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⮕ APÓYANOS

Los godos. La Migración. II


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En sus escritos, Isidoro de Sevilla contradecía la lista de reyes legendarios y míticos, que presentaba Jordanes para los Amalos (ostrogodos) hasta un número de 17, entre los que incluía a Amal, del que después procedía Ostrogotha, de quien descendía a su vez, el padre del ostrogodo Teodorico.

Jordanes componía una genealogía fantástica, que entroncaba al monarca con los dioses, lo que nos hace dudar, de la veracidad del testimonio. Incluso recogía la noticia, de que el rey persa Darío, había querido casarse con la hija de uno de los reyes godos y que, finalmente, Filipo de Macedonia, el padre del gran Alejandro Magno, tomó una princesa goda como esposa. Pero Jordanes, después de lo que no nos es posible confirmar, se acercaba a datos más históricos, al narrar las luchas de los godos con los generales romanos, como Cesar, y después con los emperadores, desde sus asentamientos cercanos a las provincias de la Tracia y Dacia (las hoy Rumanía y Bulgaria), donde vivían después del largo periplo desde el norte. A partir de este momento, los sucesos cobran una mayor verosimilitud, en la obra de Jordanes, a pesar de que se agolpan de una manera caótica, y sin continuidad entre ellos.

Pero en definitiva, se defendía el origen nórdico y germano de los godos, su división espacial ya durante la época de su migración, dirigidos por las familias más prestigiosas, su llegada a la costa y sus intentos de quedarse en ella, impidiéndoselo otras “gentes”, el clima adverso y la pobreza de esas regiones. Será por tanto bastante después, cuando los godos, separándose de nuevo, para hacer más fácil su peregrinaje, bajaron del Vístula al Dniéper y el Dniéster, vías mucho más accesibles, que los caminos repletos de peligros, pantanosos e impracticables. Pero a lo largo de su periplo de norte a sur, hasta el mar Negro y el Danubio, obligatoriamente tuvieron que mezclarse o desplazar a otros pueblos, y enfrentarse con otros muchos. Por lo que ni siquiera, podemos identificarlos, como algunos autores han intentado, con las ricas tumbas, de las llamadas “culturas de Wielbark y Cheirnajov”, desarrolladas entre el Dniéster y el Don.

Por lo tanto, nos enfrentamos sin solución, a complicados procesos de etnogénesis, que dieron como resultado el pueblo que conocemos como los godos, que acabó siendo, en sus dos ramas, la visigoda o tervingios y la ostrogoda o greutingos, uno de los grandes protagonistas, de la historia final del Imperio de Occidente. Para entonces, quedaba ya muy poco o nada, de ese “componente gentilicio”, y de esos “orígenes étnicos”, del que tanto han alardeado algunos autores. Orígenes, que sólo preocuparon a los monarcas de los siglos VI y VII, en Italia y en las Hispanias, donde la leyenda, aunque inventada, podía entroncarlos con ese pasado de poderosas sagas. El mismo fenómeno se dio en reinos, como el de los lombardos en Italia, cuyos orígenes puros, como descendientes del dios Odín, fueron cantados por Paulo Diácono, y en el caso de los francos, considerados incluso por algunas fuentes, como descendientes de los troyanos.

Fue estando ya en el territorio romano, cuando todas esas formaciones complejas, tuvieron la necesidad de echar mano de una memoria histórica, quizá ya olvidada y que había que reconstruir, aún a costa de inventar orígenes y antepasados. Había que conseguir unas raíces étnicas que, aunque no fueran compartidas por todos, se constituyesen en la base, de la creación de una identidad común, organizada en torno a unas aristocracias míticas, que enlazaban sus orígenes, magnificándolos, con los de las familias, en ese momento dominantes, los Baltos y los Amalos. Lo importante en el siglo VI, cuando la leyenda ya estaba formada, y se convirtió en letra con sus propios bardos, como Casiodoro y Jordanes, no era lo que habían sido los godos, sino lo que querían ser en ese momento, como “natío” o nación, donde vivían godos y romanos, pero gobernada por el pueblo de los godos, la “gens gothorum”. También se trataba de contrarrestar la propaganda romana, que les consideraba como una banda de ladrones y desarraigados, dedicados al pillaje.

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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