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Manuel Sacristán (1925-1985): Un pensador comprometido y un filósofo riguroso en tiempos oscuros

“la obligación idealizada de toda persona decente

tendría que ser asumir el compromiso de conocer y

cambiar el mundo, disfrutando de la vida y ayudando

a los demás, sin poner en peligro la supervivencia de

la especie humana”

Manuel Sacristán

Manuel Sacristán fue, ante todo, un intelectual lúcido y un pensador contra corriente. Sin dejar de ser nunca un hombre de su tiempo, mantuvo una posición crítica y abierta más allá de toda ortodoxia reduccionista. Quiero recordarlo impulsando uno de sus últimos proyectos, la revista “Mientras tanto” fundamental para entender el pensamiento de izquierdas en la transición y que conjuga con una valentía que no se pondría de manifiesto hasta décadas más tarde, marxismo, ecologismo y feminismo.

Desde principios de los setenta, en que empecé a leerlo a cuenta gotas ya que era una época de censuras y prohibiciones, confieso que me deslumbró. Procuraba hacerme con sus libros, con las revistas y hasta con textos mecanografiados. Soy de los que piensan que entender el presente es medirse con el pasado.

Su marxismo era fresco, joven y fuera de toda retahíla escolástica que acompañaba a otros “santones y mandarines” de la época. Gustaba citar un pensamiento de Hannah Arendt con el que se sentía identificado “el hombre es un ser para la vida”.

Estaba abierto a cualquier movimiento ideológico, político o cultural. Coincidía con Julio M. Sanguinetti en que “se corre tan deprisa y se piensa tan lentamente”… y claro así nos va… sin llegar nunca a ninguna parte por mucho que corramos.

Todavía no había llegado la época de los acelerones, un tiempo en que la velocidad parece un fin en sí mismo. En líneas generales no se revisaba nada en profundidad, sino que cualquier proyecto o propuesta intelectual o cultural era abandonado caprichosamente, para ser de inmediato sustituido por otro. Todavía, los paradigmas económicos no eran tan asfixiantes como ahora, pero ya se atisbaba en el horizonte algo de lo que han traído después en forma de explotación, retroceso o fraude.

Defendió con ahínco la necesidad de redoblar los esfuerzos civilizadores e intuyó lo que traerían consigo tanto nihilismo, tanto doctrinarismo ramplón y tanta desideologización. Siempre con inteligencia y finura analítica sacudía “los lugares comunes” que se iban instalando y ponía de manifiesto la pobreza conceptual de muchos tópicos que se iban abriendo camino… por desgracia, para quedarse.

Para un pensador tan serio y riguroso como Sacristán, la historia no podía ser una moneda de dos caras, que se lanza al aire cada cierto tiempo… para ver de qué lado cae.

Como era de temer, el segundo Centenario del nacimiento de Karl Marx ha pasado, en general, casi desapercibido. Para muchos, que presumen de intelectuales, el marxismo es una carga que hay que arrojar por la borda para sentirse ligeros de peso e ir de “flor en flor” en una actitud, tan frívola desde un punto de vista intelectual, como carente de entidad.

Sacristán una vez más, dio una inteligente lección de serenidad y de esa sabiduría que nace de un contacto sin prejuicios con la filosofía y el pensamiento de aquellos autores que tenían algo original que decir y que, por supuesto, eran prácticamente desconocidos por estos lares.

Es imposible señalarlos a todos, pero me atreveré a citar al propio Marx, a Engels, a Theodor Adorno, a Antonio Gramsci, a Galvano della Volpe, a Herbert Marcuse y a Ágnes Heller, entre otros.

Antes de pasar a los aspectos centrales de este ensayo, me gustaría sugerir al lector que consultara Panfletos y Materiales, una antología de artículos y textos breves, recopilados en varios volúmenes, por la Editorial Icaria, donde se aprecia la agudeza y penetración de su pensamiento y los diversos enfoques de ayer y de hoy sobre los que nos legó análisis críticos y transformadores.

En la revista Mientras tanto, que hemos citado con anterioridad, en octubre de 1983 (nos 16/17), apareció uno de sus textos, que considero de gran interés, bajo el epígrafe ¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?

Comienza por afirmar que se seguirá leyendo a Marx, aunque sagazmente completa este aserto añadiendo “si es que se lee algo”. La primera afirmación rotunda que comparto es que Karl Marx es un clásico. El viejo de Treveris es un filósofo y economista escurridizo, difícil por tanto de atrapar. Hay un Marx filósofo de la Historia, otro con enfoques sociológicos, un analista político y un pensador transformador…

Algunos autores han querido convertir a Karl Marx en un positivista, ¡craso error! Leerlo y admirarlo no puede separarse de ver en él reflejada la filosofía de Hegel. Sin especulación hegeliana alguna, Marx no sería Marx. No hace falta llegar muy lejos para ser consciente de que su pensamiento va más allá de la mera crítica de la teoría.

El pensamiento de Karl Marx indica, con precisión Sacristán, es “abarcante”: filosofía, sociología política, economía e historia porque es mucho más historiador, aunque de otra forma de lo que se cree en un primer acercamiento.

Por otra parte y, este es otro acierto, cuando se lee a Marx conviene remontar un poco el vuelo y no quedarse en un “determinismo fatalista”. También, hay que ir más allá de la disputa, a veces excesivamente simplista, entre “economicistas” y “dialécticos”.

Se atreve a casi todo. Lógicamente también, critica a Hegel y es que no todo lo real es racional; más bien casi nada.

Llegados a este punto, Sacristán descubre sus cartas. Lo importante para él y para nosotros, añadiría yo, es como hay que actuar sobre los datos, que la realidad nos ofrece para promover la realización, aquí y ahora, de los valores socialistas. Añade oportunamente, que hoy, hay que tener muy presente la tecnociencia, para bien y para mal.

Manuel Sacristán se muestra decididamente partidario de seguir leyendo, de dar otra vuelta a los Grundrisse, donde Karl Marx percibe los efectos destructores, que contiene el progreso técnico, capaces de devastar la naturaleza. Esta crítica volverá a formularla en el libro primero de El Capital. Se muestra el viejo de Treveris, especialmente lúcido, en su contundente crítica del “supuesto progreso capitalista” y sus consecuencias sociales notoriamente injustas.

Hay que dejar atrás, por tanto, la creencia en la mecánica de reproducción indefinida y, al mismo tiempo, hay que superar, la tan traída y llevada fe hegeliana en la racionalidad de lo real.

El ensayo finaliza comentando la idea de si la naturaleza del socialismo del futuro es hacer lo mismo que el capitalismo o consiste en ensayar otra cosa. El interrogante planteado es de envergadura y a los hombres y mujeres que vivimos en el siglo XXI nos deja la tarea de responderlo y de fundamentar críticamente las respuestas.

A veces, da la impresión de que en el siglo XXI los hombres caminamos al encuentro del desastre. El hipercapitalismo nos ha conducido al borde del precipicio. Si no fuera trágica, la situación sería grotesca y podría ejemplificarse en una timba en la que tahúres juegan una siniestra partida con cartas marcadas. Todo se desdibuja y parece que la realidad presenta una faz de falta de prestigio, de decadencia y de ausencia de futuro.

La pesadilla se completa con unos fantoches vestidos de negro, sombríos y con sombreros de copa que nos urgen a que les devolvamos lo que no nos han prestado nunca, portan bastones que cercenan y amputan como espadas, diversos miembros de nuestro cuerpo social. Todo es desolación y estos sicarios, no son otra cosa, que “expertos en demoliciones”.

Pocos filósofos han entendido y asimilado el pensamiento italiano como Manuel Sacristán. Citaré sólo un ejemplo, en 1967 escribió La formación del marxismo en Gramsci. Ha sido un embajador de lujo, un introductor cualificado de Gramsci entre nosotros. El análisis minucioso, certero y crítico del pensamiento gramsciano es recurrente en toda su obra. Sólo añadiré El orden y el tiempo: introducción a la obra de Antonio Gramsci que debe leer y releer todo el que quiera aventurarse más allá de los tópicos en el filósofo italiano.

Digo esto, porque el tan tergiversado Gramsci, el tantas veces malinterpretado y citado como cortina de humo, por parte de intelectuales, supuestamente muy modernos que, sin embargo, niegan en la práctica lo que dicen defender en teoría.

Trabajó con el cuidado que solía, la Antología de la Editorial Siglo XXI, de textos de Gramsci, vertidos al castellano por el propio Manuel Sacristán conservando todo su valor crítico así como su instinto a la hora de seleccionar los textos.

El movimiento se demuestra andando. Toda su vida estuvo marcada por la discreción. La invasión de Checoslovaquia por los tanques soviéticos, supuso para él un duro golpe, más hasta el año 1979 no hizo público que había abandonado el PC y el PSUC.

No significa esto que abandonara su compromiso político. Formó parte del Comité Antinuclear de Cataluña y, desde una posición eco-pacifista, defendió con la pluma y en la calle, la no pertenencia de España a la OTAN.

Mención aparte, como ha señalado en más de una ocasión Fernández Buey, merece su dedicación a lo largo de muchos años a los Quaderni del Carcere, donde profundiza en la reflexión político-cultural pero, también, moral del filósofo italiano.

Obviamente, Gramsci no es un pensador embalsamado como tantos otros contemporáneos que carecieron de su heterodoxia y de su capacidad para adentrarse por terrenos difíciles y escarpados. A su modo es un clásico y por tanto irradia vida. Manuel Sacristán con suma destreza, huye de toda instrumentalización de Gramsci y sugiere una serie de caminos para afrontar y extraer toda la potencialidad de su pensamiento crítico.

Para mí, este enfoque es inseparable de un planteamiento filosófico capaz de penetrar en la evolución del marxismo, contemplando éste, no como un “corpus cerrado” sino como una filosofía repleta de cultura y de moral, indispensable para entender los años tumultuosos y trágicos del fascismo mussoliniano, entre otras cuestiones.

De Manuel Sacristán se ha dicho que tuvo el mérito indiscutible de introducir el pensamiento de Gramsci, vivo y fresco, en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo. Esta revisión crítica se le debe seguir reconociendo hoy.

Permítaseme que del conjunto de estas reflexiones, rescate la que hizo de El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel, que contiene múltiples aciertos analíticos y anticipaciones dignas de ser tenidas en cuenta.

Dentro de poco, en 2025, conmemoraremos el Centenario del nacimiento de Manuel Sacristán. Su legado lo tenemos ante nosotros: en sus obras, en las páginas de las revistas que impulsó y en su aliento incansable.

Sería una prueba de que no hemos olvidado lo mucho que le debemos que empezáramos a preparar el Centenario, no como un ritual sino como una oportunidad de poner en valor su visión crítica y el rigor de su pensamiento.

Sus obras deben volver a editarse y releerse. Deben consultarse sus archivos y revistas como Nous Horitzons, o Mientras tanto, ya que constituyen un ejemplo cualificado de sus aportaciones a los debates ideológicos y a la crítica cultural.

No estaría de más que se analizasen lo mucho que tuvieron de premonitorios sus postulados en medio de tanta hojarasca.

Las generaciones jóvenes deben tener la oportunidad de conocer y valorar el pensamiento de Manuel Sacristán… y a nosotros nos corresponde facilitarles el camino.

Fue sin duda, uno de los filósofos políticos imprescindibles del siglo XX y que hay que recordar y poner en valor en el XXI.

Siempre dispuesto a evolucionar sin encasillarse nunca. De él aprendimos que hay que comprender y comprendernos en el proceso histórico del que formamos parte. Esa fue su propuesta filosófica y vital.

Finalizo este pequeño ensayo con una reflexión suya, formulada con ocasión del Centenario, en 1983, de la muerte de Karl Marx: “Todo pensamiento decente ha de estar permanente en crisis”.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.