Las denominadas “provincias exentas”, como así fueron denominadas por José Canga Argüelles en su Diccionario de Hacienda (1833- 1834), eran Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. Recordemos que un año antes se había producido el famoso Decreto, inspirado por Javier de Burgos, que creaba el moderno sistema de provincias en España. Eran denominadas como exentas porque no estaban sujetas al mismo régimen fiscal ni a las mismas obligaciones militares que el resto de provincias del Estado. En principio, el liberalismo español no era favorable a esta situación, como lo manifestaría el propio Canga Argüelles, uno de los principales políticos economistas de los inicios de la Revolución liberal española, y que sería ministro de Hacienda durante la Regencia en la Guerra de la Independencia y en el Trienio, además de fundamental escritor sobre estos temas. Canga Argüelles opinaba que la existencia de estas exenciones era una reminiscencia feudal. Recordemos que el liberalismo partía de la abolición de todo tipo de particularidades y fueros propios tanto de origen estamental o social, como territorial, basándose en la igualdad ante la ley, en la necesidad y obligación constitucional de la contribución de todos los ciudadanos, y en un acusado centralismo en cuanto a la organización de la estructura institucional del nuevo Estado.