Mariano Arribas Martínez, alcalde de Santurtzi
Mariano Arribas Martínez fue un sindicalista y socialista de Santurtzi, alcalde de la localidad vizcaína y sufrió las penurias de los campos de Gurs y Saint Cyprien.
- Publicado en Textos Obreros
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Mariano Arribas Martínez fue un sindicalista y socialista de Santurtzi, alcalde de la localidad vizcaína y sufrió las penurias de los campos de Gurs y Saint Cyprien.
El catolicismo tuvo desde la época del ciclo revolucionario liberal un evidente protagonismo en todos los movimientos contrarrevolucionarios, de signo legitimista o conservador en España, como lo demostraría el carlismo. Su gran formulación sería el ultramontanismo con un fuerte carácter integrista frente a los modernos Estados. Roma no aceptaba la nueva situación política generada por el triunfo del liberalismo, el avance del laicismo, ni por la creciente secularización de la sociedad ni, por supuesto, por un cada vez más extendido anticlericalismo. En las encíclicas Mirari Vos (1832) de Gregorio XVI y Sylabus (1864) de Pío IX se condenaba sin paliativos el liberalismo y se prohibía a los católicos aceptar la separación Iglesia-Estado, la libertad de cultos, el origen humano de la autoridad, es decir, la soberanía nacional, la competencia de las autoridades civiles en materias como la enseñanza o el matrimonio y, por fin, la democracia.
Esa es la pregunta, ¿por qué había que crear partidos obreros? La respuesta debemos buscarla en el pensamiento de Marx y de Engels que, en todo caso, evolucionó en el tiempo. También es cierto que ni Marx ni Engels definieron nunca de una forma sistemática una teoría del partido obrero.
Desde el último cuarto del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX se asistió a un intenso período revolucionario. Las revoluciones constituyen un conjunto de agitaciones políticas y sociales contra el poder establecido, considerado por los revolucionarios como ilegítimo, que, terminarían por transformar profundamente las estructuras políticas y sociales occidentales.
Poeta, idealista y socialista fue Manuel Barciela Vilaboa. Alcalde de la localidad onubense de Rociana del Condado, perdió la vida ante un pelotón de fusilamiento en octubre de 1936. Manuel Barciela Vilaboa nació a finales del siglo XIX en Melilla. Su familia se trasladó a Málaga para abrir un negocio de importación y exportación de vinos, aguardientes y licores.
Uno de los objetivos y justificaciones de la conquista en América fue la evangelización de los indios. Desde Castilla llegaron, junto con los conquistadores y colonos, una multitud de frailes para cumplir con el objetivo de evangelizar a unos seres a los que se consideraba como salvajes y a los que, por lo tanto, había que llevar la religión cristiana.
En este artículo nos acercamos a uno de los terribles episodios de la represión del bando sublevado en la guerra civil en la provincia de Cádiz, basándonos en el libro de Paul Preston, El Holocausto español.
Muchos nobles y eclesiásticos huyeron ante el establecimiento de las reformas. Hasta el propio rey lo intentó pero sin éxito. Aprobada la Constitución, se disolvió la Asamblea Constituyente y se celebraron elecciones, dando paso a la Asamblea Legislativa. Dentro de la Asamblea se conformaron los primeros grupos o partidos políticos franceses. Los monárquicos constitucionalistas eran partidarios de la Monarquía con una Constitución. Su máximo representante fue Lafayette. Los girondinos recibían su nombre del departamento de la Gironda de donde procedían muchos de sus diputados. En este grupo destacaron los profesores, abogados y periodistas, como Brissot, relacionados con la alta burguesía de negocios de los puertos atlánticos. Eran partidarios del establecimiento de una república moderada, de la defensa de la propiedad privada, de realizar la revolución por medio de la ley, desaprobaban el terror y se inclinaron más por la descentralización frente a París. Creían en el valor universal de las ideas revolucionarias, por lo que deseaban que la Revolución se expandiese por Europa, por lo que eran partidarios de la guerra que desencadenaron las potencias absolutistas. Muchos de sus líderes perderían la vida guillotinados en la época del Terror.
En este tiempo de protestas, críticas, manifestaciones y contestaciones a un orden que no está garantizando los derechos fundamentales ni la misma subsistencia de muchas personas, se está planteando la necesidad de generar alternativas. En la Historia contemporánea podemos encontrar algunas referencias: la Comuna de París es, quizás, el ejemplo más intenso de una experiencia de gobierno obrero al margen del orden establecido, y así fue ya reconocida por muchos revolucionarios contemporáneos.
La Revolución Francesa fue un proceso histórico fundamental en la Historia, considerándose que es la puerta a la época contemporánea, derribando las estructuras del Antiguo Régimen.
En el año 1944, los comunistas albaneses, en torno al Partido del Trabajo Albanés y bajo el liderazgo de Enver Hoxha, tomaron el poder y reprimieron al resto de fuerzas, ya fuesen democráticas, nacionalistas o monárquicas.
A la muerte de Al-Mansur (Almanzor) en 1002 le sucedió en el cargo de hachib su hijo Abd al-Malik, que fue un fiel seguidor de las líneas marcadas por su padre para poder mantener el control sobre el califa y de seguir enfrentándose a los cristianos. Pero falleció pronto, en 1008, y se desencadenó una fuerte crisis política. En la corte califal abundaban los cortesanos que criticaban el poder de los miembros de la familia de Al-Mansur. Se estaba cuestionando el derecho de esta familia a poseer el máximo cargo político después del califa. El nuevo hachib fue asesinado en 1009 y se produjo la destrucción de Medinat al-Zahra. Se inició una larga etapa de enfrentamientos y violencia, con golpes palaciegos, asesinatos políticos y rebeliones en Córdoba y en otras ciudades de Al-Ándalus, protagonizadas por las élites árabes, los gobernadores provinciales, los bereberes y los mercenarios esclavos.
La acción directa fue un medio de lucha del anarcosindicalismo que en España defendió la CNT o Confederación Nacional del Trabajo. Este método de lucha consistía en el recurso a la huelga, las ocupaciones de fábricas, el trabajo lento para no cumplir con los objetivos productivos marcados, el sabotaje, el boicot a la producción, a los comercios o a los propietarios de la tierra en el caso del sector agrícola. Estos mecanismos estarían fuera del marco legal establecido para las relaciones entre patronos y trabajadores y, por supuesto, también al margen de todo tipo de instituciones o corporaciones dedicadas a la mediación laboral.
“Ahora” fue un periódico madrileño que comenzó a publicarse el 16 de diciembre de 1930. Su fundador fue el empresario Luis Montiel Balanzat, diputado conservador del sector ciervista durante algunas legislaturas y propietario de varias publicaciones, como “Estampa”, “La Pantalla”, “As”. El dueño nombró a Manuel Chaves Nogales como redactor jefe. El objetivo de este diario era convertirse en el gran matutino de la capital frente al ABC. En algunos aspectos hasta se imitó su diseño y planteó también al principio una defensa de la monarquía aunque de forma más discreta que el otro diario, aunque luego podríamos decir que evolucionó hacia una especie de centrismo republicano, pero nunca quedó muy evidente su compromiso político. En su portada aparecía una fotografía de actualidad. Inicialmente tuvo un carácter popular y, en cierta medida, hasta sensacionalista, primando lo visual sobre lo escrito. Azaña consideró que hacia 1932 era el diario con más tirada de Madrid. Unamuno, Baroja y Ramiro de Maeztu colaboraron en el periódico.
Iniciamos una serie sobre las ideas de Toribio Echevarría acerca de la revolución socialista y la pequeña propiedad a través del trabajo que publicó en Leviatán en su número de septiembre de 1934. Pero primero debemos detenernos en su figura por su enorme importancia y sus distintas vocaciones.
Como es sabido, Paul von Hindenburg es un personaje destacado de la historia contemporánea alemana. Participó en la Guerra franco-prusiana, y aunque se retiró en 1914 volvió al servicio activo al estallar la Gran Guerra. Fue protagonista del avance alemán en el frente ruso, y terminó por adquirir un enorme poder no sólo en el ejército, sino, sobre todo, en Alemania tanto sobre el káiser como sobre el gobierno y el Reichstag. En 1919 se retiró, pero regresó a la vida pública en 1925 cuando fue elegido como presidente de Alemania. Fue convencido para que se presentara a la reelección en 1932 a pesar de su avanzadísima edad y a su quebrantada salud, al considerarse que era el único candidato que podía derrotar a Hitler. Así ocurrió. Hindenburg no conectaba con las ideas nazis, pero en la inestable política de esos años del inicio de la década de los treinta, con dos disoluciones del Reichstag, terminó por ceder y nombraría a Hitler como canciller en 1933. Al poco tiempo firmaría una disposición que se puede considerar el inicio del fin de la democracia y de la República de Weimar, el conocido como Decreto del incendio del Reichstag. Por el mismo se suspendieron las libertades. Pero, es más, en marzo también aceptó la Ley Habilitante que dio al nuevo Gobierno poderes verdaderamente arbitrarios. Hindenburg murió el 2 de agosto de 1934.
Las ideas y el comportamiento serio y de compromiso con el servicio al Estado y la República que tenía Azaña no le facilitaban las relaciones con el resto de republicanos, como planteaba Araquistáin, en el artículo que estamos glosando que publicó en Leviatán en septiembre de 1934. Uno hombre que solamente prometía abnegaciones, sacrificios y el trabajo sin publicidad, se preguntaba el intelectual socialista, cómo podía ser aceptado por republicanos que no sentían el servicio público y que solamente veían el Estado como una “granjería” o una recompensa que les era debida, y como sucesores del “patrimonio monárquico”. Es más, un hombre así, como Azaña, no podía resultar simpático, y no lo pretendía tampoco. Azaña no buscaba atraer a nadie con sonrisas, con promesa que no importaba hacer porque no importaba cumplirlas, con lisonjas a la vanidad o dando esperanzas a la ambición o la codicia.
El pasado día 31 de agosto la historiadora Isabel Burdiel, una de nuestras mayores autoridades del siglo XIX, publicaba en El País un artículo titulado “Juan Valera, el último caballero liberal”, que merece ser leído porque la historiadora es una mujer sabia y aporta apreciaciones que motivan a reflexionar. En mi caso, más que la propia glosa de la figura de Valera, un personaje harto interesante, por otro lado, me he quedado con las reflexiones que realiza sobre lo que puede aportarnos el liberalismo, especialmente a partir de la Revolución de 1848, aludiendo al libro de Christopher Clark, titulado Primavera revolucionaria. Clark explicaba, y así lo subraya Burdiel, que en estos tiempos en los que el liberalismo habría sido despojado de su carisma pero también vaciado de su historia era equiparado por la izquierda a “economía de mercado, colonialismo, plutocracia y violencia colonial”, mientras que la derecha sería una especie de moda izquierdista y fomentador de “licencia social”. Pero, y siempre según el historiador, conviene recordar que el liberalismo es “rico, diverso, arriesgado y vibrante”.
Con este trabajo terminamos la glosa del artículo que Andreu Nin publicó en el número de septiembre de 1934 de Leviatán sobre el marxismo y los movimientos nacionalistas. En esta pieza terminamos, a su vez, con la interpretación que realizó del movimiento nacionalista catalán, que comenzamos a ver en la pieza anterior de esta serie.
Continuamos con el análisis de Luis Araquistáin de la figura de Manuel Azaña en el artículo que le dedicó en el número de septiembre de Leviatán de 1934.
Una vez que interpretó, en clave del propio Marx, el carácter de la unidad española, Andreu Nin en el artículo que estamos glosando sobre marxismo y nacionalismo en la revista Leviatán en su número de septiembre de 1934, se encaminó a la cuestión que denominó la lucha de Cataluña por su emancipación.
Uno de los principales personajes del tramo central del siglo XIX fue Luis Napoleón, primero como presidente de la Segunda República francesa y después, como emperador del Segundo Imperio. En este artículo nos acercamos a una personalidad ambivalente, llena de facetas y que ha generado no pocas polémicas entre los historiadores.
Después de analizar la posición de Lenin y los bolcheviques sobre la cuestión nacional en el artículo que Andreu Nin publicó sobre marxismo y nacionalismo en el número de septiembre de 1934 de la revista Leviatán, pasó ya al caso español.
El imperio turco-otomano ha sido una de las estructuras de poder más importantes en la historia tanto en extensión territorial, como por su duración temporal. Fue fundado en el siglo XIV y duró hasta 1922. En su época de esplendor, coincidiendo con el siglo XVI, dominaba desde la actual Hungría en el norte de sus fronteras, hasta la península Arábiga por el sur, y desde la actual Argelia por el oeste hasta Irán en el este. También dominaba gran parte de zonas costeras en torno al mar Negro, especialmente en lo que hoy es Ucrania. El Mediterráneo oriental fue durante mucho tiempo un mar turco-otomano. Este Imperio, pues, reunía bajo el poder del sultán un conjunto heterogéneo de pueblos.
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