Baruch Spinoza. Primeras críticas al TTP. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Hacia mediados de julio, en plena ocupación francesa, Spinoza recibe una invitación del general Luis Condé, jefe del destacamento de tropas de Utrecht, para que le haga una visita. Se sabe que hizo el viaje, aunque no llegó a verle, porque había tenido que ausentarse. Aparte de las lindezas literarias con las que Lucas adorna sus modales ante los cultos franceses, lo importante es que se le habría ofrecido una pensión de Luis XIV si se iba a vivir a Francia y, es evidente que no se fue.
Pero este hecho, unido a los dos precedentes de los que ya hemos escrito, no deja de suscitar en nosotros este comentario en forma de pregunta. ¿No serían algunas de estas gestiones exteriores – Italia, Alemania y Francia – promovidas desde la propia Holanda para alejarlo? Desde luego, no hay que olvidar que, en lo de Heidelberg, había estado de por medio un católico Urban Chevreau y en lo de Utrecht, Stouppe, ni uno ni otro simpatizantes de las ideas de Spinoza.
En todo caso, aquel año lo cierra Spinoza con unas letras a su “amigo” – de boquilla – J. Graevius, ya que este detestaba el TTP (“Tratado teológico-político”). Y más hubiera temido a otros si hubiera sabido que en el mundo eclesiástico ya comenzaban a tener noticias sobre su entorno – Stouppe, F van den Enden -, a través del Vicario Apostólico en Holanda, Johannes van Neercastel, que años más tarde se harían oficiales, aunque secretas, con la denuncia contra Spinoza por parte de Niels Stensen ante el Santo Oficio, el 4 de septiembre de 1677.
Como era de temer, al año siguiente las cosas van a peor para Spinoza y su entorno. En los meses de abril a junio, por iniciativa del mismo Guillermo III de Orange y, con el apoyo de altos funcionarios como Conraad van Beuningen, se organiza un complot contra Luis XIV, que incluye un desembarco holandés en Bretaña y una revuelta en Provenza. La conjura fracasa y, entre sus implicados, se incluye a su antiguo profesor de latín, F. van den Enden, a quien Leibniz había visitado en París. Como el verdugo se niega a decapitarle por no mancharse las manos con más sangre noble, dicen algunas crónicas con malévola ironía, es ahorcado en la Bastilla.
Entre tanto, los escritos contra el TTP iban en aumento. A lo largo de 1674 vieron la luz los de Johannes Musaeus, Jacob Batelier, W. van Bilijenbergh, Reinier van Mansvelt – sobre el cual ironizará Spinoza – y Frederik Spanheim, quien aprovecha para reavivar la vieja querella religiosa entre gomaristas y arminianos. El resultado más visible de esa acometida fue que el gobierno de Guillermo III de Orange prohibió oficialmente el TTP.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.