La Revolución francesa. Segunda Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Muchos nobles y eclesiásticos huyeron ante el establecimiento de las reformas. Hasta el propio rey lo intentó pero sin éxito. Aprobada la Constitución, se disolvió la Asamblea Constituyente y se celebraron elecciones, dando paso a la Asamblea Legislativa. Dentro de la Asamblea se conformaron los primeros grupos o partidos políticos franceses. Los monárquicos constitucionalistas eran partidarios de la Monarquía con una Constitución. Su máximo representante fue Lafayette. Los girondinos recibían su nombre del departamento de la Gironda de donde procedían muchos de sus diputados. En este grupo destacaron los profesores, abogados y periodistas, como Brissot, relacionados con la alta burguesía de negocios de los puertos atlánticos. Eran partidarios del establecimiento de una república moderada, de la defensa de la propiedad privada, de realizar la revolución por medio de la ley, desaprobaban el terror y se inclinaron más por la descentralización frente a París. Creían en el valor universal de las ideas revolucionarias, por lo que deseaban que la Revolución se expandiese por Europa, por lo que eran partidarios de la guerra que desencadenaron las potencias absolutistas. Muchos de sus líderes perderían la vida guillotinados en la época del Terror.
Los jacobinos debían su nombre por el convento de jacobinos donde se reunían. En un principio agrupaban a todos los grupos revolucionarios, pero liderados por Robespierre y Danton se convirtieron en los representantes de la burguesía radical y democrática, y de algunas de las capas populares. También, destacaron figuras como el periodista Marat, aunque más cercano a los demócratas, y el orador Saint-Just. A su izquierda destacaría Hébert. Eran partidarios del centralismo democrático desde París, cuyo ayuntamiento llegaron a controlar. No atacaban la propiedad privada pero sí defendían la limitación de la misma y de la libertad individual en aras del interés general, con intervención en la economía. Al contrario de los girondinos, eran contrarios a la guerra. Existía un sector más exaltado, los demócratas, con Carnot como principal protagonista. Defendían el sufragio universal y la asunción directa de la soberanía por el pueblo. Los grupos contaban con el apoyo de numerosos periódicos y de los clubes políticos, precedente de los partidos políticos, y que animaban el debate y la discusión política fuera de la cámara.
Es en este momento cuando surgieron los conceptos de “derecha” e “izquierda” en política. En la derecha estarían los monárquicos constitucionalistas y en la izquierda, girondinos y jacobinos. En la extrema izquierda podríamos situar a los demócratas. Por fin, habría un nutrido grupo de “centro”, de diputados que sin opción política definida basculan entre la derecha y la izquierda.
La Asamblea Legislativa decretó el secuestro de los bienes de los emigrados y la deportación del clero refractario, es decir, el contrario a la Constitución Civil del Clero. Muy pronto se produce el choque entre la Asamblea y el monarca.
Mientras tanto, Francia asiste a una situación económica muy difícil; la cosecha de 1791 ha sido muy mala.
Las potencias absolutistas estaban alarmadas por los profundos cambios revolucionarios acontecidos en Francia y se decidieron a intervenir militarmente. La guerra provocó distintas opiniones en Francia. El rey la deseaba porque era su última esperanza para recuperar el poder. Los girondinos querían extender las ideas revolucionarias, mientras que los jacobinos temían las consecuencias del conflicto. La Asamblea declaró la guerra a Austria a instancias de los girondinos. Prusia apoyó a Austria y las hostilidades se generalizaron. La situación se agravó el 10 de agosto de 1792, cuando la cercanía del ejército prusiano a París desencadena una insurrección popular, protagonizada por los sans-culottes, es decir, las clases populares parisinas (jornaleros agrícolas, trabajadores, tenderos y pequeños artesanos) y llamados así porque no usaban culotte, pantalón corto propio de las clases acomodadas, sino pantalón largo. La insurrección provocó la destitución y encarcelamiento de Luis XVI. Era el fin de la Monarquía y se proclamó la República. Se convocaron elecciones a una nueva asamblea mediante sufragio universal masculino.
La Convención Nacional comenzó con una espectacular victoria contra los prusianos en Valmy, lo que alejó el peligro de París. Pero eso no evitó que los enfrentamientos políticos entre girondinos y jacobinos se terminasen. Al final, los segundos se hicieron con el control de la Convención, destacando su principal líder, Robespierre. En enero de 1793 se juzgó al rey Luis XVI, que fue condenado a muerte y guillotinado el 21 del mismo mes. Este hecho enconó la guerra y en el interior estallaron revueltas realistas, como la de la Vendée, protagonizada por los campesinos de la región del Loira.
La Convención aprobó la Constitución de de 1793, que establecía una República popular con soberanía popular y sufragio universal masculino. Incluía una Declaración de Derechos más avanzada que la de 1789, en la que se reconocían el derecho al trabajo, a la asistencia, la educación y la insurrección. Se establecía que la igualdad es un derecho natural. Era una República unitaria centralista con un poder ejecutivo formado por un consejo de 24 miembros, controlado por la Asamblea. Se abolió la esclavitud en las colonias y se aceptó el referéndum como consulta popular para dar legitimidad a las leyes principales, comenzando por la propia Constitución.
Pero también se dieron medidas excepcionales para combatir la traición y la indisciplina en el interior y en el ejército. Era el comienzo del Terror, como instrumento político. Se crea el Comité de Salvación Pública y un Tribunal Revolucionario, que llegaron a suplantar el poder de la Convención y de los jueces ordinarios. La represión política y social envió a la guillotina a los reyes, nobles, clérigos, enemigos políticos como los girondinos y hasta los propios jacobinos como Danton, y al final, hasta al mismo Robespierre.
En el terreno económico se estableció un claro intervencionismo para intentar atender a las demandas populares: tasa del pan, es decir, precio regulado del mismo por ley; precios máximos para los alimentos básicos; confiscaciones de bienes y su racionamiento y reparto; anulación de las deudas contraídas por los campesinos con la nobleza, etc..
Por fin se establecieron cambios que intentaron crear un mundo distinto al anterior: calendario revolucionario y se organizó un culto oficial al Ser Supremo, como sustitución de la religión católica.
Estas políticas consiguieron dominar las rebeliones interiores, se obtuvieron éxitos militares y se frenó el caos económico. Pero los métodos empleados por los jacobinos con Robespierre a la cabeza, especialmente el Terror, les hicieron cada día más impopulares. Una vez que los diversos peligros se alejaban, los diputados de la Convención consiguieron deshacerse de ellos a través del golpe de estado de Termidor de julio de 1794.
El 27 de julio de 1794 se produjo un golpe de estado de carácter conservador contra los jacobinos. Robespierre y sus seguidores fueron condenados a muerte y ejecutados. La burguesía conservadora recuperó el poder y puso en marcha el “terror blanco”. Comenzó la etapa, conocida como del Directorio, o como denominan algunos autores, la República de los propietarios. La revolución se da por terminada. Se suprimen los comités de la etapa anterior, la constitución democrática y las medidas radicales.
Se retornó a los principios de 1789 y a una versión moderada del liberalismo. En 1795 se apruebó una nueva Constitución que establecía una tajante división de poderes y creaba un legislativo bicameral, formado por dos asambleas: una que proponía las leyes y otra que las aprobaba, así como un poder ejecutivo, integrado por cinco miembros, denominado Directorio y elegido por las dos cámaras legislativas. El sufragio volvió a ser censitario y más restringido que el de 1791.
El período se caracterizó, además, por un constante estado de guerra con las potencias europeas y por la represión de la izquierda: jacobinos, sans-culottes y los primeros comunistas como Babeuf y su Conspiración de los Iguales. Pero, también se reprimió a los sectores más a la derecha, como eran los realistas y reaccionarios.
El Directorio se apoyó cada vez más en los militares del nuevo ejército revolucionario. Entre ellos, comenzó a destacar con mucha fuerza, Napoleón Bonaparte, quien terminaría dando un golpe de estado y haciéndose con el poder en el 18 de Brumario.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.