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Berthe Fouchère y el control obrero (1929)


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En distintos trabajos nos estamos acercando a las consideraciones del movimiento obrero socialista sobre el control obrero en la década de los años veinte. En este caso nos interesa la posición de Berthe Fouchère (1899-1979) una maestra, sindicalista y socialista de una larga e intensa vida de compromiso desde el final de la Gran Guerra. Nos acercamos a un trabajo suyo que se publicó en El Socialista en su número del 28 de febrero de 1929. El control obrero fue una cuestión fundamental del movimiento obrero socialista desde después de la Gran Guerra y suponía lo que podríamos definir como la democracia social con muchas implicaciones.

Fouchère consideraba que el control obrero debía imponerse en todas partes si se querían alcanzar los siguientes objetivos:

-La racionalización productiva pero adaptable al trabajo.

-Que el trabajador obtuviese el máximo de ventajas.

-Que el trabajador presidiera el mismo el empleo de los nuevos métodos productivo.

-Para que el trabajador pudiera revisar, controlar y no dejar los beneficios del progreso industrial a la clase patronal.

El control obrero se convertía en una especie de resumen de todas las reformas obreras ya adquiridas, una de las condiciones más necesarias para la evolución del régimen hacia el final del mismo. Inspiraría la lucha de clases, eso sí, la “más noble, la más moral”, pero también la más difícil porque tropezaba con resistencias organizadas y poderosas.

El control obrero era considerado por la socialista francesa como una etapa fundamental en la obra de la emancipación obrera y podría ser considerado como el prefacio de dicha emancipación total.

Al parecer, Marcel Déat había expresado en Le Populaire que el control era una fórmula imprecisa preguntándose si se trataba de una forma suaves de la famosa ocupación de las fábricas o de una forma acentuada de la participación en los beneficios.

Fouchère consideraba que, efectivamente, era la ocupación de las fábricas pero de tipo moral porque se trataba de la participación directa y efectiva de los asalariados en las gestiones de la fábrica.

Sería la colaboración del trabajador con el personal dirigente de la empresa en lo organizativo y en la disciplina del trabajo, el establecimiento de los salarios, en la admisión de los trabajadores, en lo que afectaba al mecanismo de la producción y a todas las cuestiones sobre compra de materias primas y salida de los productos.

Era el aprendizaje de las funciones de administración y dirección que incumbiría al trabajo cuando se liberarse el trabajador del “yugo patronal”. Era la afirmación de la personalidad obrera sobre el campo del trabajo.

El control obrero tenía mucho que ver con dicha personalidad del trabajador y que apareciera en las reivindicaciones sindicales demostraría que el obrero era cada vez más sensible a la opresión de la explotación.

Eso sería así porque los trabajadores sentían más vivamente la opresión patronal que se manifestaba cuando la patronal imponía condiciones de trabajo draconianas, reglamentos tiránicos y cuando se ejercía el autoritarismo y se fomentaba la delación, sometiendo a los obreros a una vigilancia minuciosa. Pero también sentían la explotación cuando a su costa se generaban grandes beneficios patronales y el establecimiento de salarios insuficientes y a cambio de largas jornadas laborales.

El control obrero, en consecuencia, respondería a una doble preocupación: elevar las condiciones morales y mejorar las condiciones del trabajo, pero también obtener todos sus derechos.

El control obrero tenía un valor moral pero también de sentido práctico. Era la revelación de la conciencia de clase del obrero y la prueba de que estaba dispuesto a llenar su papel de productor, es decir, de hacer del trabajo el único elemento dirigente de la producción y, en consecuencia, de la sociedad.

Pero el establecimiento del control obrero no suponía la supresión del patronaje, pero demostraría la voluntad del trabajador de completar su preparación con una formación práctica indispensable, de aumentar y perfeccionar sus conocimientos técnicos, de conocer todos los procesos de la producción, las características de la economía capitalista. Así pues, el objetivo final sí sería la superación del sistema.

Pero el control obrero también tendría otras consecuencias prácticas inmediatas: ofrecer nociones al asalariado sobre su explotación, y de ese modo, al conocer de forma precisa las ganancias que recibía el patrono se tendría un poderoso argumento en favor del aumento de los salarios. El control obrero frenaría la frecuencia de las huelgas y se disminuiría mucho el conflicto laboral. El control obrero facilitaría la negociación colectiva, haciéndola inevitable. Fouchère consideraba que, evidentemente, la huelga era en muchas ocasiones una necesidad, pero no por ello era indeseable porque siempre generaba privaciones entre los obreros.

El control obrero sería una de las más urgentes necesidades de la clase trabajadora. Ciertamente no se podía ignorar las dificultades que las organizaciones sindicales habían de realizar para llegar al mismo.

Para Fouchère en una época de fuerte organización sindical el papel primordial en la preparación y el voto de una reforma social no saldría de las asambleas legislativas sino de la clase trabajadora organizada sindicalmente.

El control obrero no sería concedido con facilidad por la clase patronal ni por los legisladores, sino que sería una conquista obrera. Se necesitaba, por lo tanto, una labor pedagógica por parte de los sindicatos, y en el momento en que los obreros asumieran la cuestión se podría conseguir.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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