A los problemas con el duque de d’Enghien, se unió el descubrimiento en París, en marzo de 1804, de otra conspiración realista dirigida por el bretón Georges Cadoudal. Arrestado el 9 de marzo, reconoció haber sido el inspirador del atentado (de cual ya hablamos) contra la vida de Bonaparte de la noche de Navidad. Tras juzgarlo y condenarlo, fue guillotinado el 25 de junio, junto con 11 de sus hombres.
Todo ello determinó la detención en su hogar de Baden del duque d’Enghien (no pudo encontrase a Dumouriez) el 14 de marzo por un destacamento de dragones enviado por Napoleón. El príncipe fue trasladado a Estrasburgo y luego a París, donde fue fusilado tras un consejo sumarísimo. El episodio causo conmoción en toda Europa, no solo por la muerte del duque, sino también por el desprecio por el Derecho de Gentes que había demostrado Napoleón, al ir a buscarlo fuera de las fronteras de Francia. Este es uno de los puntos más controvertidos, de la biografía de Talleyrand, que ha dado para libros enteros. Ya en Santa Elena, Napoleón nunca negó su responsabilidad en la muerte del “arcángel” de los realistas. Volvió a afirmarlo en su último testamento y, añadió: “En parecidas circunstancias, volvería a hacerlo”.
Talleyrand le había dado a conocer la presencia del duque d’Enghien cerca de sus fronteras y, le había aconsejado hacerlo detener y, lo había empujado a ordenar su ejecución. “Es preciso que el duque d’Enghien sea fusilado antes del alba”, le habría dicho. Con ello, Bonaparte no se desprende de su responsabilidad. Al margen del libro de Fleury de Chaboulon, sobre los Cien Días, Napoleón anota: “Talleyrand se comportó como un fiel ministro”. Y Talleyrand hace como siempre: no dice nada. Mme de Rémusat defiende a su amigo, aunque en términos poco convincentes: “El conocido carácter de M, de Talleyrand no admite en modo alguno esta violencia”. Muy pronto empezó a circular la famosa frase referida al trágico episodio: “Es peor que un crimen: es un error”, que unos atribuyen a Fouché y otros a Talleyrand. Ninguno de los dos la dejó por escrito. Y quizá no fuera ninguno de ellos.
Por otro lado, el famoso historiador Waresquiel nos recuerda que el “curita” Talleyrand no fue siempre un moderado. Cuando su interés se impone, no le importa ponerse del lado de los violento”. Justificó lo ocurrido el 10 de agosto de 1792 (el asalto del palacio de las Tullerías por los insurgentes, miembros de las secciones parisinas y de los sans-culottes de París, junto con las tropas “federadas”) y estuvo implicado en dos golpes de Estado (de fructidor y brumario).
Pues eso.
(Continuará)





