Como es sabido, Paul von Hindenburg es un personaje destacado de la historia contemporánea alemana. Participó en la Guerra franco-prusiana, y aunque se retiró en 1914 volvió al servicio activo al estallar la Gran Guerra. Fue protagonista del avance alemán en el frente ruso, y terminó por adquirir un enorme poder no sólo en el ejército, sino, sobre todo, en Alemania tanto sobre el káiser como sobre el gobierno y el Reichstag. En 1919 se retiró, pero regresó a la vida pública en 1925 cuando fue elegido como presidente de Alemania. Fue convencido para que se presentara a la reelección en 1932 a pesar de su avanzadísima edad y a su quebrantada salud, al considerarse que era el único candidato que podía derrotar a Hitler. Así ocurrió. Hindenburg no conectaba con las ideas nazis, pero en la inestable política de esos años del inicio de la década de los treinta, con dos disoluciones del Reichstag, terminó por ceder y nombraría a Hitler como canciller en 1933. Al poco tiempo firmaría una disposición que se puede considerar el inicio del fin de la democracia y de la República de Weimar, el conocido como Decreto del incendio del Reichstag. Por el mismo se suspendieron las libertades. Pero, es más, en marzo también aceptó la Ley Habilitante que dio al nuevo Gobierno poderes verdaderamente arbitrarios. Hindenburg murió el 2 de agosto de 1934.