Si Borja Sémper ha impuesto una renovación del cliché de representante del PP, con imagen, desenvolvimiento y mensaje de novación de modos y maneras, el equivalente sorpresivo en el inicio de esta legislatura por el lado socialista ha emergido con motivo de la investidura de Feijóo. Se llama Óscar Puente, clásico del municipalismo en Valladolid y sobradamente preparado para su presentación rutilante en el Congreso de los Diputados, donde en breves minutos ha devastado la imputación sobada de la lista más votada como derecho con olvido de su utilización como maquinaria industrial en la obtención de alcaldías en toda España, con ejemplos lacerantes en Toledo, Guadalajara, Elche, Alcalá de Henares y, para culminación de la enumeración, Valladolid, donde Puente ha ensayado todos los aprendizajes políticos y cuyo examen en plena cátedra ha celebrado en la sesión preparatoria de la entronización de Feijóo con todos y cada uno de los honores.