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El coronavirus a través del espejo

«Cuando el día se convierte en noche y el cielo se convierte en mar, cuando el reloj suena pesado y no hay tiempo para el té. Y en nuestra hora más oscura, antes de mi rima final, ella regresará a casa en el País de las Maravillas y hará retroceder las manos del tiempo»

Atrévete a atravesar la imagen que ves delante: solo tienes que mirar fijamente hasta que la superficie de cristal se vuelva blanda, los perfiles corpóreos se disuelvan y la realidad entre en fase niebla. Y entonces, el espejo hará desaparecer el coronavirus. Cuidado, Alicia, que no te engañen tus ojos, lo que percibes como realidad bien pudiera ser una ilusión de los sentidos. Lo colectivo tiene mucho poder, el Gran Hermano en internet observa y propaga. Cuando estás ante el espejo, cedes tu individualidad porque intercambias tu identidad con los demás que están al otro lado del espejo. Pero atención, no olvides que un espejo proyecta. Y no siempre muestra lo propio. Es más, puede tomar lo ajeno para magnificarlo cientos de veces hasta hacer que sea una realidad en sí misma, reflejada como la piedra que crea ondas infinitas en el agua. Pero eso no es más que simetría gemelar, expansible hasta el infinito y puede hacerse para bien o para mal. Miles de Alicias en el espejo del coronavirus.

El verdadero poder y regalo del espejo es convertir a la gente normal en personas poderosas por su propia fantasía e imaginación. Invita a salir de las cuatro paredes de confinamiento y entrar en universos ilimitados y atemporales. Es la moneda que introduces en la ranura que abre el mundo más allá de tu espejo. El mensaje fundamental que te da es que no confíes en tus ojos. Ni en tus oídos. En realidad, que no confíes en nada sin más, porque todo lo que percibes es una ilusión. Plagada de elementos muy reales, bien es cierto, pero a la que hemos regalado nuestra capacidad crítica. Dentro del espejo todo puede pasar, las leyes que conocemos se rompen en añicos de cristales para componer una nueva realidad, como esa Alicia que sobrevivió a su primera experiencia irreal. Nosotros lo estamos haciendo ahora a nivel colectivo. Todos estamos caminando como ella por un universo de casillas de ajedrez en blanco y negro que nos hace pisar entre líneas los muchos planteamientos lógicos e ilógicos a los que nos vemos sometidos. Estamos en un constante plano de realidad irreal donde lo absurdo roza constantemente lo cotidiano. Una especie de sombrereros locos repartidos por la red y enormes relojes que nos marcan los muertos y los vivos, mientras avanzamos con Alicia por los rangos del ajedrez. Así, nosotros a medida que pasa el tiempo vamos viviendo capítulos surrealistas de esta enfermedad, junto con otros más fieros en los que nos damos de bruces con la Reina (de) Corona Roja que corta cabezas sin motivo ni distinción. Al principio, teníamos tan poco control sobre la trayectoria de nuestra vida como Alicia, al igual que las fuerzas externas influyen en nuestras/sus elecciones y acciones, de la misma manera que no tendrá/tendremos poder sobre la inevitable maduración y aceptación de las cosas para convertirnos en reyes y espejos de nuestro propio destino. Pero ahora la cosa puede cambiar. Mira tu reloj.

Alicia a través del espejo. Vuelve. 

Filóloga y traductora