Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XXI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
“Pero… ¡expirara a causa de un cólico innoble!” escribió. “Ni siquiera pude pensar en tal desenlace”. Cuando su férrea voluntad hubo derrotado el cólico, Burton intentó negociar con el gerard. Y entonces aparecieron cinco desconocidos, dos hararies y tres somalíes, que informaron al gerard de que Burton no era ni mucho menos un pacífico mercader árabe, sino un espía y, que estaban decididos a llevarlo prisionero a Harar, solicitud a la que el gerard se negó, ya que Burton era su invitado. Este incidente llevó a Burton a proclamar abiertamente, que era de hecho un oficial inglés. Los cinco desconocidos se marcharon y, al día siguiente, Burton se encontró con la fuerza necesaria para emprender la marcha hacia Harar.
A pesar de sus continuas manifestaciones de valentía, Burton era plenamente consciente de que probablemente le aguardase una muerte segura, una muerte además muy dolorosa. Sin embargo, estaba decidido a conquistar Harar. Recortó su equipaje al mínimo. Y su escolta contaba tan sólo de Gulad El Largo y del Hammal, aparte de tres hombres del gerard, uno de ellos el propio hijo del príncipe.
Por fin tras unos doce días de travesía: “A unas 30 millas de distancia, separada por varios valles azulados, se encontraba una mancha oscura sobre una hoja leonada de matojos: Harar”.
Tras una tarde de cabalgar por entre los bosques y los angostos desfiladeros. Burton se refugió en una aldea de la tribu migdan, cuyas gentes les ofrecieron su hospitalidad. Sin embargo, su reposo, pronto lo echó perder la llegada de los dos hararies, que habían encontrado previamente, los mismos que quisieron llevárselos prisioneros. Se ofrecieron para escoltar a Burton hasta Harar y este les contestó que podrían hacerlo así a la mañana siguiente – era el 3 de enero y partieron de amanecida, rápidamente, solo con sus armas y unos regalos para el amïr. Se hallaba ya en las inmediaciones de la ciudad y, de pronto, la vio a escasos millas de distancia. “El espectáculo, en términos materiales, fue una tremenda decepción”. Harar era “una larga y sombría línea en pasmoso contraste con las aldeas encaladas de este… cualquier hombre habría lamentado haber expuesto tres vidas, para obtener tan pálido premio”. Pero escribe Burton:
“Pero enseguida me alentó el recuerdo de que, si bien muchos lo habían intentado, nadie había logrado atravesar el pétreo obstáculo. Cualquier viajero impenitente, querido L. (se dirige a Lumsden) comprenderá el júbilo que me embargó, pese a las miradas de asombro que intercambiaron mis dos compañeros”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.