Capitán Richard F. Burton. Harar, Ciudad Prohibida. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como ya avanzamos el ataque de Francis Palgrave contra Burton fue despiadado, pero la respuesta de Burton no lo fue menos, pecando ambos tal vez de injustos. Burton señaló que Palgrave, protestante de nacimiento y de ascendencia judía, era como si “Satán predicase contra el pecado”. Ahora bien, el fondo de la cuestión, era que Palgrave se había mofado del islam. A lo que Burton respondió lo siguiente: “¿Qué puede haber, me pregunto, en la peregrinación islámica, que tan ofensivo resulte a los cristianos? ¿Qué es lo que se convierte en objeto de “ridiculización interior”? ¿Acaso no veneran los musulmanes a Abraham, el Padre de los Fieles?... Lo cierto es que el islam con todos sus dogmas capitales, se acerca muchísimo más a la fe de Jesucristo, que las modificaciones de Paulino y Atenasio que, hasta nuestra fecha, han dividido la mentalidad indoeuropea, entre el catolicismo y las iglesias griega y rusa, luterana y anglicana… El musulmán seguramente es más tolerante, más ilustrado, más caritativo que muchas de las sociedades que se tiene por buenas cristianas”. Aunque retar a un hombre como Palgrave en 1865, era algo que no entraba en cabeza alguna. De hecho, hasta mucho después, no se demostró que buena parte de lo que había referido, de lo que había insistido en que era su experiencia personal, era en realidad conocimientos que había obtenido de segunda mano, de los propios beduinos, o que había leído en obra arábigas.
Durante la temporada que tardó Burton, en regresar primero al Cairo y después a Bombay, Isabel Arundell languidecía en Londres, sin tener compañía de interés, aparte de su diario: ¡cuan aburridos le parecían todos los jóvenes! Los sentimientos que vierte en su diario secreto, puede que no siempre sean profundos, pero en todo momento expresan emociones fuertes, directas, intensas y, un imperecedero amor por Richard. Asimismo, tiene una aguda percepción de la sociedad inglesa: “Siempre se da por sentado que el “hombre sensato y correcto”, es un sujeto adinerado, grueso, suave, que reside en su hacienda, mientras que su esposa como mucho, será lectora de Almack (uno de los primeros clubes en Londres, que daba la bienvenida a hombres y mujeres a la vez) ... Yo no podría vivir como un vegetal en el campo, con un buen marido algo entrado en carnes (¡como detesto a los hombres gruesos!) de enorme estómago y sombrero de ala ancha. ¡Dios me asista! Un pan reseco, privaciones, dolores por el que amo serían infinitamente mejores. Que me sea dado desposarme con un marido de mi elección, con el cual pueda batallar y, al cual pueda cuidar en su tienda de campaña, así como seguirle bajo el fuego de diez mil mosquetes”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.