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Feijóo transforma el relato


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Alberto Núñez Feijóo quiso empatizar con los medios de comunicación (periódicos, digitales y audiovisuales), con ensayo de distensión con pulpo por medio. Aquel pulpo compartido entre jefe de la oposición y periodistas, con su sabor y textura, a diez días de la cita electoral, ha acortado precisamente en diez días la campaña que daba soporte a la convocatoria. Ni pellets ni tractores.

La visión renovada de la amnistía, la reflexión sobre el indulto, ha abierto de par en par las tripas del Partido Popular hasta tal punto que de aquí al domingo 18 de febrero no va a producirse nada ni nadie en el seno del PP que amortigüe la declaración de comprensión hacia la fórmula del indulto a Puigdemont. Tanto si el partido de Feijóo gana como si pierde sin poder formar gobierno en la Xunta de Galicia, las elecciones gallegas habrán quedado en segundo nivel de atención para girar en torno al paroxístico vuelco de opinión de su principal valedor.

Ello equivaldría a manifestar un error de apreciación de tal calidad en un asunto capital sobre el cuerpo doctrinal que la vertebración política de todo lo actuado por la oposición del PP quedaría desdibujado de tal manera que la compactación de contenidos dejaría de ser tomada en consideración. Nada de lo dicho y pregonado desde el 23-J podría ser mantenido sin caer en los límites del menoscabo de la credibilidad. Este trallazo argumental no podría ser digerido por la clientela de la formación conservadora sin el transcurso de un tiempo de maduración que dejaría por el camino estelas de contradicción y aceptación de esta contorsión tan extraordinaria.

La acumulación de carga gramatical contra la inclusión de Junts en la ecuación de investidura y empuje para la formación de gobierno a cambio de la prestación y convalidación de medidas de gracia, la negación de la participación en el juego de mayorías parlamentarias, los modos y maneras de abjurar de cualquier entendimiento con las fuerzas nacionalistas, especialmente aquella que gozaba del mascarón del prófugo, todo ello conforma un conjunto de oposición frontal cuyo crecimiento y desarrollo hace ejercicio de colapso por un espasmo anómalo e imprevisible.

Este violento cambio de percepción de la realidad, naturalmente, solo puede generar preguntas, no solamente entre los agentes externos a la obediencia del Partido Popular, sino en su mayor proporción entre los propios del equipo de la gaviota, en cuyos cuadros y estructuras de gobierno en las distintas administraciones puede provocar verdaderos cataclismos de naturaleza política. Quizá la campaña gallega continúe por sus demarcaciones estrictamente geográficas en el intento de marginar lo dicho por Feijóo como una extravagancia pese al ADN gallego imposible de deslindar del inquilino jefe de la sede de la calle Génova madrileña.

Pero ese mismo ejercicio de comprensión sería imposible de presumir de la capacidad de intuición pública de Isabel Díaz Ayuso, quien probablemente vería en este giro tan inusual el momento pocas veces imaginado de un volantazo brusco sobre el que conviviesen las necesidades colectivas de un factor nacional con las estrictas y ambiciosamente privadas de la presidenta de la comunidad de Madrid.

Algo o mucho puede cambiar a partir de esta inesperada transformación del relato de marca catalana. El biógrafo de Nietzsche, Reginald John Hollingdale, hace mención de algunas menudencias del pensador, entre otras insiste en que “la historia se ocupa casi exclusivamente de hombres malos, que ¡más tarde fueron declarados hombres buenos!”. De aplicación al momento presente.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.