Talleyrand. La legislativa echa andar. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El discurso de Talleyrand ante la Asamblea, acabó con una súplica, que no tenía nada de hipócrita, pues reflejaba perfectamente el estado de ánimo y los temores del orador:
“No deshonréis un hermoso acontecimiento que los anales del mundo recogerán atribuyéndolo a vosotros. ¿Qué podemos temer? Nada, no, nada salvo una oscura impaciencia. Habéis soportado tantos siglos de despotismo: esperad un poco más. Vuestra libertad bien merece un poco de paciencia”.
La advertencia revela que Talleyrand tenía plena consciencia de que el desorden se había apoderado de las provincias y, nadie parecía capaz de controlarlo: fuera de París la Revolución estaba descarrilando. El rey merecía que lo dejaran en paz: el objetivo del obispo de Autun seguía siendo el de una monarquía constitucional, aunque cada día que pasaba se planteaban nuevas dudas sobre como alcanzar la meta querida. Sea como fuere, el bonvivant que habitaba el cuerpo del, abbé de Périgord no tenía vocación de mártir y, estaba firmemente decidido a anteponer su bienestar personal por encima de todo. En su conciencia, si la tenía, no podía sentirse culpable por el resultado de siete siglos de historia. Si muchísimos franceses habían enloquecido, que cargaran ellos con las consecuencias de sus propios errores, pero muchísimos franceses no eran Francia. En el fondo, él se identificaba con la Francia civilizada de la douceur de vivre: por lo tanto, sólo salvándose a sí mismo lograría salvar su Francia. El discurso fue enviado a todas las parroquias del país para que los párrocos lo leyeran a sus feligreses tras el sermón dominical.
Las circunstancias habían convertido la Asamblea Legislativa que había venido a sustituir a la Constituyente en una olla de grillos: los jacobinos representaban la izquierda radical con el apoyo de las capas pobres urbana y rural, mientras que los girondinos, conocidos en ésta como brissotins o rolandistes, el “término medio”, le juste milieu, liberal y moderado. De todos modos, los girondinos estaban a favor de la guerra contra aquellos que, en Europa, fomentaban la resistencia a las leyes revolucionarias, o no mantenían su neutralidad frente a los emigrantes. Talleyrand se inclinaba por los girondinos, pero procuraba no indisponerse con los jacobinos, aunque no se identificaba con ninguno de los dos “partidos” por llamarlos de algún modo. Un historiador inglés del siglo XIX definió sagazmente al obispo de Autun como “el aristócrata liberal condenado a ser víctima de su propia filosofía” (H. Lytton Bulwer).
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.