Los primeros diputados de la Segunda República en Ciudad Real
Nos acercamos a las biografías de los diputados elegidos en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 en Ciudad Real.
- Publicado en Historalia
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Nos acercamos a las biografías de los diputados elegidos en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 en Ciudad Real.
Manuel Gámez Benítez nació en Setenil al terminar el siglo XIX. Siendo un joven de veinte años se afilió al PSOE, y comenzó, junto con su compañero José Domínguez Camacho, a propagar las ideas socialistas por Setenil, Olvera, Alcalá del Valle, Algodonales, Torre Alháquime, etc.. Esta labor a favor del socialismo alcanzó otro hito fundamental cuando participó en la creación de la Agrupación Socialista de Setenil. En la elecciones municipales repetidas de 1931 fue elegido concejal. Ejerció como teniente alcalde hasta 1934. En febrero de 1936 pasó a ser alcalde de la localidad, responsabilidad que desempeñaba cuando estalló la guerra. Continuó al frente del Ayuntamiento hasta que en septiembre entraron las tropas franquistas en Setenil.
Por pacifismo se entiende un conjunto de ideas, opiniones, doctrinas espirituales, religiosas, humanitarias y prácticas o acciones que defienden la paz entre los pueblos y/o naciones. El pacifismo pretende la reconciliación internacional empleando los mecanismos diplomáticos y de cooperación. El movimiento pacifista rechaza el empleo de la violencia para solucionar los conflictos. El pacifismo más radical rechaza la violencia en cualquier momento o circunstancia, incluso cuando se genera para defenderse ante un ataque o agresión. En este artículo estudiamos los primeros pasos del pacifismo hasta la Gran Guerra.
En este breve artículo glosamos la vida y obra del republicano José Ballester Gozalvo.
Acaba de salir el libro de Manuel Según Alonso, La Masonería en España. Historia inconclusa de un sueño de libertad (1728-2022) en la colección GuíaBurros de Editatum. Ya conocemos la labor exhaustiva del autor en su empeño por investigar la Historia de la masonería española gracias a su tesis que aquí reseñamos en su día, pero también por sus aportaciones en el periódico. Si la tesis es, como indicamos, exhaustiva, casi una guía fundamental para todo aquel interesado en distintos aspectos de la masonería madrileña, y a la que acudimos siempre en busca de información e inspiración cuando nos embarcamos en algún modesto trabajo parcial de investigación, ahora nos encontramos con una apretadísima síntesis de casi dos siglos con un afán divulgador, pero nunca vulgarizador.
Insertamos cuatro artículos del Código Civil de 1958 donde se puede comprobar la desigualdad legal entre el hombre y la mujer en el franquismo:
El Sindicato Español Universitario (SEU) comenzó a gestarse en octubre de 1933, aunque sus primeros estatutos no se aprobaron hasta abril del año siguiente. El Sindicato estaba estrechamente vinculado a Falange. Se organizó en delegados de curso que formaban una cámara de facultad o escuela. El conjunto de cámaras daría lugar a la cámara sindical provincial. La junta ejecutiva estaba integrada por los tres presidentes más antiguos de cámaras de facultad. En abril de 1935 se celebró su I Congreso Nacional.
Matilde Zapata Borrego nació en 1906 en Sevilla, aunque muy pronto se trasladó a vivir a Santander, ya que su padre era conserje en la Escuela de Naútica. El despertar político de Matilde fue muy temprano, ya que fue presidenta del Grupo Infantil Socialista, para luego militar en las Juventudes Socialistas.
El poder e influencia de la Iglesia Católica en la historia americana desde el comienzo de la conquista y colonización hispana y portuguesa es un hecho histórico evidente. Las dos Coronas ibéricas estaban estrechamente ligadas a la Iglesia. A partir de los procesos de independencia, en las primeras décadas del siglo XIX, la Iglesia vivió una cierta división entre partidarios y contrarios a este proceso. Las nuevas Repúblicas buscaron el apoyo eclesiástico para difundir el nuevo estado de cosas y, también, para intentar evitar la revolución social, pero una parte de la Iglesia se mantuvo al margen o militó contra las nuevas ideas por la estrecha conexión de las mismas con el liberalismo, en la misma línea estaba haciendo la mayor parte de la Iglesia Católica en los procesos de Revoluciones liberal-burguesas europeas. Esta situación generó en los sectores más radicales o avanzados del liberalismo latinoamericano una reacción anticlerical. La Iglesia era vista como un nuevo enemigo. Durante el siglo XIX se planteó cuál habría de ser la relación entre el Estado y la Iglesia, generando un amplio movimiento de oposición a la intervención de ésta en los asuntos públicos, defendiéndose la separación y hasta el control por parte de aquél de la institución eclesiástica.
Las ideas principales de Lenin se encuentran en dos obras, El imperialismo, estadio supremo del capitalismo (1916), y El Estado y la Revolución (1917). Lenin realizó una adaptación del marxismo a la realidad que le tocó vivir en Rusia. Las ideas de Marx se habrían elaborado en unas circunstancias históricas concretas que eran las de la Europa occidental de la primera Revolución Industrial, donde eran más determinantes los aspectos industriales que los financieros en la economía. En la obra del imperialismo Lenin consideraba que el capitalismo había pasado de una etapa casi exclusivamente industrial a otra financiera, por lo que a la lucha de clases se habría añadido la lucha política entre los Estados por las materias primas, las colonias y el mercado. Si Marx había planteado las contradicciones del capitalismo en su época, Lenin lo hacía en la suya, en la del triunfo de la Segunda Revolución Industrial, la de la escala mundial. Por eso, pensó que debía modificar algunas de las teorías del primero.
El Terror en política se refiere al conjunto de métodos expeditivos de justicia revolucionaria o contrarrevolucionaria.
Indalecio Prieto realizó una serie de reflexiones en un artículo periodístico, publicado en México el 18 de octubre de 1941, que Le Socialiste recuperó para los lectores en febrero de 1969 en el séptimo aniversario del fallecimiento del destacado líder socialista, sobre la Iglesia en la Guerra Civil, pero, además, expuso sus ideas en relación a la cuestión religiosa, como preámbulo a aquella cuestión. En esta pieza repasamos, precisamente esa primera parte.
El Diccionario de la Real Academia entiende por derrotismo “la tendencia a propagar el desaliento en el propio país con noticias o ideas pesimistas acerca del resultado de una guerra o, por extensión, acerca de cualquier otra empresa”. En todas las guerras, los gobiernos y ejércitos han perseguido con dureza a los derrotistas. La República estableció el derrotismo como delito en un decreto de 22 de junio de 1937. Lo definía como la difusión de noticias o juicios desfavorables en relación con las operaciones militares y a la autoridad, así como la difusión de noticias favorables del enemigo o sobre la conveniencia de pactar o buscar acuerdos con él. La concepción del delito era más amplia, ya que incluía los actos o manifestaciones que tendiesen a deprimir la moral general o del ejército. En el bando de los sublevados, el derrotismo también fue perseguido.
Los socialistas se hacían eco a través de Le Socialiste, en febrero de 1969, de la situación de las trabajadoras de la industria aceitunera de Sevilla en relación con el salario mínimo.
El socialista Fermín Blázquez Nieto (1882-1946) fue el segundo candidato más votado con 53.214 sufragios en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 en Toledo.
En el Castillo de Santa Catalina de Cádiz existe una placa que recuerda que durante el régimen franquista, siendo dicho castillo un penal militar, más de trescientos jóvenes testigos de Jehová cumplieron condena entre 1965 y 1976 por negarse a prestar el servicio militar debido a su objeción de conciencia. Hace unos años (25/09/2021), José Carmona en el diario Público explicó en un artículo la situación de los testigos de Jehová que la dictadura encarceló en dicho castillo por no querer hacer la mili, y que podemos consultar en la red. Pero también podemos acudir a un reportaje anterior de 9 de diciembre de 2017 en El Español de Pepe Barahona sobre el regreso de algunos ellos a dicho penal promovido por dicho periódico. Por fin, de forma pionera El País, el 25 de febrero de 1991 explicó como los testigos de Jehová fueron los pioneros en la objeción de conciencia, en un artículo de Miguel Mora y Ramón J. Campo.
Aunque todas las Repúblicas han establecido distinciones y condecoraciones para los ciudadanos y ciudadanas que hubieran resaltado en distintos campos de la actividad humana, ya fuera política, ya cultural, artística, científica o social, hemos encontrado una justificación contraria a establecer este tipo menciones en la Primera República española en el año 1873 a cuenta de la supresión de la Orden Civil de María Victoria, que creemos muy sugerente recordar, al teorizar sobre cómo se debía recompensar el esfuerzo o genio de los más destacados. Estamos hablando de un compromiso contrario a la vanidad y en favor de la igualdad.
En el SPD se produjo un intenso debate a finales del siglo XIX, muy paradójico y complejo, como tendremos oportunidad de comprobar, y en el que tomaría carta de naturaleza una forma de conjugar socialismo y democracia, alejándose de tentaciones totalitarias o autoritarias, en todo caso. Posteriormente, en distintas fases y con matices o adaptaciones propias de cada lugar, los partidos hermanos adoptarían este modelo. Pensemos, por ejemplo, y en relación con esta cuestión de las particularidades, en la existencia de los conflictos nacionalistas que tuvo que abordar la socialdemocracia austriaca, o la relación peculiar con fuerzas liberales y burguesas de algunas socialdemocracias nórdicas. También es importante para entender estas especificidades la cuestión de las complejas relaciones con el anarquismo, algo que marcaría mucho a los socialistas españoles e italianos.
Luxemburgo fue un país invadido por Alemania en la Gran Guerra. Los alemanes permitieron que el Gobierno y la Gran Duquesa María Adelaida permanecieran en sus cargos durante la ocupación. Este hecho generó polémica porque a muchos luxemburgueses no les gustó la actitud de la Gran Duquesa con acusaciones de colaboracionismo. Luxemburgo sería liberado por los franceses y norteamericanos, quedándose dos divisiones de tropas estadounidenses. En todo caso, el referéndum de 1919 dio la confianza a los Nassau. La Gran Duquesa cedió el poder a su hermana Carlota, aprobándose además una Constitución más liberal.
La prohibición del carnaval en el franquismo comenzó ya en plena Guerra Civil y se mantuvo al terminar la contienda hasta el final de la dictadura. En este trabajo intentaremos dar algunas claves, al respecto.
Recordamos el manifiesto que el 12 de febrero de 1873 publicó la Diputación de Barcelona ante la proclamación de la República en Madrid el día 11.
La Francia revolucionaria anexionó el Ducado de Luxemburgo en el año 1795, convirtiéndose en un departamento francés, pero el Tratado de París de 1815 en el contexto del Congreso de Viena, en la derrota de Napoleón, cambió su estatus internacional al designar que quedaría bajo la administración del rey de los Países Bajos, Guillermo I, que lo erigió en Gran Ducado. Luxemburgo perdió parte de sus territorios en favor de Prusia, en su expansión en la zona occidental de la Confederación Germánica, aunque recibió a cambio el ducado de Bouillon. Luxemburgo, precisamente, formaría parte de dicha Confederación.
En el mes de febrero de 1972 en Le Socialiste, Esteban Gómez reflexionó sobre el fenómeno de las horas extraordinarias en el mundo laboral español para denunciar que hubiera proliferado tanto.
Regresando a nuestro método de sugerir ideas y reflexiones sobre materiales históricos acudimos, justo ahora que hace 150 años de la Primera República. Y lo hacemos sobre los intereses conservadores, y desde la perspectiva republicana, pero, además, moderada, de un artículo del mes de abril de 1873 de La República, un diario afín a las ideas y planteamientos del republicanismo más moderado. Vamos a ver, pues.
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