PSOE. OTAN Sí o No. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Desde mis tiempos en la Universidad Complutense, que también fueron los de la guerra de Vietnam, fui muy antiamericano y, como consecuencia irreflexiva, anti OTAN. Por eso, cuando la mayoría de la CEF del PSOE, a la cual pertenecía, se había pasado ya al Si, por influencia de Felipe, yo me mantenía en el No. Hasta que un día me fui a la Moncloa, a hablar del tema con Alfonso Guerra. El fue el que me convenció, explicándome la contradicción de estar en la UE y no en la Alianza Atlántica.
Felipe prefirió someter el tema a referéndum, antes de plantearlo y votarlo en el Congreso de Diputados. Años después me confesó, que ese fue uno de los errores de su gobierno, del que más se arrepentía. No tenía que haber descargado una decisión tan complicada, sobre las espaldas del pueblo español.
Tras las greñas indignadas y venerables del profesor Edward P. Thompson (historiador e intelectual británico) 800.000 ciudadanos españoles, marchaban para gritar: “OTAN no, bases fuera”. Era una de las manifestaciones más impresionantes de la democracia y, la primera de consideración, contra el gobierno socialista, aunque los organizadores no querían, que así se percibiese. Los lemas y las pancartas disparaban contra la OTAN y los yanquis.
Por supuesto ya no había “grises” ante los que correr y, no se temían sirenas ni disparos, bajo aquel sol de invierno, pero olía a juventud. Casi un millón de viejos prematuros, encanecidos de desencantos, se reencontraban con aquella revolución, que ya muchos habían cambiado, por una plaza de funcionarios. Ahí estaban de nuevo, como en los días finales del dictador, soñando con una España sin dioses ni amos. Eran muchos, sí, pero les faltaban más de la mitad de los compañeros. Aquella mañana de domingo, no se enfrentaban las dos Españas, sino las dos izquierdas, la del poder y la de la calle.
Podían ganar. Esa mañana de domingo, demostraban que podían ganar ¿Qué harían si eso sucedía? Ello vivían para la derrota, se habían movilizado para justificar su melancolía, de los años porvenir, no tenían un plan para la victoria. Nadie sabía como sería una España no alineada. Algunos pensaban en una especie de Yugoslavia, una cabeza de puente de sensatez, en una Europa demencial. Un héroe quiere serlo un día, como cantaba David Bowie, en una canción que compuso mirando al muro de Berlín. Una mañana de domingo bastaba. Los héroes tienen gestos, no planes de futuro.
Planes los tenían los del “sí”, que llevaban tiempo armándose de argumentos, para vencer una resistencia sentimental, que los sociólogos consideraban insalvables. Los estudios de opinión, encargados por el gobierno desde 1983, decían que los españoles no tenían muy claro, que era la OTAN, ni para que servía, ni creían que afectase, en modo alguno, a sus vidas, pero se oponían a ella con toda el alma. Las encuestas, hechas con ese escrúpulo científico, que habían importado de EE.UU. Julio Feo y sus amigos, constataban una mayoría sólida anti-OTAN, que sólo podían romper los indecisos. Había un tercio de la población que, aun estando en contra, se mostraban dispuestos a dejarse convencer, con argumentos prácticos o hechos consumados. Intuían que, ya que España entró en la OTAN, salir de ella en un referéndum, sólo podía traer disgustos.
A lo hecho, pecho, se decían los del “si”, que entendían el rechazo sentimental (¡ah los sentimientos en la política!) de los del “no”, porque también era el suyo. A ellos les gustaría otro camino para España, pero esa vía no existía. Perder la OTAN se decían, significaba perder esa Europa con la que acababan de casarse, en una gran ceremonia el año anterior, al firmar la adhesión, a lo que aún se llamaba el Mercado Común. Los del “sí”, eran adultos que entendían a los niños del “no”. Ya nos gustaría, les decían, marchar con vosotros un domingo de invierno, tras las greñas de un profesor radical de Oxford. Ya nos gustaría quitarnos la corbata y fumarnos un porro de la paz como antes, pero hemos crecido, las cosas no funcionan así, hay que saber estar en el sitio.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.