Queda mucho por hacer que solo puede hacer el PSOE
La Constitución Española establece legislaturas de cuatro años, y ni tan siquiera han pasado dos desde las últimas elecciones generales.
- Publicado en Opinión
La Constitución Española establece legislaturas de cuatro años, y ni tan siquiera han pasado dos desde las últimas elecciones generales.
Europa, de nuevo, parece haber perdido el juicio. Y asume los aires de guerra que llegan del Atlántico. El desplazamiento del centro de gravedad de la OTAN hacia el Este europeo, explícito en la reciente integración en sus cuadros de mando de lituanos, estonios, polacos y euro-orientales en general, es todo un síntoma del carácter ofensivo que la organización militar estadounidense se propone atribuir a Europa, cuya frontera bélica Washington lleva al límite continental con Eurasia. Y Europa lo hace con la aquiescencia -¿o la inconsciencia?- francesa, alemana y, sobre todo, británica. Todo indica que la confrontación con la Federación Rusa no le resulta suficiente a la OTAN y se pertrecha para convertir Europa en la avanzandilla y el escudo estadounidense de la guerra que la Casa Blanca perpetra contra China.
Analizar la política cada vez se aleja más de la cordura. No hay nada nuevo que no se haya practicado antes. La derecha política y mediática es una verdadera maestra en la escenificación, la manipulación, el insulto directo, la desvergüenza y la negatividad.
Hay varias maneras de estar desinformado. Una es estar desconectado o no tener acceso a medios de comunicación. Esta primera opción resulta difícil. ¿Cómo te aíslas? Si lo miramos bien, no es tan mala opción si queremos tener una vida digna y no estar sometidos a una presión constante en la que más que informarnos, se trata de sufrir un estrés continuo por no saber si lo que consumes tiene una mínima calidad o si, por el contrario, es solo “grasa” que funciona como distracción manipuladora. Obviamente, el resultado es que quedas como un elemento extraño, antisocial y ajeno a la realidad. La opción contraria, que es estar hiperconectado, leyendo todo lo que encuentras en los periódicos, en las redes, en medios de todo tipo sin distinguir sesgos ni intereses, sin diferenciar entretenimiento de información, sin matices entre periodismo y opinión, te acaba intoxicando por exceso y, sobre todo, porque ya no hay manera de saber qué es falso y qué es pura invención. Los rumores y las noticias se superponen, y lo que prometen los titulares de clickbait no te acaban dando lo que prometía ese tentador redactado que funciona como un anzuelo. A la hora de estar informados, también menos, es más. Si no sabemos el origen y la autoría de lo que consumimos, si las informaciones no responden a una cabecera y a periodistas reconocidos por su responsabilidad profesional, acabamos intoxicados —ahora lo llaman infoxicación— y, con seguridad, nada informados.
A sus 87 años, el rey emérito Juan Carlos I planea publicar sus memorias, tituladas irónicamente Reconciliación, desobedeciendo el viejo consejo de su padre: «Los reyes no se confían a nadie. Y mucho menos en público». En el primer párrafo del libro, el exmonarca confiesa haber cambiado de opinión porque siente que le están robando su historia. Esta decisión de narrar públicamente su vida —tras décadas de poder, honores y escándalos que acabaron en su abdicación y exilio— plantea complejas cuestiones ético-filosóficas. ¿Puede una autobiografía real ser un verdadero acto de contrición y servicio a la verdad histórica, o será un ejercicio de vanidad para reescribir el pasado en su favor? Entre la memoria y la responsabilidad, entre el poder y la vergüenza pública, el proyecto de Juan Carlos I de contar su versión merece una reflexión crítica y matizada sobre el valor de la confesión pública y sus riesgos.
El PSOE está viviendo una etapa de gran tensión e incertidumbre. Corren ríos de tinta y opiniones desde todas las direcciones que presagian una cierta “pasokización” del socialismo español, junto a la caída de sus dirigentes y, por extensión, del gobierno progresista. La gravedad bien reconocida del tema –esto nadie lo pone en duda– no evita que se aprecien tratamientos informativos que, presumiendo de equidistantes, acaban por ser severamente exigentes –y extremadamente críticos– con los socialistas, pero mucho más tibios, en contraste, con lo que acontece en los numerosísimos casos de corrupción en el PP y otros que ya se atisban en el horizonte inmediato. En tal contexto, pasa desapercibida toda una agenda positiva, de carácter económico y social, mérito de un Ejecutivo de coalición con el liderazgo de Pedro Sánchez. Un presidente que ha tenido que capear con todo tipo de desafíos, desde el minuto cero: una pandemia letal e insólita hasta un apagón eléctrico, pasando por la erupción de un volcán, las consecuencias inflacionistas de la guerra en Europa, el impacto de una DANA, entre otros avatares inesperados. Debemos añadir a esto otro factor no menos lesivo: la estrategia para “deshumanizar” al presidente y a su entorno familiar más directo –su esposa y su hermano–, con todo tipo de descalificaciones y amenazas, y sobre fundamentos jurídicos muy discutibles –y puestos en solfa con argumentos solventes– desde ámbitos profesionales. Y, además, en un marco con dos características fundamentales:
El Madrid de verdad, el de los ciudadanos transparentes y solidarios, no el regido por déspotas iletradas y monaguillos medrosos, ha rendido homenaje a un barcelonés impar, Ignasi Riera, recientemente fallecido, que hace 22 años decidió establecerse en Madrid tras dedicar gran parte de su feraz vida al activismo social y cultural, como editor, periodista y político en el Parlament y en la vida municipal de Catalunya.
Felipe González, a escasas horas de conocerse la confirmación de la ley de Amnistía por el Tribunal Constitucional, era entrevistado por Carlos Alsina, en Onda Cero, para manifestar, entre otras cosas, que la “la ley de Amnistía es un acto de corrupción absoluto, en el peor sentido de la palabra”. El tribunal de garantías dice que “la ley impugnada responde a un fin legítimo, explícito y razonable”. Legitimar es probar o justificar la verdad de algo o la calidad de alguien o algo conforme a las leyes. Explicitar es hacer que algo sea evidente. Ser razonable es adecuado o conforme a razón, proporcionado o no exagerado. La moción del ex presidente González contra la definición de la Real Academia para concluir que la ley recurrida por el Partido Popular es un acto que persigue un fin corrupto coloca al dirigente de los años finales de la transición en una situación de mentís colosal al tribunal de garantías constitucionales y a la dirección del partido socialista, en un desacuerdo total sobre un texto legal sobre el que se vertebra una acción de gobierno, desde el 16 de noviembre de 2023, en que fue investido Pedro Sánchez. Con más o menos disimulo, González ostenta una trayectoria de oposición a los distintos gobiernos de Sánchez, incluso nunca dudó en hacer ostentación de “jamás fue mi candidato a secretario general”. Hasta aquí, el planteamiento puede desarrollarse con aires de naturalidad, enmarcarse en la libertad expresión, el estatuto de ex presidente que parece facilitar la tolerancia por cuanto haga o diga. La figura del ex presidente suele ser consultada para el establecimiento de comparativas en torno a situaciones de parecido o similitud.
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