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Bola de sebo y de coronavirus

«La delgada capa de pudor que barniza a toda mujer de sociedad no recubre sino la superficie», Bola de sebo, Guy de Maupassant

He aquí que ella, Bola de sebo, encarna la metáfora más cruda de la condición humana en su versión más descarnada y desenmascara absolutamente una sociedad resumida en un carruaje de apenas 10 ocupantes, arquetipos de indolencia y sumisión, burgueses y patriotas bien pensantes y feroces críticos de lo mismo que pretenden, ella que está en medio de todos, dando sin recibir, generosa, y sensible a las penas de los otros, siempre mal pagada en su renuncia. La figura despreciada por los mismos que la utilizan y prostituyen sin la menor repulsa.

¿Cuántas bolas de sebo empanadas en coronavirus estamos permitiendo?

Muchas, demasiadas, que siguen haciendo el viaje llorando en silencio. Tantas que no tienen nombre propio, pero que van engordando listas de heroínas y víctimas en proporciones que nunca sabremos. Numerosas Bolas de sebo toleradas, utilizadas, abusadas y despreciadas en esta niebla de abandono y confinamiento que todo lo desdibuja. Aunque estos tiempos las escondan, no por eso duele ni ofende menos, en estos momentos propicios para cerrar los ojos y embadurnar las paredes con posits de convencimientos y buenas intenciones aplazadas. Entre ellas, devolverlas a sus lugares de procedencia, que no olviden que aunque ahora se les consienta ciertos relajos y devaneos banales, todo eso acabará en cuanto recuperemos nuestro vivir de cada día. Hay, pues, mucho miedo entre las señoritas Bolas de sebo que creyeron ser aceptadas por fin y se han dado cuenta, de manera definitiva y sin ambages, de la crueldad de una sociedad que siempre, una y otra vez, abusa de los humildes, sin dejar de discriminar a las clases sociales más desprotegidas.

¿No lo estamos acaso viendo en este contexto de vidas mal vividas mientras que, al igual que el relato de Maupassant, avanzamos arrastrando la narración cronológica sin una estructura ética definida, para hacer que todas las Bolas de sebo terminen pagando las consecuencias de los que siempre salen más ricos y fortalecidos de situaciones de alarma y desesperación?

Por eso, desde aquí, a todas mis señoritas Bolas de sebo: gracias.

Mi reconocimiento a vuestra labor, siempre ingrata por clandestina, por arrimar el hombro cuando se pidió la colaboración de todos sin distinción y por creer que esto os incluiría también cuando vuelvan los buenos tiempos. Sabed que aunque tengamos que lucharlo, aquí estaremos los que lo recordaremos y reivindicaremos con vosotras cuando haya lugar. Si todo comenzó con la carencia y el rechazo hacia vosotras, todo debe terminar en justa aceptación y retribución a vuestra generosa ofrenda.

Bola de sebo es un relato tan vuestro como la cara B del coronavirus. 

Filóloga y traductora