Cultura en la Barcelona gótica. II
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
A principios del siglo XIV nació el primer Estudio General o Universidad, aunque en realidad era una escuela de artes que funcionó durante unos años mientras estuvo interrumpida la actividad docente en la Universidad de Lleida. El Estudio coordinaba las escuelas que ya existían, e impartía las siete artes liberales y más tarde Derecho y Medicina, algo que terminaría generando un conflicto competencial cuando la Universidad de Lérida reinició sus actividades, reclamando su exclusividad. Pero la pujanza de las escuelas barcelonesas y del
Estudio se puede confirmar porque en la ciudad hubo muchos estudiantes durante todo el siglo XIV. Prueba de ello fue el hecho de que las autoridades municipales estuvieron muy preocupadas por controlarlos durante las fiestas de Carnaval del año 1333 porque eran muy dados a la fiesta y ciertos descontroles.
Pedro el Ceremonioso intentó crear un Estudio completo pero la ciudad demostró muchos recelos, no tanto con la idea o el proyecto sino con la forma que tenía de gobernar el rey, ya que se consideraba que era muy autoritario. Así pues, siguió el primer Estudio que financiaba el municipio.
El rey Martín, el hijo de Pedro, desarrolló una intensa preocupación educativa y propuso la creación de un Estudio General (Estudi General de total facultat), pero no consiguió sacar adelante su proyecto. A lo sumo pudo poner en marcha el Estudio de Medicina, con las mismas prerrogativas que el que existía en Montpellier, completado al poco tiempo con el Estudio de las Artes.
Pero la ciudad de Barcelona consideró en el nuevo siglo la conveniencia de contar con una Universidad como un medio para intentar superar la crisis. Así pues, solicitó al rey Alfonso el Magnánimo que se pusiera en marcha, y así lo consiguió con una correspondiente bula papal, pero con la condición de que la Universidad dependería de la ciudad y no del monarca. Pero el problema vino de nuevo de Lleida que se negó a que hubiera una Universidad en Barcelona. Se planteó una alternativa a través de la unión de las escuelas existentes bajo la autoridad del canciller del Estudio de Medicina y Artes en el año 1488, pero esta especie de Universidad propia no consiguió el apoyo oficial hasta los tiempos del emperador Carlos en el año 1533.
Entre los siglos XIV y XV se desarrolló plenamente la literatura catalana. En este sentido, en la corte provenzal de Toulouse se instituyeron en 1323 los Juegos Florales para premiar a los cultivadores del género de la poesía, en este caso, en lengua provenzal. Se inspiraban en unas fiestas que se celebraban en la antigua Roma en honor a la diosa Flora. En los juegos medievales se ofrecía una “violeta de final oro” como premio a la mejor composición y otros premios honoríficos florales, que es lo que dio el nombre a estos certámenes. En los de Toulouse, y que se celebraron hasta 1484, asistieron muchos trovadores y poetas catalanes. Pues bien, en 1393 y por iniciativa del rey Juan I los Juegos Florales se instituyeron en Barcelona. El acto de entrega de los premios se daba en el salón del Consell de Cent.
En torno a la corte barcelonesa surgiría el primer humanismo catalán. En este ámbito estaría Bernat Metge (1346-1413), hijo de un boticario y secretario de la ciudad. Escribió Lo Somni (El sueño). En la obra explica cómo, estando en prisión, se le aparece en sueños el rey Juan I, que acababa de fallecer. La obra está escrita en prosa, dividida en cuatro libros, y emplea el género clásico del diálogo, entre Metge, el rey y otros personajes que van apareciendo, con el fin de introducir distintos conceptos filosóficos. Es importante destacar que el hecho de que la obra esté escrita en primera persona convierte a su autor seguramente en el primer literato catalán en emplear la escritura como un recurso de prestigio.
También habría que citar a poetas y escritores que pertenecieron a destacadas familias, como Saall, Malla, Llull, Gualbes, o Boscà. Por su parte, destacó Gabriel Turell con Record (1476), una obra que no se conoció hasta el año 1893, o Jeroni Pau, con Barcino en 1491, y el archivero real Pere-Miquel Carbonell, que escribió Cròniques d’Espanya. Curiosamente, estas obras tendrían un carácter más medieval que renacentista, seguramente porque ya no estaba la corte en Barcelona, una ciudad que había sufrido mucho por la guerra civil y que inició un período de ensimismamiento.
En relación con la cultura, Barcelona vivió un evidente desarrollo en la elaboración de instrumentos musicales. Importante fue la construcción de órganos grandes, medianos y portantes que se empleaban para la música sacra en las numerosas iglesias de la ciudad, pero también para la música profana en palacios y residencias importantes. Por fin, hubo una gran profusión de vihuelas, chirimías, tambores y flautas.
En la catedral y en las iglesias y conventos no sólo se interpretaban la música de órgano, sino que también se desarrolló de forma evidente la polifonía y el canto llano. La música estuvo muy presente también en los funerales y en las procesiones. En las calles barcelonesas siempre hubo música popular con oraciones de los ciegos, las canciones de las prostitutas, los vendedores y los niños.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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