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Levellers y diggers


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En las Revoluciones inglesas del siglo XVII se desencadenaron unas tendencias latentes en el malestar de la población que iban más allá de la lucha entre el absolutismo y el parlamentarismo. Nos referimos a los levellers y los true levellers o diggers. Los primeros, es decir, los levellers aspiraban a establecer una democracia formal por encima de la aristocracia parlamentaria y la dictadura de Cromwell.El fundamento de la misma sería la pequeña burguesía, pero los diggers iban más allá al defender la redistribución de la propiedad, en una línea que podemos caracterizar de precursora del socialismo o del comunismo. Los diggers se basaban en la constatación de que con la caída de la monarquía habrían quedado abolidas las bases legales que mantenían la situación de privilegio de la nobleza rural, la que en tiempos medievales habría arrebatado la tierra a los campesinos. Esa tierra debía ser devuelta y en caso contrario, estaría legitimada la ocupación de la misma. Lo títulos legales habrían quedado prescritos. Es evidente que Cromwell se enfrentó a esta corriente, porque su poder se basaba en la gentry.

El movimiento de los diggers nació el 8 de abril de 1849 cuando en los alrededores de Cobhand en el condado de Surrey un grupo de campesinos comenzó a labrar una tierra hasta entonces sin cultivar y a sembrar grano. Era un acto simbólico para demostrar que el pueblo podía trabajar la tierra sin tener que arrendarla ni pagar arrendamiento alguno a nadie. Eran los diggers, es decir, los cavadores. Poco a poco, su número fue creciendo. Sus líderes eran William Everand y Ferrard Winstanley.

Se dieron muchos escritos sobre la nueva situación, destacando la “Declaración del pobre y oprimido pueblo de Inglaterra”. Por su parte, Winstanley escribió La Ley de la libertad expuesta como programa o el establecimiento del verdadero sistema de gobierno, que apareció después de la derrota de los diggers en 1651. Su escrito sería una acusación contra la realidad socioeconómica inglesa y en nombre de la mayoría pobre de la población. Criticaba la influencia del clero, la ideología monárquica, la pervivencia de los diezmos, la administración de la justicia, la vigencia de leyes contrarias al pueblo y, sobre todo, la opresión económica que se ejercía sobre los pobres.

El autor era muy crítico contra el principio del orden establecido sobre la propiedad, preguntándose si la compra y la venta constituían un derecho natural. No lo sería, sino una ley de los conquistadores. La tierra debía ser disfrutada libremente. La libertad verdadera imperaba cuando el hombre obtenía su alimentación y subsistencia. Pero, además, proponía una sociedad alternativa basada en la producción casera, aunque con la existencia de almacenes estatales que permitieran la distribución igualitaria de los productos a los consumidores. Defendía la educación obligatoria para ambos sexos y un servicio de trabajo obligatorio hasta los cuarenta años. Los mayores de esta edad debían dedicarse a ser maestros, capataces, funcionarios, mientras que los mayores de sesenta años se vincularían a una función como inspectora de la sociedad. El trabajo asalariado quedaría prohibido y se establecerían graves penas para los actos privados de compra-venta. El dinero no podía convertirse en un factor dominante de la sociedad.

La derrota de los diggers frenó los movimientos revolucionarios e intensamente críticos en la sociedad británica, donde solamente se dieron al comienzo del nuevo siglo XVIII críticas y sátiras como las de Jonathan Swift, especialmente, con su ácida “solución” sobre la superpoblación y la pobreza a través del sistema de “comerse” a los niños de las clases humildes.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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