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Pacto de Ostende


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Caricatura publicada por la revista satírica Gil Blas el 4 de octubre de 1868, cuatro días después de que la reina Isabel II se viera obligada a marchar al exilio. Llevaba por título ¡A Francia!. / Wikipedia. Caricatura publicada por la revista satírica Gil Blas el 4 de octubre de 1868, cuatro días después de que la reina Isabel II se viera obligada a marchar al exilio. Llevaba por título ¡A Francia!. / Wikipedia.

El Pacto de Ostende fue un acuerdo clave en la crisis del reinado de Isabel II en la preparación de la Revolución que terminó con dicho período histórico.

El día 16 de agosto de 1866 se reunieron en Ostende, en la costa belga del Flandes Occidental un grupo de representantes del Partido Progresista y del Partido Demócrata, después del fracaso de la sublevación del Cuartel de San Gil, que generó una durísima represión, en la convicción de que debían llegar a un acuerdo o pacto con acuerdos concretos para reforzar la oposición al régimen isabelino.

De aquella reunión salió, efectivamente, un pacto, alcanzado ese mismo día, el que lleva el nombre de la localidad belga, con un compromiso común de ambos partidos, a pesar de sus diferencias, para actuar de forma común con el objetivo fundamental de acabar con el reinado de Isabel II. Era un acuerdo muy breve, con dos puntos: destruir lo existente en las altas esferas del poder, y nombramiento de una asamblea constituyente, bajo un gobierno provisional, que debía decidir la suerte del país, y que debía elegirse por sufragio universal (masculino) directo.

Esta brevedad tenía la ventaja de que podía permitir incorporar al Pacto a otras fuerzas y/o personalidades políticas. Y así ocurrió, porque al fallecer O’Donnell, Serrano, el mismo militar que había dirigido la represión de la sublevación del Cuartel de San Gil, firmó el Pacto en marzo de 1868, lo que permitía que la Unión Liberal se incorporaba a este frente de oposición. La Unión Liberal aceptaba entrar en un nuevo proceso constituyente y en la búsqueda de una nueva dinastía, aceptando la soberanía única de la nación y el sufragio universal, es decir, renegando de la soberanía compartida entre Corona y Cortes. La incorporación de Serrano ha sido interpretada como una suerte de resentimiento contra el Gobierno isabelino por haber sido arrestado a consecuencia de un escrito suyo pidiendo a la reina que reabriera las Cortes, sin olvidar sus propios intereses en relación con el ferrocarril, ya que necesitaba apoyo económico. Serrano siempre fue un personaje un tanto ambiguo, porque luego le veremos en 1874 dirigir durante casi un año los destinos del país en una dictadura después de haber terminado con un golpe con la Primera República.

Por otro lado, Prim también estaba en el Pacto, convirtiéndose en un líder de la coalición antisabelina. Fue elegido el presidente del Comité de acción del Pacto, y en el que estaban también Cristino Martos y Salustiano Olózaga.

Ante este hecho, Narváez intensificó su política harto autoritaria y represiva. Se cerraron definitivamente las Cortes que se habían cerrado en julio de 1866, y se convocaron elecciones para 1867, donde, lógicamente, vencieron de forma aplastante los conservadores. La victoria fue tal que solamente la Unión Liberal obtuvo cuatro actas de diputado, algo puramente testimonial. Las Cortes, además, hicieron dejación de muchas de sus funciones para dejar libre la actuación del Gobierno.

Como es sabido, en septiembre de 1868 estalló la Revolución que terminó con el reinado de Isabel II, inaugurando lo que se conoce como el Sexenio Democrático.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.