pues, en 1867, consiguiendo el apoyo de la oposición, sacó adelante una nueva ley electoral. Se amplió el derecho de voto a quienes tuvieran una casa o pagaran un alquiler, por lo que los obreros cualificados pudieron votar. Por otro lado, se siguieron potenciando las circunscripciones electorales urbanas frente a las rurales. Se calcula que el 42% de los varones británicos podía ya votar con esta reforma. Algunos historiadores valoran mucho esta ley porque abrió la esperanza a una mayoría de obreros y les apartó de los métodos violentos, lo que podría ayudar a entender la distinta evolución del movimiento obrero británico frente al continental en el momento de la Primera Internacional.

La flexibilidad fue seguida, a finales de siglo por Salisbury, pero también es cierto que Balfour, que presidió el Partido entre 1902 y 1911, marcó una profunda crisis en la formación porque no supo evitar las tensiones internas a raíz de la reforma arancelaria de Joseph Chamberlain. No pudo controlar la Cámara de los Lores y eso produjo un cambio constitucional contrario a los intereses de los conservadores, a través de la Parliament Act de 1911, y que marcó el predominio de los Comunes al terminar con el derecho de los Lores vetar proyectos de ley, estableciendo que podría retrasarlos por un máximo de dos años, aunque la Parliament Act de 1949 lo redujo a un año.

Esta crisis conservadora pudo ser superada. Posteriormente, Baldwin consiguió que el Partido Conservador dominara el período de entreguerras, aunque en esta época hubiera dos ejecutivos laboristas, provocando, además, la crisis final del liberalismo.

Uno de los factores que explican este dominio conservador, además de la crisis del Partido Liberal y de que aún los laboristas no fueran muy fuertes, a pesar de su enorme progresión electoral del momento, tiene que ver con ese pragmatismo conservador, y que en este momento se pudo ver en su excelente organización. Los conservadores apostaron por influir en la sociedad al ser conscientes de que los laboristas estaban progresando al representar los intereses de las clases populares. En este sentido, es importante destacar la creación de la Liga Primrose en 1883 con el fin de difundir el conservadurismo entre el público británico, a la conquista del electorado, cada vez más amplio por las reformas electorales que se habían realizado en la época victoriana. Esta política fue ampliada con la creación de otras asociaciones y organizaciones, convertidas en puntos de reunión social, y que se potenciaron, precisamente en esta época en la que se reconoció el sufragio femenino, al que había que conquistar.

Por su parte, Chamberlain, en otro ejercicio de pragmatismo, desarrolló una política exterior de apaciguamiento frente a las pretensiones nazis, porque era consciente del coste económico y humano de un conflicto armado de envergadura, habida cuenta de la experiencia en la Gran Guerra. Pero esta política no tuvo sus frutos porque la guerra estalló y la imagen del Partido Conservador sufrió, costándole mucho a Churchill rehabilitarla. Pero su especial empeño y su determinación frente al enemigo le generaron una enorme popularidad, pero que terminó provocando un espejismo en él y en su Partido porque al terminar la guerra ambos fueron claramente derrotados por el laborismo porque los británicos en tiempos de paz querían políticas sociales después de tanto sufrimiento, y el Partido Laborista ofrecía la construcción del estado del bienestar.

Pero los conservadores tomaron nota y se adaptaron, de nuevo, a los tiempos nuevos en los que predominaban las tesis keynesianas y la intervención del Estado en la economía con nacionalizaciones incluidas. Así, Churchill regresó al poder en 1951 adoptando un programa económico y social inédito para el conservadurismo y que puede ser calificado de hasta oportunista al adoptar muchas políticas propiamente laboristas, prometiendo acabar con el racionamiento y la necesidad de construir viviendas sociales.

El conservadurismo patinó en la crisis de Suez en 1956 con Eden, y que permitió comprobar que el Reino Unido ya no era una potencia de primerísimo orden, y que se encontraba detrás de los Estados Unidos y la Unión Soviética. Pues, otra vez, los conservadores aprendieron la lección y MacMillan emprendió una política de descolonización en África. Así en 1964 cuando regresaron los laboristas al poder se había terminado un proceso sin grandes tensiones si lo comparamos con las enormes tensiones, con guerras incluidas, de las descolonizaciones de las colonias francesas. Los conservadores, guardianes del Imperio, lo liquidaron, sin grandes dramas.

Cuando el conservadurismo recuperó el poder a principios de los años setenta se puso al frente del gobierno Heath, un convencido europeísta, que metió a su país en la CEE. El tradicional aislacionismo británico, bien impregnado de patriotismo, fue superado por otro ejercicio pragmático de los conservadores, para favorecer la economía.

El sucesor de Heath fue Thatcher, un personaje clave en la transformación del conservadurismo británico desde fines de los años setenta hasta el inicio de los noventa. No procedía de la élite política conservadora, sino de la clase media, y desbarató muchos de los prejuicios clasistas del Partido, además de romper con principios conservadores económicos y sociales bien arraigados en el Partido y en las clases altas británicas. Thatcher se lanzó al neoliberalismo más evidente, provocando que, por ejemplo, la Iglesia de Inglaterra llegara a enfrentarse con ella. Su Administración no se basaría, además, en las tradicionales relaciones de poder y clientelares, sino en la afinidad con su figura y sus políticas.

Pues bien, si este personaje y su influencia evidente en los ochenta supusieron otro ejercicio de pragmatismo del conservadurismo, presentando una imagen distinta del mismo, permitiendo que venciera electoralmente hasta tres veces, su caída fue un nuevo ejercicio de pragmatismo. El propio Partido se deshizo de ella al ser consciente de que en la nueva década de los noventa la figura de Thatcher ya no conseguiría vencer. Así optaron por un sustituto más amable, con un perfil más conciliador, Major, consiguiendo mantener el poder en la primera mitad de la década. Major, además, trabajó por mantener el orden en el Partido porque la llegada de Thatcher había trastocado los equilibrios internos, al meter en el Partido a una nueva generación de jóvenes neoliberales que chocaban con los viejos conservadores. Además, con Thatcher se inició un largo proceso de desencuentros con la CEE, y que, terminaría de estallar posteriormente con el Brexit. En realidad, Thatcher fracasó en el tradicional equilibrio entre patriotismo y pragmatismo en este tema, y que habían cimentado figuras como Churchill o Heath.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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