Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XIX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Tan pronto Burton y Speke vivaquearon en condiciones, Burton se apoderó de una embarcación de sólida hechura, construida evidentemente por un árabe. Era capaz de dar cabida a 35 hombres. Emprendieron un breve viaje de exploración por el lago Tanganika, aunque ambos hombres se hallaban demasiado agotados, para realizar una exploración a fondo. Luego se instalaron para pasar una temporada, que iba a resultar tan incómoda, como la marcha a través de la jungla. La humedad lo impregnaba todo. Los libros se pudrían, las anotaciones resultaban ilegibles, porque se corría la tinta, incluso después de secarse, en las páginas crecía el moho. Los especímenes botánicos arduamente recogidos se echaron a perder. “Al principio, el clima frío y húmedo de la región de los lagos, no nos acogió nada bien”, dice Burton al tiempo que calcula que la dieta a base de pescado era excesivamente grasa.
“Pasé 15 días tendido en el suelo, tan ciego que no podía leer ni escribir, salvo con largos descansos y, estaba demasiado débil para cabalgar, demasiado enfermo para conversar siquiera”, escribe Burton. Speke estaba aún peor. Los cocineros de Goa y los beluchistaníes, se hallaban seriamente enfermos. Los nativos – según nos dice Burton – estaban encabezados por un hombre llamado Kannena, “un jefe de muy mala disposición para con nosotros… un sujeto tiránico y, tal como solían ser los salvajes por el estilo, totalmente negado a razonar”.
A pesar de las enfermedades, “aún quedaba mucho por hacer”, escribió Burton, dispuesto a sobreponerse al letargo y a la postración a fuerza de voluntad. Le habían hablado de la existencia de un dhow que había al otro extremo del lago. Según le dijeron, era la única embarcación de considerable eslora que había en toda Tanganika, de modo que ordenó a Said ben Salim que se hiciera con ella, para poder explorar la zona norte del lago, ya que se decía que “del norte fluía hacia el norte un gran río”.
Burton, todavía muy debilitado, había decidido enviar a Speke, a solas, para que explorase el norte del lago Tanganika. Dejar a su albedrío a Speke, casi ciego y monolingüe, era un riesgo que por fuerza había que asumir. En este punto, al igual que tantos otros de los que habían de venir más adelante, existen dos versiones de lo que sucedido. Speke dice que Burton estaba tan enfermo, que ni siquiera se podía mover. Burton dice que ordenó a Speke que emprendiera ese crucero por el norte del lago. Sea como fuere, Speke, prácticamente ciego, emprendió el viaje en barca con 26 hombres, incluido Sidi Bombay y uno de los nativos de Goa, dos beluchistaníes y, el resto, nativos y remeros de los alrededores.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.