Thor Heyerdahl y la Isla de Pascua. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
¿Cuándo y cómo se le había ocurrido a Heyerdahl la idea de la “Kon-Tiki”? Desde luego no en vísperas del viaje. Sus pensamientos al respecto, igual que su estrecha vinculación con los mares y tierras de Polinesia, habían echado raíces en su vida, a muy temprana edad, desde que, con sólo 22 años y, siendo estudiante de zoología y geografía en la Universidad de Oslo, decidió abandonar su tierra natal, en compañía de su esposa Liv – dos años más joven que él – para irse a vivir a Fatu Hiva, una isla secundaria del archipiélago de las Marquesas en plena Oceanía, aislados de todo contacto con el mundo civilizado, ambos se dispusieron a hacer realidad un proyecto común, incubado en su primera adolescencia y, largamente madurado con posterioridad: el de retornar a la naturaleza de un modo integral, o sea, intentar vivir en íntima comunión, con un medio ambiente puro y salvaje, renunciando por completo, a todas las conquistas de la civilización y, a la vez, a todos sus males.
Thor Heyerdahl nació en Larvik, Noruega, en 1914, justo en los albores de la PGM. Etnólogo, escritor e investigador, con una sólida formación científica y humanística, se le reconoce como una de las figuras destacadas – para algunos la más grande – en la historia de las exploraciones del siglo XX. Nada hay de excepcional en esta circunstancia, si se considera que Noruega – por su situación geográfica y por tradición – ha sido siempre un fecundo semillero, de hombres proclives a la aventura de los espacios vírgenes, principalmente de las heladas y silenciosas tierras polares. Los ecos de las hazañas de Nansen, de Sverdrup y de Amundsen, resonaban todavía en el aire, cuando el pequeño Thor y sus compañeros de colegio, correteaban por los bosques aledaños al viejo puerto de Larvik, cargados con cubos y redes para cazar salamandras. El mundo que Heyerdahl conoció durante su infancia, era en buena medida, un mundo todavía inexplorado. El planeta conservaba una respetable cantidad de misterios geográficos y, estaba lejos aún, de claudicar ante el hombre y, su insaciable necesidad de conquista, de nuevos territorios.
La familia vecina a los Heyerdahl, emigró al Nuevo Mundo. “En el momento de partir, los mirábamos como se mira hoy, al astronauta que emprende su vuelo al espacio. Y, ciertamente, nunca volvimos a tener noticia de ellos”. Las casas de Larvik, con sus aleros blancos y sus tejas rojas, trepaban desde la orilla del fiordo, entre abetos, pinos y abedules de añosas esbelteces, hasta unas suaves colinas verdes, donde crecía, extenso, el único bosque de hayas de Noruega. La ciudad vivía de la industria de la madera y, de su próspera flota ballenera. Nadie tenía prisa y, realizar la actividad cotidiana, no comportaba agobios de ninguna clase. No había contaminación, ni se fumigaba con productos venenosos. Cualquier arroyo, en cualquier parte, mantenía sus aguas cristalinas y, los colegiales podían beberlas sin problemas. “Y nos irritábamos cuando nos topábamos con una cáscara de naranja, un trozo de papel o una lata oxidada, tirados en los senderos del bosque.
Si se dan las condiciones adecuadas, el desarrollo de la sensibilidad hacia y por la naturaleza, constituye un proceso sencillo, exento de obstáculos. Y en el caso de Heyerdahl, esta sensibilidad fue cuajando en una actitud más comprometida, hasta madurar finalmente, en una sólida filosofía de vida. “Cada día me interesaba más por la historia natural. Empecé a advertir, no sólo la belleza, sino la superinteligencia que se evidenciaba tras la estructura del mundo, que el hombre había heredado… Y me sentí escéptico, frente al rumbo emprendido por una civilización, que pretendía disociar del medio natural, a los hombres ¿No estábamos cometiendo una locura?”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.