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Notas de leninismo


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Las ideas principales de Lenin se encuentran en dos obras, El imperialismo, estadio supremo del capitalismo (1916), y El Estado y la Revolución (1917). Lenin realizó una adaptación del marxismo a la realidad que le tocó vivir en Rusia. Las ideas de Marx se habrían elaborado en unas circunstancias históricas concretas que eran las de la Europa occidental de la primera Revolución Industrial, donde eran más determinantes los aspectos industriales que los financieros en la economía. En la obra del imperialismo Lenin consideraba que el capitalismo había pasado de una etapa casi exclusivamente industrial a otra financiera, por lo que a la lucha de clases se habría añadido la lucha política entre los Estados por las materias primas, las colonias y el mercado. Si Marx había planteado las contradicciones del capitalismo en su época, Lenin lo hacía en la suya, en la del triunfo de la Segunda Revolución Industrial, la de la escala mundial. Por eso, pensó que debía modificar algunas de las teorías del primero.

La primera modificación tiene que ver con los protagonistas de la Revolución. Ya no serían los proletarios de la Europa occidental o del mundo rico los que portarían la bandera de la revolución porque habrían alcanzado un nivel de vida que les impedía llevar a cabo esa tarea. Si había un capitalismo podrido habría un socialismo podrido, de ahí las críticas a los socialistas alemanes y europeos, en general, por aceptar las reglas del juego del capitalismo y participar en las instituciones. El testigo de la Revolución pasaría al proletariado de los países atrasados. La Revolución ya no podría estallar en un país rico e industrializado como presuponía Marx, sino en un país pobre, en un país proletario en la división de países del mundo. Pero no sería un país paupérrimo, sino que tendría que tener algún grado de desarrollo industrial y, por lo tanto, contar con obreros. Ese país sería, sin lugar a dudas, Rusia, atrasada, pero con núcleos de fuerte desarrollo industrial.

En su otra obra, El Estado y la Revolución, Lenin se dedicó a explicar lo que era una revolución, la estrategia revolucionaria, su segunda gran aportación después de haber modificado dónde debía darse la revolución en el mundo. En primer lugar, consideraba que la Revolución no llegaría sola, no era un proceso fatal como se ha interpretado a Marx; en realidad, consideraba que se había exagerado este fatalismo. Había que trabajar para prepararla, nada de determinismo, todo era un ejercicio de voluntad.

Para preparar la revolución eran necesarias varias condiciones. En primer lugar, era fundamental el papel del partido, considerado como la vanguardia del proletariado. El partido debía estar cohesionado y ser disciplinado. Si Marx y Engels habían hablado del movimiento obrero en general, ahora era el partido el gran instrumento y protagonista. En segundo lugar, era necesario el concurso de los intelectuales. Eran los únicos con formación dialéctica para captar el momento oportuno para que triunfase la revolución. Un aspecto muy novedoso en relación con las ideas de Marx tenía que ver con el papel asignado a los campesinos. Si para Marx no eran un sujeto revolucionario por considerarlos reaccionarios, en la adaptación de Lenin sobre dónde debía darse la Revolución, es decir, en países, como Rusia, donde, aunque se había iniciado la industrialización, seguían siendo atrasados, parecía lógico que revalorizase el papel de los campesinos en este proceso. Para que triunfase la Revolución era necesario contar con su apoyo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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