Talleyrand. El nepotismo eclesiástico. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
También en sus memorias nos in forma Talleyrand por extenso, de una aventurilla picante, de sus tiempos de seminarista, que parece extraída de una novelita de Marivaux o del abbé Prévost. Su protagonista, Dorotea Dorinville, era una actriz de reparto de la Comedia Francesa, Luzy de nombre artístico, a la que conoció saliendo de misa en un día de lluvia. El joven ofreció su paraguas y acompañarla a casa. Ne me permettrez-vous pas, ma belle demoiselle…?, nos parece escucharle cantando esas palabras de Fausto a Margarita en la ópera de Gounod. Y Luzy accedió.
Bonita e inocente, aunque era mayor que él, debió de sentirse muy halagada por la compañía de aquel elegante seminarista de hábito bien planchado, que la acompañaba a diario a casa. Nos los imaginamos paseando cogidos de la mano por l’allée des Philosophes, frecuentada por Rousseau en 1741 y, la llamada promenade des Souspirs, refugio de enamorados furtivos. La historia duró dos años y, el memorialista nos cuenta que se sentían almas gemelas, porque ambos se habían visto, obligados por sus familias respectivas a seguir “vocaciones impuestas”, pues ni ella quería dedicarse al teatro, ni él al sacerdocio.
Es el primer amor que se le conoce. A partir de la consagración real, tomo conciencia de que un personaje como él, que se proponía llegar a ser un día importante (dentro o fuera de la Iglesia) no podía ni debía enredarse con gente de la farándula. Y se mostró fiel a su compromiso, pues entre la larga lista de mujeres que le adoraron no hallamos actrices, bailarinas ni cantantes. Aunque, como veremos, acabó contrayendo matrimonio con algo mucho peor: una cortesana gastada y necia (a mi no me lo parece tanto). Pero fueron órdenes de Napoleón.
Nos cuesta mucho maginar lo que pensaba Talleyrand de la sainte Ampoule y, de toda la ridícula parafernalia que la rodeaba, pero cuando el rey le dio, el 24 de septiembre del mismo año, la abadía de Saint-Remy de Reims, que disponía de un beneficio de 18.000 libras, es seguro que se puso muy contento. Tras haber vivido hasta entonces dependiendo de su familia y del seminario, sintió, como él mismo nos narra, “l’orgueilleux plaisir de tenir de lui seul toute son existence” y, califica de momento doux aquel en que recibió el primer pago. Hay que decir en su honor que lo primero que hizo con aquel dinero, fue saldar las deudas que sus padres mantenían todavía con el colegio de Harcourt.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.