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Ramón Lamoneda Fernández. I


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Pienso que los militantes del PSOE, los votantes y los simpatizantes, deben saber quienes fueron Julián Besteiro, Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, incluso los habrá que sepan de Juan Negrín. Pero tengo mis dudas, respecto a que sepan o hayan oído hablar, de otro militante que fue decisivo en el partido desde 1936: Ramón Lamoneda, último Secretario General elegido en España, hasta 1976 cuando lo fue Felipe González.

Nacido en Begíjar, Jaén, a los doce años se trasladó con su familia a Madrid y se convirtió en tipógrafo, afiliándose a las Juventudes Socialistas y posteriormente al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y a la Unión General de Trabajadores (UGT). Desarrolló una intensa labor sindical en la Federación de Artes Gráficas. Perteneció a la facción tercerista del PSOE, los partidarios de que el partido adoptase las “21 Condiciones” y se adhiriera a la Internacional Comunista.

Ante la oposición de la dirección y de la mayoría de la militancia, a ingresar en la Comintern, los terceristas, entre los que se encontraba Lamoneda, se escindieron, creando el 13 de abril de 1921 el Partido Comunista Obrero Español. El PCOE confluiría poco después con una escisión socialista anterior, el Partido Comunista Español, en el Partido Comunista de España (PCE).

Lamoneda volvió durante la Segunda República al PSOE. Perteneciente primero a la corriente caballerista del partido, pasó después a la centrista encabezada por Indalecio Prieto. Obtuvo acta de diputado a Cortes por Granada en las elecciones de 1933 y 1936.​ Fue Secretario del grupo parlamentario socialista y, desde 1936, Secretario General del PSOE.

Si la euforia que se produjo, tras las elecciones de 1936, las del Frente Popular, había favorecido a la izquierda del PSOE, las huelgas subsiguientes y la quema de iglesias, el ambiente creciente de crisis política, y los rumores ensordecedores de conspiración militar, iban persuadiendo a muchos socialistas, de que la postura realista de Prieto, tenía mucho más sentido que las utopía revolucionarias de Largo Caballero. Por tanto, a finales de mayo, Prieto empezó a luchar por recuperar la iniciativa dentro del partido.

El 25 de mayo, una reunión del Comité Nacional, donde Prieto tenía mayoría, decidió purgar a la izquierda caballerista, aprovechando el control de los resortes del poder. La decisión de establecer un firme control sobre las instituciones del partido, quedó meridiana, en la convocatoria de elecciones para cubrir seis vacantes, de una Comisión Ejecutiva de once miembros, elegida en el XIII Congreso en octubre de 1932. Las vacantes se habían producido, por la dimisión de Fernando de los Ríos en mayo de 1935, la de Largo Caballero y sus tres lugartenientes – Enrique de Francisco, Pascual Tomás y Wenceslao Carrillo – el 16 de diciembre de 1935, y la muerte del Vicepresidente del partido, Remigio Cabello, en abril de 1936.

Las elecciones parciales para la Ejecutiva, se celebraron a finales de junio. La Ejecutiva propuso una lista de candidatos muy conocidos y respetados, encabezada por Ramón González Peña. Como héroe de la insurrección asturiana de 1934, que había sido sentenciado a muerte por su participación en ella, y como líder del Sindicato Obrero de los Mineros Asturianos (SOMA), era un candidato idóneo para enfrentarse a Largo Caballero. La candidatura incluía también, al distinguido jurista Luis Jiménez de Asúa, que había sido el abogado defensor, en el juicio a Largo Caballero por su participación en los sucesos de octubre de 1934. Y también figuraba, lo que luego se mostró determinante, Ramón Lamoneda, líder de la Federación de Artes Gráficas, antiguo izquierdista reconvertido en centristas, prietista, como candidato a Secretario General. Dentro del PSOE se produjo una guerra de propaganda sumamente despiadada. Tanto es así, que en dos ocasiones comandos de las Juventudes Socialista Unificadas, interrumpieron a balazos los mítines en los que hablaban Gonzáles Peña y Prieto, en Egea de los Caballeros (Aragón) y en Écija (Sevilla), y los oradores tuvieron la gran suerte de salir con vida. (Para que luego digan hoy algunos militantes, que los enfrentamientos en el PSOE son demasiado duros) En las elecciones mencionadas, según las cifras que publicó “El Socialista”, la candidatura de González Peña había derrotado a la de Largo Caballero por 10.933votos frente a 2.876.

Ya estallada la guerra civil y en su calidad de Secretario General, Ramón Lamoneda envió una circular a los militantes del partido. A primera vista se trataba de un documento nada controvertido. Recordaba a los militantes que la nueva Ejecutiva se había trasladado a Valencia y que, como resultado de las circunstancias excepcionales de la guerra, se habían iniciado conversaciones con el PCE, en vistas a coordinar acciones de tipo práctico. Asimismo la circular especificaba a las agrupaciones, que debía cesar cualquier iniciativa popular, de fusión o cooperación con las bases comunistas, por muy buenas intenciones que se tuvieran, hasta que se llegase a un acuerdo nacional entre ambos partidos.

Para la Ejecutiva de Lamoneda, esta circular significaba la primera fase de su estrategia de recuperación, y contemplaba un objetivo doble. Estaba destinada a poner fin al periodo de declive de la Ejecutiva del PSOE, restableciendo su control sobre la militancia socialista en la zona republicana. En segundo lugar, debía acabar con la etapa de “confucionismo”, es decir, con la fusión incontrolada, de inspiración caballerista, de las agrupaciones, los grupos sindicales, y los periódicos de los partidos socialista y comunista. La Ejecutiva albergaba la esperanza de reafirmar así su autoridad sobre el partido, y de asegurarse el control de la militancia, a fin de impedir que ésta se fuera uniendo poco a poco al PCE, en las zonas de influencia caballerista.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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