El ejercicio del absolutismo
La forma de gobierno más común durante el Antiguo Régimen fue la monarquía absoluta, salvo en las Repúblicas de Venecia y de las Provincias Unidas. La mayor parte de los estados estaban gobernados por emperadores, reyes o príncipes que fundamentaban el ejercicio del poder en la soberanía de origen divino. El poder no dependía de los gobernados ni de su voluntad sino que los reyes lo recibían directamente de Dios, por lo que era indiscutible. Bossuet defendió en su obra La política según las Sagradas Escrituras que Dios había establecido a los reyes como sus ministros y reinaba a través de ellos sobre los pueblos. La persona de los reyes, por lo tanto, era sagrada y atentar contra ellos sería un sacrilegio.
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