Manel Esclusa: un fotógrafo que oculta la realidad sostenible y nos invita a aventurarnos en nuestros paisajes interiores
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Tribuna Libre
“He creído siempre en la luz del pensamiento más que en ninguna otra luz”.
María Zambrano
“La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte,
cuya otra mitad es lo eterno e inmutable”
Charles Baudelaire
Hay fotógrafos que nos han legado miradas profundas sobre el mundo. La realidad que habitamos, posee diferentes capas o estratos vinculados a la memoria. La labor de los artistas cuando son además creadores, es desvelarnos y abrir los ojos y la mente a nuevas dimensiones.
Hoy voy a hablar de Manel Esclusa cuyas creaciones son vivos testimonios de la naturaleza onírica, poética y fantasmal. Ahí está no sólo su originalidad sino su genialidad.
Es un buen ejercicio de memoria contemplar con nostalgia viejas fotografías en las que parece que el tiempo se ha detenido. Manel Esclusa ama la ciudad nocturna, su luz decreciente y las múltiples sugerencias de sus sombras.
La noche conjura, con vibraciones metálicas, los puertos y los caminos que llevan hacia el misterio. Manel es un fotógrafo poliédrico. Ha sabido encontrar el ángulo preciso para plasmar el arco roto de la media noche.
Sus imágenes parece que gimen y que no se resignan a los conjuros del silencio. Prefiere “el blanco y negro, al color”. En sus fotografías están presentes las investigaciones, el sufrimiento y el dolor.
Sus fotografías a veces coronan esperanzas que se unen y se separan.
Asistiendo a varias de sus exposiciones, he tenido la impresión de encontrarme ante un domador de sombras.
La luz y las sombras se muestran geométricamente. Sus testimonios gozan de una perfección que les da alas. Parte de lo concreto con voluntad de alcanzar lo abstracto.
Sus contrastes son, también, movimiento. Ha plasmado la arquitectura, anclada en un tiempo pasado de Barcelona, el puerto y los barcos amarrados. Sus contraluces impactan e impresionan.
Fotografía interiores, que son en realidad espacios míticos, de fondos marinos abismales. En otras ocasiones, su afán experimentador no vacila en buscar y mostrar imágenes interiores del cuerpo humano.
Sus fotografías son una oposición dialéctica entre tiempo y ritmo. Sugieren y recuerdan madrugadas remotas.
Algunas de “sus series” son premonitorias. Ponen de manifiesto una voluntad de rescatar del tiempo lo fugaz y pasajero que han de devorar las tinieblas. Entre ellas, cabe citar por su sensibilidad “Aquariana”, “Venezia”, “Pell efímera” o “Ubs de Nit”.
Su obra es conocida y apreciada en muchos lugares, sobre todo, en Cataluña. Por desgracia en otros de esta España diversa, está por descubrir. Fundó en 1977 el “Grupo Alabern”, junto a Rafael Navarro, Joan Fontcuberta y Pere Formiguera.
Fue un movimiento vanguardista que cuidaba simultáneamente una expresión artística, concienzudamente elaborada. Nació vinculado a la Galería Spectrum, de Barcelona. Tuvo una vida corta, mas fecunda.
Entre sus características más acusadas podemos citar su profundo interés por escrutar las condiciones de la luz nocturna, la ciudad en la noche y los rincones y espacios de escasa iluminación.
Las ciudades –Barcelona es un claro ejemplo- sufren metamorfosis. Hay que permanecer atento para sorprenderlas y fijarlas en el tiempo.
Para quienes estén interesados en comprobar estos y otros supuestos, pueden apreciar su trabajo en las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia, en el Museo Réattu de Arlés y en el Museo Nacional de Arte de Catalunya.
Para él hay formas que mueven la existencia. Si bien no se le ha tributado la atención y reconocimiento que merece. Es uno de los grandes renovadores de la fotografía catalana del siglo XX y principios del XXI.
Muestra su habilidad, documentando gráficamente las transformaciones operadas, así como, los cambios culturales que van modificando la fisonomía de la ciudad.
Sus instantáneas son láminas dotadas de un hondo brío y de una mirada honda. Sus oscuros callejones tienen alma. El aire espectral, da la impresión que está pidiendo a gritos, que descifren sus secretos. Da vida a lo que de otra forma no hubiera sido sino fronteras heladas.
No podía faltar y no falta un hueco, visto con una perspectiva poética, para la arquitectura de Gaudí. La fotografía tiene un lenguaje específico en el que el movimiento se relaciona con el paso del tiempo. No siempre es fácil captarlo, mas los verdaderos fotógrafos lo hacen.
En sus imágenes, como dijo en una ocasión Joan Brossa, da la impresión de que “la luz trabaja”. En Manel Esclusa está presente de forma intensa la magia de la fotografía y la secreta tensión entre luz y oscuridad, aportando una carga simbólica, apreciable para quien las observe con atención.
Así, Barcelona se representa adornada con el halo de una ciudad imaginada, llena de visiones poéticas y nocturnas.
Desde tiempos inmemoriales, se ha asociado la noche con el peligro y hasta con el miedo a la supervivencia, mas también, la noche es silencio y las sombras están llenas de misterios que pueden abrir paso al descubrimiento de realidades nuevas.
Son a un tiempo indefinición y abstracción. En Manel Esclusa muchas de sus imágenes ocultan la realidad. Es más, nos invita a adentrarnos en nuestros paisajes interiores.
En cierto modo, Barcelona forma parte intensamente del lenguaje de la íntima fotografía de Manel. De una forma u otra, la noche está presente, permanentemente, en sus trabajos y exposiciones.
La suya es una noche atemporal, dando la impresión de que el paso del tiempo se manifiesta y se hace visible.
La España plural y diversa, tiene la obligación de prestar atención a las manifestaciones culturales que acontecen fuera de la meseta.
Me ha parecido oportuno dedicar unas parciales e incompletas observaciones a analizar los documentos gráficos de Manel Esclusa.
La riqueza de la España diversa y plural está en contemplar, en una visión de conjunto, las manifestaciones que se producen en todos los lugares de lo que, con un lenguaje añejo, algunos denominan “la piel de toro”.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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