Los caudillos bárbaros, de Alcides Arguedas para Federica Montseny
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En 1929 la editorial Tasso de Barcelona publicó Los caudillos bárbaros del escritor e historiador boliviano Alcides Arguedas (1879-1946).
El autor es uno de los intelectuales más destacados de la Historia de Bolivia. Sus obras literarias e históricas tratan sobre la realidad de su país, sobre la identidad nacional, el mestizaje y las cuestiones indígenas. Influyó claramente en el pensamiento social y político de la primera mitad del siglo XX. Su obra más destacada fue Raza de Bronce, que se ha considerado una de las mejores novelas escritas en Bolivia, y que se puede considerar una precursora de la corriente indigenista.
Pues bien, hoy queremos recuperar la reseña publicada en La Revista Blanca, en su número del primero de abril de 1929 sobre Los caudillos bárbaros. La reseña apareció en la sección de “Lecturas”, que firmaba Federica Montseny.
Pues bien, Montseny explicaba que había aparecido el libro de Arguedas en un momento en el que parecían estar de moda las repúblicas americanas, aludiendo a la “epopeya” de Sandino en Nicaragua, “víctima propiciatoria que devorará el perro de presa norteamericano”. El libro del escritor boliviano, siempre según nuestra autora de la reseña, se leía con curiosidad y el “apasionamiento que encuentran en nosotros esas vidas pletóricas de acción”, eso sí, fatalmente terminadas en el crimen, mediante el cual se habían encumbrado los caudillos americanos.
Los caudillos bolivianos, Melgarejo y Morales, cuyas historias contaba Arguedas, evocarían al Tirano Banderas de Valle Inclán, porque Montseny opinaba que la obra de Valle representaba la síntesis dramática, la plasmación artística de esas experiencias del caudillismo propias de América.
Sorprendía, pero también desconcertaba la mezcla de grandeza y ruindad, de heroísmo y miseria de esas vidas. El fin de Morales, contado por el autor con sobriedad y elocuencia, era estremecedor. El de Melgarejo, después de una carrera llena de sangre, de matanzas, orgía, bravura y heroísmo, “sin solución de continuidad”, parecía evocar un aguafuerte de Goya. Serían dos vidas paralelas, y corriendo hacia el mismo final. Los dos habían sido casi analfabetos, con almas tortuosas, aunque, al parecer, Melgarejo había tenido una mayor cultura y simpatía que Morales, aunque eso no habría sido obstáculo para cometer verdaderas crueldades.
Pero sus muertes, para Montseny, tenían algo de grandeza, en una emoción propia del drama que seguía a toda existencia desbordante y creadora. Por muchos que hubieran sido sus crímenes y grandes sus culpas, ellos habían valido más que los que les rodearon. Y sus muertes solitarias, acosados por traidores, vendidos por los suyos, parecía que lavaban su pasado y hasta nos reconciliaba con ellos, humanizándolos.
En todo caso, habían sido hombres excesivos, “en todo monstruosos”. Las circunstancias que les habían rodeado les separaban de la realidad de los lectores españoles, pero también se podía reconocer en ellos algunas cuestiones más universales, como el sacrificio del hombre, sometido a la fuerza del destino. Todos los “pequeños hombres” se unían contra ellos, en una tragedia siempre eterna, es decir, universal, como apuntábamos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.