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EL PERIÓDICO
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Amós Acero y el trabajador agrícola ante las elecciones municipales de 1920


Amós Acero fue un intenso socialista, como hemos podido comprobar en estas mismas páginas de El Obrero, maestro y fundamental alcalde del Vallecas republicanos, demostrando una gran entereza en la hora de la muerte, ejecutado por la dictadura. En este trabajo estudiamos su llamamiento electoral (“¡Bajemos al agro!”) para las elecciones municipales del 8 de febrero de 1920. No dejaremos de insistir en la importancia que los socialistas siempre dieron a los Ayuntamientos como instituciones donde cambiar las cosas de forma más inmediata y concreta en favor de las clases populares. Acero apostaba porque el Partido Socialista se volcase más en la España rural.

Amós Acero expresaba que la propaganda y la lucha de los socialistas se estaba centrando en las grandes ciudades. Parecía como si toda la fuerza del país se concentrase en esas urbes. Pero eso era, a juicio del maestro, un gravísimo error. La propaganda electoral socialista no debía ceñirse nunca al circuito de los grandes centros urbanos, y mucho menos en las elecciones municipales.

Había que priorizar el trabajo con los trabajadores agrícolas, no menos importantes que los obreros de la ciudad. Y la razón residía en que todos los problemas de la política española, todos sus defectos y lacras procedían del caciquismo. Por otro lado, aunque no lo expresara, no olvidemos que la España rural seguía en esos momentos más poblada que la urbana.

Este fenómeno del caciquismo, explicaba Acero, no había nacido en las ciudades, sino que su crecimiento se había producido en las aldeas, para luego pasar al mundo urbano, llegando a la propia capital del Estado. El “burgués aldeano”, siempre en palabras de nuestro autor, “tosco, torpe y grosero”, había convertido el sufragio en “vil y afrentosa pantomima”.

Los trabajadores de la tierra, ignorando el valor e importancia del voto, iban a las urnas como un “rebaño de corderos”, en una especie de ofrenda donde se sacrificaba su ciudadanía en aras de un “mal entendido agradecimiento” o por temor a represalias. Acero explicaba, como vemos, la actuación del caciquismo en la España rural.

Ese caciquismo se basaba en el uso de la ignorancia. Y, por eso, se justificaba el trabajo que tenían que realizar los socialistas en las pequeñas aldeas. Era un deber “bajar al agro” para despertar las conciencias, para explicar la importancia que tenía su voto para la clase trabajadora, y con el fin de demostrar a los obreros campesinos cuál era su papel, y como ese caciquismo era responsable de su situación. El pan de sus hijos, “la honra de sus hogares, la libertad de sus conciencias y la luz de sus entendimientos, todo en peligro y a merced del cacique” se hallaba. Había que explicarles cómo sus hijos terminarían abandonando la aldea para empuñar un fusil y morir en una trinchera (la guerra de Marruecos), mientras que los hijos de los “amos”, se librarían del servicio militar, precisamente gracias a los mecanismos del caciquismo. Había que explicarles, en fin, que la “inconsciencia ciudadana” en la que vegetaban era causa de los sufrimientos del país y de la tardanza en la consecución de las reivindicaciones sociales.

En este llamamiento, Amós Acero estaba aunado su vocación pedagógica con la política, realizando un ejercicio de fomento de la conciencia de clase, y de la rebeldía frente a lo injusto, perjudicial y caduco. Y había que demostrar que el pueblo sólo podía estar representado por compañeros que compartían las necesidades y el trabajo. En este sentido, Acero llegaba a afirmar que “nuestra clase sólo por nuestra clase puede ser atendida”, en un claro ejemplo del concepto socialista de la emancipación de la clase obrera por sí misma, uno los objetivos evidentes del socialismo español, aunque más propio de las primeras décadas de existencia del PSOE, cuando había que competir con los partidos republicanos progresistas. En todo caso, siempre siguió siendo un leit motiv de la propaganda socialista el intentar convencer a los trabajadores que no podían esperar nada de partidos que no fueran obreros, socialistas.

Hemos trabajado con el número 3429 de El Socialista, de 7 de febrero de 1920. Sobre Acero podemos acudir a la Hemeroteca de El Obrero.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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