Talleyrand. La legislativa echa andar. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El nuevo parlamento francés asumiría la ingrata labor de pilotar la nave revolucionaria a partir de los primeros meses de 1791. De un día para otro, Charles-Maurice se vio excluido de la política nacional y, pasó a formar parte del consejo del departamento del Sena, única puerta que le quedaba abierta. En consecuencia, dimitió de su episcopado de Autun, ahora convertido en obispado “de Saône-et-Loire”. La obligación de residencia que la Constitución civil del clero le imponía, no le permitía compatibilizar sus funciones anteriores, con la administración del departamento del Sena y, actuó como cualquier funcionario y no como imponía el código canónico. Para Roma, que nunca aceptó la Constitución votada por la Asamblea, seguía siendo obispo de Autun y, siguió siendo obispo toda la vida como se vio en 1802 con ocasión de su forzado matrimonio con Mme Grand. Apenas faltaban cuatro meses para que Roma lo excomulgara (abril de 1791) de modo que debía considerarse, a todos los efectos un ciudadano laico libre de toda obligación frente a los católicos. Mientras tanto, su tío y protector, el bondadoso arzobispo de Reims, ya había puesto pies en polvorosa y, abandonado el país al igual que los hermanos del rey.
A la vista de lo que estaba ocurriendo, la aristocracia y el alto clero, privados de sus títulos, empezaban a emigrar a centenares, mientras que él permanecía en Francia, en parte por la presencia en París de Adélaïde y su hijo Charles. No contribuyó a apaciguar la situación la prematura muerte de Mirabeau, ocurrida en abril. A pesar de sus diferencias, la desaparición del que, por méritos propios, era visto como el gran tribuno del pueblo y de la Revolución, no favoreció en absoluto la posición de Charles-Maurice y de los que pensaban como él: nos referimos a los aproximadamente 400 diputados del “centro”, conocidos como la plaine o el Marais, denominaciones que tienen su origen en el lugar que sus miembros ocupaban en la Salle du Manège del Palacio de las Tullerías, por oposición al más elevado en que se sentaban los diputados radicales del llamado grupo de la Montagne. Se les llamaba despectivamente los “crapauds du Marais” (o sea los “sapos del pantano”).
Surgidos en su mayoría de la burguesía liberal y republicana, los de “la llanura” respaldaban las conquistas políticas de 1789 y la obra revolucionaria y, deseaban la unión de todos los republicanos bajo su ideario. Sin embargo, una serie de revelaciones inesperadas y, la labor de los espías del bando jacobino demostró hasta qué punto el pretendido radical Mirabeau había estado colaborando con la realeza (y cobrando por ello).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.