Sidorio Pintado Arroyo (1886-1939) fue maestro y pedagogo, además de desarrollar un intensísimo compromiso a favor de la escuela pública, ser miembro de la UGT y de la Agrupación Socialista Madrileña desde 1922, aunque terminaría recalando en el Partido Republicano Radical Socialista. Al terminar la contienda fue fusilado.
Pues bien, en abril de 1924 publicó un intenso artículo sobre la enseñanza pública y las derechas, especialmente en relación con la enseñanza que impartían las órdenes religiosas, a cuenta de lo que habría escuchado en un Congreso Pedagógico de aquel momento.
Para Arroyo allí parecía que se había desarrollado una campaña en contra de la “cultura pública y del profesorado oficial” por parte de las derechas españolas.
Las mismas se habían adueñado de un derecho que nadie les había concedido, es decir, el de organizar escuelas privadas y confesionales frente a las del Estado. Ese derecho incluía no sólo la fundación de establecimientos de enseñanza, sino el de plantear sus propios regímenes interiores y sus planes de estudios e inspección.
Para las derechas las distintas Administraciones no tendrían derecho a organizar otra escuela que no fuera la suya. Si obrasen de buena fe, añadía, no organizarían establecimientos privados para competir con los oficiales o renunciarían a las subvenciones que recibían del Estado.
Su ideal era servirse de la escuela para sus propios fines. Buscaban oponerse a la transformación en sentido progresivo de la escuela española. Impedían el avance de la cultura, atrayendo a la juventud española y ocasionando un grave daño al país.
La mayor parte de las órdenes religiosas que se dedicaban a la enseñanza, y siempre según su opinión, en realidad no estaban autorizadas para ello, como las que explotaban industrias, ni por el derecho canónico ni por la ley civil.
Explotaban la escuela como una industria en perjuicio del magisterio público y privado.
Afirmaba que la opinión pública había llegado a preocuparse de la influencia que las órdenes tenían en los asaltos que perpetraban al presupuesto de educación.
Por eso se estaría hablando en esos días de crear la Liga de la Enseñanza, siguiendo el ejemplo francés.
Todo un encendido alegato contra la educación promovida por la Iglesia, como vemos.





