La Hacienda Real en tiempos de los Austrias tuvo tres grandes problemas. En primer lugar, y como factor clave, pesó sobre ella como una losa asfixiante el excesivo gasto producido por la política militar emprendida por la dinastía, provocando periódicas bancarrotas. En segundo lugar, la Corona de Castilla tuvo que soportar casi toda la carga fiscal, y dentro de Castilla, los sectores productivos, dada la existencia del privilegio estamental. Los reinos de la Corona de Aragón se protegieron de esta presión gracias a sus ordenamientos jurídicos propios, basados en el pactismo. Los intentos de centralizadores que intentó poner en marcha el conde-duque de Olivares en el siglo XVII, especialmente la Unión de Armas, no terminaron nunca de cuajar, precisamente por la oposición que suscitaron. Y, en tercer lugar, existía un problema de diversidad y complejidad en relación con la administración de los ingresos, como podía ser el arriendo del cobro de algunos impuestos, así como la existencia de una fiscalidad propia en los señoríos y por parte de la Iglesia.