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EL PERIÓDICO
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Algunas reflexiones sobre el fascismo en el Reino Unido


El fascismo irrumpió en casi todos los países europeos en mayor o menor medida en el período de entreguerras. A pesar de la fortaleza de las instituciones políticas, económicas y sociales británicas, el Reino Unido no se vio libre de esta experiencia, aunque en un grado mucho menor que el que pudo padecer la III República Francesa, por poner otro ejemplo de democracia consolidada. No supuso un peligro gravísimo para su estabilidad, pero sus conexiones con la Italia fascista y la Alemania nazi, así como la existencia de un importante sentir favorable a lo que estaba ocurriendo en estos países entre sectores influyentes de las élites británicas, no permite que sea considerado como una simple anécdota histórica.

Los sectores políticos y sociales ultraconservadores británicos reaccionaron con fuerza en los años posteriores al final de la  Primera Guerra Mundial a una serie de acontecimientos que consideraron inaceptables: la huelga general de Glasgow de 1919, el triunfo laborista en las elecciones generales de 1923 y la huelga general en todo el Reino Unido de 1926. Esta reacción se cristalizó en la creación de grupos de ideología fascista, como los British Fascisti (1923), que se organizaron en torno a la figura del duque de Northumberland, y la Imperial FascistLeague de Arnold Spencer Leese, con un marcado carácter antisemita. Pero la fortaleza electoral del Partido Conservador a partir de 1925 y la menor percepción del supuesto “peligro rojo” rebajaron mucho no sólo la tensión sino la importancia de este primer fascismo británico.

El resurgimiento del fascismo, en torno a Oswald Mosley, se relaciona con el contexto de la crisis de 1929. Mosley era un joven político de origen aristocrático, vinculado a los movimientos de reconstrucción después de la guerra y decidido impulsor de la Sociedad de Naciones. En 1920 se afilió al Partido Laborista y parecía una figura emergente en el laborismo por su brillantez. Ante la virulencia de la crisis del 29 Mosley defendió que el partido apoyara un fortalecimiento del poder del ejecutivo y el intervencionismo. Pero el laborismo no le apoyó y eso provocó que fundara un nuevo partido, el New Party, formación previa a la British Union of Fascists de 1932. Mosley adquirió un fuerte protagonismo político y social, convencido de su papel casi mesiánico para salvar al Reino Unido. Mosley admiraba las experiencias italiana y alemana.

En los años treinta, el fascismo británico aglutinó a las fuerzas ultraconservadoras y tuvo una evidente presencia en la sociedad, a través de las manifestaciones políticas y el aparato escenográfico propio del fascismo. Pero, en realidad, el fascismo no tuvo un fuerte calado social por la fortaleza del gobierno conservador de Stanley Baldwin y por una cierta recuperación económica. En 1939, en vísperas del comienzo de una nueva guerra, la relevancia política de Mosley estaba bajo mínimos.

Por último, debemos insistir en la importancia de que una parte de la élite política británica, encabezada por el efímero monarca Eduardo VIII, vio con buenos ojos al fascismo italiano, además de tender a un arreglo político con Hitler para evitar el conflicto o terminarlo, una vez comenzado, aspectos que, en los últimos años, han recibido una gran atención por parte de la historiografía británica, como estudiamos en otro artículo.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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