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18 sept 2026 | Actualizado 11:49 CEST
PERIODISMO DE DATOS
Muere a los 81 años Miquel Navarro, el escultor que convirtió la ciudad en arte
Fraternitat (als afusellats al Camp de la Bóta), escultura realizada por Miquel Navarro en 1992 y situada en el sector del Fòrum de Barcelona. La obra forma parte de la presencia del escultor valenciano en el espacio público. Fotografía: Josep Bracons / Catalan Art & Architecture Gallery, Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 2.0.

El artista valenciano, nacido en Mislata, fue una de las figuras destacadas de la escultura contemporánea española. Su obra, presente en museos y espacios públicos de todo el mundo, exploró durante décadas la relación entre arquitectura, paisaje y espacio urbano.

El escultor valenciano Miquel Navarro ha fallecido a los 81 años. Considerado uno de los nombres fundamentales del arte contemporáneo español y vinculado a la llamada Nueva Escultura Española, Navarro deja una trayectoria marcada por la creación de ciudades imaginarias, figuras monumentales y paisajes urbanos construidos a través de la escultura.

Nacido en Mislata (Valencia) en 1945, mantuvo durante toda su vida una estrecha relación con su localidad natal. El Ayuntamiento ha lamentado su muerte y lo ha definido como un artista universal que convirtió sus raíces en un legado para el mundo. El consistorio, que ha destacado su papel como referente cultural del municipio y su vinculación con la casa-taller que lleva su nombre, ha decretado tres días de luto oficial y ha dispuesto que las banderas ondeen a media asta.

La pérdida ha provocado también numerosas muestras de condolencia. El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha recordado su capacidad para transformar materiales como el metal y la tierra en expresión artística, así como su contribución a proyectar el talento valenciano internacionalmente. Por su parte, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha evocado el encuentro que mantuvo con el escultor este verano en Mislata y ha agradecido el legado de un «artista irrepetible».

Una ciudad hecha escultura

Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, Navarro inició su carrera como pintor, pero a partir de 1972 orientó prácticamente toda su actividad hacia la escultura. Su lenguaje artístico encontró pronto una de sus señas de identidad: representar la ciudad como un paisaje escultórico, mediante composiciones que combinaban elementos arquitectónicos, formas geométricas y referencias al entorno urbano.

Desde comienzos de los años setenta desarrolló sus conocidas «ciudades», conjuntos de pequeñas piezas que, reunidas, evocaban paisajes urbanos y convertían el espacio en una metáfora de la vida colectiva. Para construir esos universos recurrió a materiales muy diversos, entre ellos barro, plomo, zinc, aluminio, terracota, vidrio, piedra, yeso y madera.

Su primera exposición individual tuvo lugar en 1972 en la Galería Tassili de Oviedo. Un año después comenzó a desarrollar la línea de trabajo que acabaría definiendo buena parte de su carrera: las ciudades escultóricas, instalaciones en las que la arquitectura y la escultura se fundían en un mismo lenguaje.

El reconocimiento internacional llegó, entre otros hitos, con su participación en 1980 en la exposición *Images from Spain*, organizada en el Guggenheim Museum de Nueva York. Durante la década siguiente, sus composiciones de pequeño formato evolucionaron hacia proyectos monumentales concebidos tanto para salas de exposición como para espacios públicos.

De Valencia a los grandes museos internacionales

Entre sus obras más conocidas figura la escultura instalada en Valencia en 1984 y popularmente bautizada como «La pantera rosa». Cinco años después presentó en el Palacio de Cristal de Madrid *Minerva paranoica*, una gran figura realizada en hierro fundido.

Navarro llevó también su obra a distintos espacios públicos, con intervenciones como *Torre del sonido*, en la Universidad Carlos III de Madrid; *Fraternitat*, en Barcelona; *Boca de luna*, en Bruselas, y *El parotet*, en Valencia. En todas ellas mantuvo su interés por la relación entre las formas escultóricas y el espacio que las rodea.

Su trayectoria recibió algunos de los principales reconocimientos del ámbito artístico español. En 1986 obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas y, posteriormente, recibió el Premio Alfons Roig (1987), el Premio CEOE de las Artes (1990), el Premio Nacional de la Asociación de Críticos de Arte ARCO (1995), la Distinción al Mérito Cultural de la Generalitat Valenciana (2002) y el Premio Internacional Julio González (2008).

Ese mismo año fue elegido miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución en la que ingresó en 2009.

Su obra forma parte de colecciones de referencia internacional, entre ellas las del Guggenheim de Nueva York y Bilbao, el Museo Reina Sofía, el Centre Pompidou de París, la Fundación Lambert de Bruselas y el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM). En 2005 donó a este último museo más de 500 obras y cuadernos de artista que permitían seguir su evolución creativa desde 1964.

El barro de la infancia como origen

En una entrevista concedida a EFE en 2022, el escultor explicó que su inclinación por las formas tridimensionales procedía, en parte, de los juegos de su infancia en Mislata. Vivía cerca de una acequia y encontraba en el barro un material con el que experimentar y modelar.

«Siempre me ha interesado más lo tridimensional que lo bidimensional, y aquello de tocar para saber y conocer», afirmó entonces. Una declaración que resumía su manera de entender la escultura como una experiencia física y espacial, basada en la exploración de los materiales y las formas.

En aquella conversación también se describió con ironía como «un poco neurótico y paranoico», consideraba que el arte podía funcionar como terapia y confesaba que le habría gustado ser farmacéutico. Aficionado a la cocina, decía preferir la montaña y la huerta a la playa.

Con su fallecimiento desaparece una de las voces más personales de la escultura española de las últimas décadas. Su legado permanece en las colecciones de los grandes museos, en las calles y plazas donde se levantan sus obras y, especialmente, en Mislata, la ciudad que inspiró buena parte de su universo artístico.

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