¿Intereses conservadores o reaccionarios?: reflexionando desde el republicanismo de 1873
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Regresando a nuestro método de sugerir ideas y reflexiones sobre materiales históricos acudimos, justo ahora que hace 150 años de la Primera República. Y lo hacemos sobre los intereses conservadores, y desde la perspectiva republicana, pero, además, moderada, de un artículo del mes de abril de 1873 de La República, un diario afín a las ideas y planteamientos del republicanismo más moderado. Vamos a ver, pues.
El artículo en cuestión era muy crítico sobre dichos intereses conservadores. Cuando se anunciaba una reforma, de lo que fuera, pero, sobre todo, cuando se refería al “orden político” se levantaba un “espantoso clamoreo”, gritos, y “lúgubres vaticinios” sobre próximas catástrofes. Eso, como vemos, nos suena casi todos los días en los últimos años. El orden, por lo tanto, peligraría caminando hacia la disolución. Esa era la forma de reaccionar de determinados partidos políticos cuando se planteaban proyectos de reforma. Pero no se detenían en el griterío o la protesta, sino que, proclamándose “tutores de los intereses permanentes sociales”, cuya exclusiva representación se atribuían, clamaban para conquistar el poder como medio último para impedir que la sociedad se despeñase por el precipicio. Bien, esto se decía en abril de 1873, ¿o es de ahora mismo? Ya saben los amables y sufridos lectores que encontramos textos y afirmaciones que nos cuesta demostrar que son del pasado, de hace 150 años en este caso, no del día de ayer.
El artículo se preguntaba, a continuación, si los que protestaban eran los únicos o genuinos representantes de los fines sociales permanentes, y si esos gritos con los que pretendían demostrar su amor a la sociedad y al pueblo eran sinceros o más bien un arma política interesada para otros fines.
El periódico republicano afirmaba que se estaba viviendo un momento de cambio, de transformaciones grandes y que esas reformas de tanta trascendencia no podían verificarse sin alguna perturbación. El diario cuestionaba sobre si los cambios debían siempre hacerse con violencia, como método único, en alusión, lógicamente, a las revoluciones acontecidas en el siglo XIX, el denominado “siglo de las revoluciones”. En todo caso, las reformas, ya fuera de forma tumultuaria o pacíficamente, se habían continuado planteándose porque el periódico consideraba que el progreso como ley de la historia se cumplía sin interrupción, un pensamiento, en realidad, muy del siglo XIX. Todo se había ido modificando, las creencias, la ciencia había descubierto nuevos horizontes, etc, pero la sociedad había sobrevivido, es decir, que no se habían producido los cataclismos que se temían.
Los intereses conservadores eran, en realidad reaccionarios, intereses de “clases y castas”, intereses y privilegios de instituciones caducas que se empeñaban en perpetuarse para prolongar sus monopolios.
El periódico ponía como fuerzas que impedían los cambios a la Iglesia, al clero, a la aristocracia, y al denominado “capital ocioso” con consideraciones muy críticas hacia cada una de ellas, además de a los partidos conservadores.
Frente a ellos se proclamaba la importancia de la ciencia, el comercio, la industria, el derecho…, que, ciertamente necesitaban paz para trabajar y desarrollarse, pero el periódico se preguntaba si esas instituciones caducas podían ofrecer garantías para esos fines.
Este artículo nos ofrece algunas sugerencias, como insistimos, con todas las salvedades que se quiera, sobre lo que puede haber detrás de los intereses conservadores de aquellos que, supuestamente, intentan defender la sociedad de los supuestos intentos perturbadores de las izquierdas.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.