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Los godos. El reino de Tolosa y Eurico. II


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Eurico comenzó su reinado, prodigando gestos de gran soberano. Envió de inmediato, embajadas a todos los reinos vecinos, anunciando su llegada como nuevo monarca: sus legados llegaron hasta Constantinopla, hasta la corte de los suevos en Hispania, y a la de los vándalos en África. León, entonces emperador romano de Oriente, le envió, a su vez, embajadores. Y también, el rey de los persas. Pero sus enemigos tampoco eran mancos, y pronto dibujan una coalición, que aunó a bretones, francos y burgundios, alimentados todos desde Roma. Por si faltaba poco, también los suevos se revolucionan en Hispania, y rompen el acuerdo con los visigodos. Eurico ve claro que si quiere imponerse, tendrá que demostrar que es más fuerte que sus vecinos. Y una de las primeras cosas que hace, es trasladar su capital (Tolosa), llevándola más hacia el oeste, a Air-sur-l’Adour, en el actual departamento francés de Las Landas, un lugar mucho más relevante, para controlar las rutas del oeste hacia Hispania y, sobre todo, alejada del peligro que supone la vecindad de los francos, burgundios y romanos.

Mientras tanto en Roma, Ricimero, después de su largo interregno, halla por fin al hombre idóneo, para ceñir la corona del Imperio de Occidente: se llama Antemio, y es originario del Imperio de Oriente. Corre abril del 467, y Antemio, Ricimero y León, señalan a los enemigos comunes: los visigodos de Eurico en la Galia, y los vándalos de Genserico en África. La primera gran operación, se dirige contra los vándalos: un fuerte dispositivo terrestre y naval, en el que Constantinopla pone los barcos. Pero la operación resultará un gran desastre.

Eurico debió ver con tanta satisfacción como inquietud, el fracaso de la ofensiva romana contra los vándalos. Satisfacción porque aquello dejaba patente la debilidad de Roma, e inquietud porque era evidente que, ahora, irían a por él. Los visigodos actúan con celeridad: en algún momento del 469, aniquilan a los bretones en Déols, en el centro de Francia. Entonces, el emperador Antemio, envía un ejército de romanos y burgundios contra Eurico: los mandan los generales Torisario, Everdingo y Hermiano, y les acompaña el propio hijo del emperador Antemiolo. Será el último ejército italiano que atraviese los Alpes. Los visigodos lo aplastan cerca de Arlés. Los tres generales romanos mueren, y también el hijo del emperador.

Para entonces Eurico, ya se había fijado un objetivo esencial: apoderarse de la Auvernia, en el centro-sur de la Galia. La clave era la ciudad de Clermont, en el centro de la Auvernia. Eurico tiene su propio hombre allí, el Duque Víctor, que establece un largo asedio sobre la ciudad. Clermont acabará cayendo en el 475. Al mismo tiempo, otras muchas cosas suceden, en torno al trono de Eurico. La primera, la insurrección sueva en Hispania. Los suevos de Remismundo, estaban ligados personalmente a Teodorico II, hermano de Eurico, de manera que el asesinato de este último, rompió cualquier lazo y, aún más, dio pie al rey suevo para desencadenar una ofensiva general. Entre 467 y 468, Remismundo saqueó Conímbriga y ocupó Lisboa. Pero por razones que ignoramos, Remismundo murió al año siguiente, y el reino de los suevos, se convierte en un banco de niebla, para los historiadores.

Es ya el año 472, cundo Eurico decide marcar territorio en Hispania. Primero marcha directamente contra el reino suevo, toma Astorga y destruye Coímbra. Después, en un paso más allá, toma el control directo de la Tarraconense, que era el último solar imperial en España. Sabemos el nombre del general, que dirigió la campaña: el conde Gauterico. Este Gauterico, ejecutó una perfecta operación de conquista de puntos fuertes: primero, Pamplona y Zaragoza, cabezas de las principales calzadas, hacia el sur peninsular; a continuación, dos años después, Tarragona, la gran capital de la Tarraconense, llave del litoral mediterráneo. Los generales que dirigieron las tropas godas en Tarraco, fueron Heldefredo y Vicente: un godo y un romano.

Pues eso.

(Continuará.)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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