Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Lo escrito hasta aquí, apoyándonos en la tradición oral de los nativos pascuenses, aunque terrible, era lo que se podía esperar. Nadie, por tanto, ni nativos ni visitantes, estaba mínimamente preparado para encajar, sin sobresaltos, lo que sucedió a continuación, cuando los arqueólogos, a la vista de otros inicios, decidieron proseguir con la excavación de la fosa de Iko.
Y lo que se descubrió fue que los “hanau eepe”, no eran los constructores originales, de sus complicadas fortificaciones. Éstas habían sido diseñadas y edificadas por otros hombres, mucho tiempo antes de la hecatombe que precipitó el final de su estirpe. Es más: ni siquiera eran los primeros, en excavar la colosal trinchera, que no se componía de una sola zanja larga y rectilínea, sino de 26 de ellas, separadas unas de otras, por espacios de varios metros de tierra, que jamás fue rebajada. Cuando el jefe Iko, dio la orden de preparar la descomunal pira, el sistema de zanjas ya existía y, todas estaban llenas, por lo menos hasta la mitad, con la arena procedente de la erosión.
No era posible, en principio, averiguar la identidad de aquello pioneros indígenas, versados en los principios de la ingeniería militar, pero sí la época en que habían consumado su obre. El método de datación de los restos orgánicos, midiendo su contenido radioactivo, del isótopo carbono 14, el cual disminuye de año en año, en una proporción conocida, comenzó a usarse en 1949, sólo seis años antes, de la estancia de la expedición noruega en Pascua. Se trataba entonces de un procedimiento reciente, totalmente novedoso y, ya sabemos que el equipo de Heyerdahl, incorporaba a su trabajo de investigación arqueológica, las técnicas más modernas. Pues bien, la gran pira en la que ardieron los “hanau eepe”, respetaba el guion, con puntos y comas, confirmando los minuciosos cálculos del padre Englert, que propugnaba para el suceso, la fecha de 1680. Pero en lo tocante a los excavadores primerizos, de las zanjas en la base del Poike, los análisis radiocarbónicos, arrojaban cifras de una antigüedad abrumadora. Exactamente, el año 386 d.C. Esta fecha era la más antigua, que hasta entonces se había establecido, en toda la Polinesia, para cuya población más temprana, se barajaban cifras de 700 a, como mucho, 1.000 años antes de nuestros días.
La investigación arqueológica, acababa de hacer retroceder 12 siglos, la historia de los pascuenses. De la noche a la mañana, existía una prehistoria en Rapa Nui, de la que nadie podía dar noticia. Los nuevos datos no dejaban en entredicho, los advenimientos de Hotu Matua y, de la segunda inmigración. Simplemente ponían de manifiesto, una presencia humana anterior, ignota, refugiada en un arcaico ayer, una presencia de la que ningún mito, ninguna tradición, guardaba recuerdo ¿Quiénes eran estos primitivos abuelos pascuenses, fabulosamente remotos? ¿De dónde procedían? ¿Cómo habían arribado a Pascua? ¿Vivían aún en la isla, cuando Hotu Matua desembarcó con su gente? Y, en caso contrario ¿Qué les había sucedido? ¿Por qué habían desaparecido, tragados por la más impenetrable de las oscuridades?
Otra vez las mismas preguntas, siempre las mismas obsesionantes preguntas. Sólo que el tiempo, guardaba ahora las respuestas, mil años más adentro de su curvado seno.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.