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László Almásy. Zarzura. V


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Después de hablar con los guías de caravanas, como adelantamos en el anterior escrito, László Almásy contorneó el Jilf Al Kabir por el norte con uno de los coches y, penetró por la desembocadura del wadi Abd El Melik, primero de los valles avistados, siguiendo las huellas de una antigua senda de camellos. Desde su interior, el 5 de mayo, acompañado por uno de sus sudaneses, trepó a la meseta, superando los 200 metros de altitud de un talud rocoso. Una vez arriba, continuaron hacia el este y, 5 km antes de llegar al borde occidental del Jilf, divisaron un amplio valle a sus pies… ¡allí estaba el wadi Tahl! El tercero de los mencionados por Wilkinson. Sin tiempo para descender a él, Almásy apreció que debía tener casi 2 km de anchura y, que numerosas acacias se esparcían sobre su fondo, al menos en una extensión de 4 km de longitud. Antes de emprender el regreso al campamento, aún pudo contemplar, no sin cierta excitación, el vuelo de un pequeño pájaro, especie de estornino, al que los beduinos llamaban “zarzur” … ¿Se trataba de un presagio?

Días más tarde, coincidieron con una expedición italiana, cuyo “kabir” no era otro que Ibrahim, el tibbu de Kufra. Allí, en la calidez de las veladas nocturnas del desierto, el hielo terminó de fundirse y, las recientes experiencias de Almásy, acabaron con la natural suspicacia de su informante que, en esta ocasión, se mostró mucho más explícito. En contra de lo sostenido anteriormente, Ibrahim admitió haber estado, varias veces, en los valles del Jilf. A la pregunta, por parte de Almásy, de su había oído alguna vez la palabra Zarzura, el “kabir” respondió afirmativamente, explicando que se trataba de un tipo de pájaro, que habitaba en los valles susodichos. Luego le confió una información, bastante más valiosa. “Hamra” significaba “rojo” (el color de las paredes de este valle). “Tahl” reproducía el nombre de las acacias “tahla”, frecuentes en aquel otro wadi. Pero Abd El Melik, se refería a un anciano beduino, que había vivido allí con su rebaño durante años, cuando aquel lugar aún no llevaba su nombre actual.

¿Quién era ese hombre? ¿Estaba vivo todavía? En tal caso ¿Dónde encontrarlo? Almásy concluyó su segunda expedición al Jilf, barruntando la idea de que la solución, al enigma de Zarzura, cualquiera que fuese, pasaba por reconstruir la historia de aquel beduino misterioso Abd El Melik.

La tercera expedición de Almásy al Jilf al Kabir, fue la que casi le cuesta la vida. El 21 de marzo d 1934, acampaba de nuevo en el wadi Sura, junto al borde occidental de la poderosa meseta. Estaba decidido a recorrer el wadi Tahl y, completar la cartografía de los valles de Wilkinson. Sus compañeros eran en esta ocasión, Hansjoachim von der Esch, ingeniero topógrafo alemán; el italiano Parola, comandante del puesto situado en Ain Dua, que se unió a von der Esch, para facilitarle el trabajo, en la zona ocupada por su ejército; un tal Hasan Sobchi, corresponsal de un diario árabe; el cocinero Mahmoud, antiguo servidor del príncipe Kemal El Din; y los conductores de los dos vehículos Ford, Sabir y Selim, sus fieles sudaneses.

A todo ellos se sumaba un invitado especial. Se trataba del alpinista suizo Heller, en quien el explorador húngaro confiaba, para resolver problemas técnicos, que eventualmente se presentaran, al escalar la meseta. Y, fue precisamente la aventura que corrió Heller, la que estuvo a punto de acabar en tragedia. Terminada la tarea, en el brazo principal del wadi Abd El Melik, Almásy se propuso acometer el levantamiento topográfico, de algunos de sus ramales. El día señalado, al amanecer, se introdujeron en la hondonada oriental del valle, con Sabir al volante. Al cabo de 35 km, los numerosos guijarros de gran tamaño, impidieron el paso del vehículo. Entonces comenzaron a andar, hasta que el cañón que seguían quedó obstruido. Heller puso manos a la obra y, atacó los 80m del muro de roca, escalándolos con pasmosa elegancia. Una vez arriba, lanzó la cuerda, para atar los instrumentos, las provisiones, el agua y un arma. Luego le tocó el turno a Almásy, que superó la pared, con más facilidad, de la que él mismo se esperaba.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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