Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XVI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La mañana del 31 el barco de Burton entró en la ensenada de Zaila. Enseguida tuvieron noticias, mediante los medios de otra tripulación, de que el camino que Burton se proponía seguir hasta Harar estaba cerrado. Habían estallado disturbios entre las fuerzas del gobernador de Zaila, al-Haji Sharmakay bin Ali Salih y, las del amïr de Harar, debido a los beneficios del muy lucrativo comercio de esclavos.
Burton y sus criados dejaron al puerto y se vistieron con ropas limpias. La ciudad, un importante centro de exportación, estaba entonces controlada por los turcos, que gobernaban a través de Sharmakay. Burton ya le había conocido en Adén y, se habían hecho buenos amigos, aunque para salvaguardar su disfraz, los dos hubieron de fingir que no se conocían. Sharmakay, “era un hombre harto notable”, ciego de un ojo, y, blanquecino el otro por la edad, “con un pie en la tumba y no medita en otra cosa que en la conquista de Harar y Bérbera”, conquistas que le convertirían en dueño y señor del litoral y, que ampliarían su poder hasta Abisinia.
Tras su breve encuentro con el gobernador, Burton fue conducido a la casa en la que había de residir durante las semanas siguientes y, se le dejó a solas: “Los familiares sonidos de Al-islam regresaron de mi memoria a presente. De nuevo, las melodiosas salmodias del almuédano – y no hay campana que pueda comparársele en solemnidad y belleza – desde la vecina mezquita, el Amin (amén) entonada a voz en cuello y, el Allahu Akhbar (Dios es grande) – muy superior a cualquier órgano – resonaron en mis tímpanos”.
A continuación, siguieron, lo que Burton califica en Primeros pasos de “25 día tranquilos, iguales unos a otros, sin el menor interés, durante los cuales se dedicó a ultimar, todos los tediosos preparativos y preliminares de un viaje por África. Sin embargo, era ya un árabe tan hasta el tuétano, que no pudieron hastiarle los interminables preparativos de conformar una caravana. Al rayar el alba se levantaba y cumplía con sus devociones en la terraza. Sin embargo, durante este tiempo, parece haberse dedicado con intensidad, a flirtear con dos jóvenes hermanas sólo por parte de padre, una hindú, con “la piel de color chocolate, largo el cabello”, que llamó la atención de Burton “cuando se peinaba, bailaba, cantaba o, cuando azotaba a las esclavas” y la otra abisinia, con el rostro profundamente tatuado, con un intensa línea pintada, desde la frente hasta la punta de la nariz; entre las cejas llevaba tatuada una flor de lis, así como lunares por todo el rostro. A Burton le gustó la abisinia y “bien pronto empezamos a tratarnos”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.