La unión de la Iglesia con la Monarquía en el pensamiento republicano español en la Restauración
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Gran parte del republicanismo español en tiempos de la Restauración y posteriormente también consideró que iban unidas la defensa del librepensamiento y la del sistema republicano, por lo que parecía imposible un acercamiento, es decir, desarrolló un intenso anticlericalismo casi como una señal de identidad. En esta pieza queremos ofrecer a los lectores y lectoras un ejemplo de lo que decimos de la mano de Antonio Rodríguez García-Vao (1863-1886), un personaje fundamental, especialmente en relación con el librepensamiento. Intelectual intenso, de familia pobre pudo estudiar en la Universidad y destacarse como periodista, republicano, librepensador y masón. Fue asesinado cuando salía de dar clase de francés en un Instituto de Enseñanza Secundaria el 19 de diciembre de 1886. Su entierro fue una enorme demostración del mundo más progresista de aquella España, presidido por Salmerón y Gumersindo de Azcárate, entre otras personalidades.
Pues bien, García-Vao publicó un artículo en Las Dominicales del Libre Pensamiento, donde era redactor, en el mes de septiembre de 1885 (número del día 12) con el significativo título de “La Iglesia Monárquica”.
García-Vao tenía muy claro que era imposible el entendimiento con la Iglesia Católica. El autor se había dedicado a dos ideales o causas: el librepensamiento y el republicanismo. Y, en contrapartida, frente a estos dos principios luchaba contra otros dos, es decir, el catolicismo y la Monarquía.
El que calificaba como profesorado libre vendría luchando contra el “jesuitismo enmascarado y con la reacción dominante”, porque el catolicismo tendía a poner obstáculos a la emancipación de las ideas, permitiendo solamente las doctrinas que pasaban antes por la censura eclesiástica, por lo que ejercía una tutela considerada como odiosa.
Para García-Vao solamente se podía calificar como inocentes, cándidos o hipócritas quienes creían en la fácil unión o entendimiento, en la armonía entre el catolicismo y el ideal democrático. Y eso ocurría porque no habían estudiado lo que significaba el catolicismo porque si lo hubieran hecho verían lo que decían los libros oficiales de texto, y en los que se sostenían principios reñidos con las tendencias de su tiempo y de la ciencia. Y ponía el ejemplo de un manual de Derecho Canónico, empleado en varias Universidades, donde se deducía que la única forma de gobierno válida para la Iglesia era la monárquica.
Por eso, el autor consideraba que la Iglesia y la Monarquía iban unidas. La primera se había creado para guiar los espíritus, y la segunda para gobernar a los pueblos. En las dos había poder absorbente y a su representante se le declaraba en una como infalible y en la otra como inviolable. No se les imponían responsabilidades, obligaciones ni sacrificios, pero disfrutaban de extensos poderes, pudiendo provocar verdaderos desastres a los pueblos sin que por ello se les exigiese responsabilidad alguna.
La Iglesia había comprendido que la forma monárquica le podía prestar los elementos necesarios para su organización y como disponía de una legión de sumisos creyentes había establecido su dominio.
Tanto en la Iglesia como en la Monarquía, García-Vao insistía en que la persona elevada por la fortuna no era responsable ante nada ni nadie, y tenía un poder omnímodo. Ahí estaba la clave, en la imposibilidad de asociar ambas instituciones con la democracia.
República y librepensamiento serían gemelos según dirían los republicanos, e Iglesia y Monarquía también, pero por parte de los enemigos de la República.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.