Hoy el mundo es un lugar mucho menos seguro
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Tribuna Libre
La cólera de los imbéciles llena el mundo. Vuestro profundo
error es creer que la estupidez es inofensiva. La estupidez
no tiene más fuerza que un cañón de pequeño calibre, pero
una vez en movimiento, puede con todo.
GEORGES BERNANOS
Los grandes cementerios balo la luna
Comienzo a redactar estas líneas con un profundo asco. Las noticias de Venezuela son altamente preocupantes. Puede afirmarse que el imperialismo ha vuelto. Es una pésima noticia. En puridad no terminó de irse nunca, mas ahora se muestra sin tapujos, de forma descarnada, haciendo retroceder derechos, libertades y equilibrios que costó tanto construir.
Expresiones de ingrato recuerdo como “patio trasero”, con toda la miseria moral regresan a la actualidad. Pienso en el golpe de estado de Chile que llevó a Pinochet al poder, que sumió en el terror y que costó la vida en defensa de la democracia, metralleta en mano, a un intelectual, a un pensador y a un político de la talla de Salvador Allende, que pretendía crear una vía chilena al socialismo, que no era otra cosa que alcanzarlo y ejercer el poder, a través de la legitimidad de las urnas… dejando a un lado la vía insurreccional.
¿Qué ha supuesto el segundo mandato de Donald Trump? Una apuesta por la ley del más fuerte, que el derecho internacional salte, literalmente, por los aires y que la Organización de Naciones Unidas sea bruscamente apartada y dejada al margen.
Las malas noticias empezaron pronto. Se produjo una marcha atrás, en todos o casi todos los ámbitos: una creciente inseguridad así como la inauguración de un periodo presidido por un matonismo avasallador. Un grupo de indeseables que puede denominarse “la internacional del odio” hace del capricho ley e impone por la fuerza bruta sus caprichos.
Regresan, al primer plano del tablero mundial, postulados y conceptos que parecían superados. Una acción irracional se impone. Se financian y protegen con descaro opciones políticas ultras, fascistas y despiadadas que han hecho de la persecución del migrante, de la misoginia y de dirigir las naciones como si de una empresa se tratara, el nuevo dibujo de la política internacional.
¿Quién iba a pensar que la globalización era eso? Empezaron a mover los hilos sigilosamente, hasta actuar ya a cara descubierta ¿Puede llamarse fascismo a esas medidas reaccionarias? Quizás pueda, pero el nombre es lo de menos, lo que salta a la vista es la imposición del fuerte sobre el débil, la búsqueda del beneficio, el deseo de convertirlo todo en un negocio, con desprecio de los derechos humanos y del sufrimiento de cientos de miles de personas.
Existen historiadores que han sostenido, algunos incluso lo siguen sosteniendo, que la historia se repite. No estoy de acuerdo. Lo que creo es que si se deja actuar a estas corrientes reaccionarias impunemente, hay un momento en el que no hay marcha atrás.
La pensadora Hannah Arendt, a ella no le gustaba que la denominaran filósofa, nos ha dejado muchas ideas sobre las que conviene meditar. Dejarse vencer por el pesimismo es renunciar de antemano a toda resistencia.
Nos advirtió, entre otras cosas, que “estar vivo significa vivir en un mundo anterior a la propia llegada y que nos sobrevivirá al partir”. ¡Qué mundo vamos a dejar a nuestros descendientes!
La posverdad, el negacionismo, las realidades paralelas o la deslegitimación de las instituciones democráticas, así como slogans de que todos son iguales, allanaron el camino a la opresión, a un control paulatinamente más férreo y a la creación de unas condiciones que hacen más difícil rebelarse.
Hannah Arendt, formuló con lucidez, que “no existen pensamientos peligrosos por la sencilla razón de que el pensamiento en sí mismo es ya una empresa peligrosa”
La historia y el pensamiento crítico –hoy tan denostado- ponen de manifiesto las terribles consecuencias de no decir a tiempo ¡basta!
El 15 de enero se cumplirán ciento ocho años del vil asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, miembros destacados del ala izquierda del partido socialdemócrata alemán y fundadores del Movimiento Espartaquista.
Los totalitarismos fueron extendiéndose por Europa entre la desidia, la inoperancia y la falta de pulso de las instituciones democráticas. El fascismo italiano ya preparaba su asalto al poder y Hitler y sus ‘secuaces’ comenzaban su tétrica andadura amparados en el cierre en falso de las heridas de la primera Guerra Mundial o Guerra Civil Europea.
Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht intentaron detener la catástrofe que se avecinaba. No lo consiguieron. Pronto Europa se convertiría en un sangriento campo de batalla. Las primeras víctimas fueron quienes intentaron detener la masacre que se anunciaba en el horizonte.
La división de la clase trabajadora organizada, inconscientemente o por irresponsabilidad, favoreció la marcha de los acontecimientos.
Luis Gómez Llorente ha analizado, con precisión, la figura, el pensamiento y las coordenadas en que se movieron en su obra “Rosa Luxemburgo y la socialdemocracia alemana” (Edicusa, 1975) Las diferencias y enfrentamientos entre la Segunda y Tercera Internacional, no se han analizado con el detenimiento que requerían. Rosa Luxemburgo, rechazaba la burocratización y creía en un partido que funcionase de abajo a arriba y no estuviera dirigido por una “minoría iluminada”
Cuando la noticia de su asesinato llegó a nuestro país, tuvo una amplia repercusión en el seno de los socialistas. En una fecha tan cercana a los hechos como el 24 de enero, hubo un acto de homenaje en la Casa del Pueblo
Es significativo que entre los oradores figuraba Ramón Merino Gracia, Virginia González, José Quijano y Andrés Ovejero, entre otros. Basta repasar los intervinientes para apreciar que se sumaron al homenaje quienes habían de permanecer en la Segunda Internacional y quienes se escindieron en 1921 para crear el Pcoe.
“El Socialista”, dio cumplida información de estos hechos. Creo que debe mencionarse que Marcelino Domingo, republicano y azañista, les dedicó un sentido homenaje el 11 de agosto de 1921.
Volviendo a la actualidad, los hechos nos han desbordado. Nunca es tarde, sin embargo, para reaccionar aunque las primeras manifestaciones han sido, una vez más, insuficientes y tímidas.
Una vez más unas palabras de Hannah Arendt, muestran el camino a seguir: “Los revolucionarios no son los que hacen las revoluciones, sino los que saben que el poder está en las calles y pueden levantarlo”.
En los próximos días asistiremos a un sistemático bombardeo de noticias, que fomentarán nuestra indiferencia e intentarán convencernos de que no hay nada que hacer, que las cartas de la globalización están repartidas y que más vale que acatemos los “ukases” que lanzan contra nosotros.
Lo ocurrido en Venezuela no es el fin de su estrategia “dominadora”. Si nos resignamos, no nos movemos o aceptamos convertirnos en “peones” de esa estrategia, habremos claudicado… la derrota será inapelable. Tras Venezuela, vendrá Cuba y toda América Latina se convertirá en “un patio trasero” donde Trump y quienes le secundan harán y desharán a su antojo.
El régimen de Maduro no ha sido modelo de democracia. Eso no justifica, en absoluto, la imposición chulesca y prepotente de unos Estados Unidos que todo lo convierte en un negocio y que hace tiempo que ha renegado explícitamente, del humanismo y de las instituciones encargadas de dirimir los conflictos y de posibilitar un orden internacional.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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