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EL PERIÓDICO
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Luis Araquistáin (1886-1959): Político socialista, ensayista, periodista y diplomático


“Para mí ya no hay más que dos clases de españoles: los que quieren hacer las paces de nuestra Guerra Civil y los que no quieren”. Luis Araquistáin

El viernes 26 de febrero va a tener lugar en el Ateneo de Madrid un homenaje a Luis Araquistáin. Considero que es muy merecido tributárselo. Mi participación en el acto no va a ser central, más considero importante que se den a conocer las cualidades de este pensador y político tan poliédrico. Destacó en múltiples facetas y hay que recordarlo.

Agradezco a EL OBRERO la invitación para que los participantes en el acto hagamos una síntesis de nuestra intervención. Por mi parte, quisiera comenzar porque fue un político especialmente insultado y vilipendiado por la dictadura franquista, tanto por su socialismo como por su postura abiertamente aliadófila.

El conocido proto falangista y fascista Ernesto Giménez Caballero en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, escribía lindezas como esta: “… se inclinaron políticamente hacia las democracias franco-inglesas. Y algunos hacia el comunismo, como Araquistáin y Álvarez del Bayo. Trayendo a España la República liberal del 31, imitada de Francia y de Inglaterra, y que se precipitó en la bolchevización de 1936”.

Desde muy joven tuvo nítidas convicciones internacionalistas. En noviembre de 1919, por ejemplo, junto con Francisco Largo Caballero, al que durante mucho tiempo permaneció vinculado y Fernando de los Ríos, representó al sindicato UGT en la Conferencia del Trabajo que se celebró en Washington. Años antes, en 1911 había ingresado en el PSOE, formando parte de ese grupo de intelectuales que habían decidido sumarse al PSOE como Andrés Ovejero, Fernando de los Ríos o Julián Besteiro… que prosiguieron la senda abierta por Jaime Vera, que estuvo en el núcleo de los fundadores del Partido Socialista debatiéndose entre sus convicciones, su admiración hacia Pablo Iglesias y la incomodidad que le producía no compartir algunos aspectos de la línea estratégica imperante.

El periodismo fue en él una vocación temprana. Sus colaboraciones en Escuela Nueva y en Vida Socialista, lo sitúan como uno de esos intelectuales preocupado por la formación de los trabajadores y por ponerse al servicio de la clase obrera, realizando una función pedagógica que elevara su nivel educativo y sus preocupaciones culturales.

No hay acción política que se realice sin resistencias ni oposición. La derecha conservadora vio en él y en lo que escribía, un peligro evidente. Estaba convencido de que había que actuar con inteligencia y estratégicamente para cumplir los fines que perseguían los trabajadores. Su concepto de libertad era amplio y se extendía a garantizar un acceso a la cultura y un mayor protagonismo de los trabajadores en la vida política.

Muchas eran las desigualdades sociales. Eran tiempos de cambio y de crisis, donde las viejas ideas se resquebrajaban y otras nuevas ganaban espacio social y político. En esos años comenzaron a agitarse los vientos huracanados que asolarían Europa comenzando a incendiar a las “turbas linchadoras”… Algunas democracias occidentales, irresponsablemente permanecieron cruzadas de brazos… no queriendo ver que los conflictos no resueltos se enquistan y que se resuelven negociando y traspasando las líneas rojas que arbitrariamente se habían establecido.

Es conocida, pero no está de más recordarlo, la brillante etapa (1916-1922) en la que dirigió y orientó en su línea editorial la revista España, tan leída en esos años y que ejercía una influencia intelectual entre los sectores más proclives a los aliadófilos. Se llegó a afirmar que estaba financiada por la embajada de Gran Bretaña. Fue su sucesor en la dirección de esta revista nada menos que Manuel Azaña. Entre sus colaboradores más egregios puede citarse a Antonio Machado. Es relevante, aunque escasamente conocido, que Ramón María del Valle Inclán publicó en sus páginas un amplio esbozo o una primera versión de su obra más emblemática, “Luces de bohemia”.

Dirigió, también la revista Leviatán y el periódico Claridad, muy combativas donde aparecían los análisis y comentarios de la izquierda del PSOE, con posiciones netamente caballeristas y agrias polémicas con los besteiristas a los que se acusaba de adoptar posiciones pequeño-burguesas.

De Luis Araquistáin puede decirse que, en cierto modo, perteneció a la Generación del 14 y que tuvo una estrecha amistad con Tomás Meabe y como ya hemos indicado, durante mucho tiempo fue un estrecho colaborador de Francisco Largo Caballero.

Es obligado, aunque sea sucintamente, hacer una mención de alguno de los cargos políticos y diplomáticos que desempeñó. Fue nombrado Subsecretario del Ministerio de Trabajo y Previsión cuyo Ministro era Largo Caballero. Entre otros “encargos delicados” fue elegido para representar a España en una reunión de la OIT, así como delegado de nuestro país en la Asamblea Extraordinaria de la Sociedad de Naciones.

Son bastante más conocidos sus cargos diplomáticos: Embajador de España en la República alemana (1932), más tarde Embajador en la República francesa, y en varias ocasiones Diputado a Cortes, tanto por Vizcaya como por Madrid.

Quisiera ahora citar uno de sus libros de mayor enjundia. Me sigue pareciendo imprescindible “El pensamiento español contemporáneo”, fue publicado por la editorial Losada (Buenos Aires) y que pudimos conocer en España, en la que naturalmente se prohibió, gracias a la labor impagable de algunos libreros… que arriesgaban bastante, por cierto. Es igualmente, formidable el prologo de Luis Jiménez de Asúa.

De entre sus numerosos escritos me parece sumamente interesante una conferencia pronunciada en la Casa del Pueblo de Madrid, en 1933, con el título “El derrumbamiento del socialismo alemán”, su análisis es certero, bien documentado y pone, bien a las claras, las causas por las que se derrumbó la República de Weimar.

Creo que debe ponerse en valor su participación en la elaboración de la Constitución Republicana de 1931. No es extraño que fuera constante blanco de las invectivas de la dictadura y de su coro de plumíferos. Perteneció al ala izquierda del PSOE, pero tras finalizar la Guerra Civil participó de la tesis de Indalecio Prieto, de un pacto entre demócratas, monárquicos, republicanos y socialistas que tras la eliminación de Franco y su régimen, sometiera a referéndum la forma de Estado. El exilio acercó posiciones que antes habían estado enfrentadas. El propio Largo Caballero estuvo de acuerdo con esta línea de actuación porque suponía la restauración de la democracia en nuestro país.

No es tampoco muy conocido, el periodo en el que se exilió en Gran Bretaña y Suiza, más por motivos de espacio eso queda pendiente para una futura colaboración.

Por eso, es una iniciativa elogiable, la de dedicarle una velada en el Ateneo y dar a conocer sus múltiples facetas a quienes no han tenido la oportunidad de leer sus escritos, ni de aproximarse a sus ideas y planteamientos. Desde luego, es un ejercicio de memoria democrática del que seguimos estando muy necesitados.