El Socialista teorizaba sobre los partidos y los programas políticos en una columna que se insertó en su número del 28 de julio de 1927 a cuenta de unas declaraciones de Mussolini.
Hasta el presente parecía creencia general que los partidos políticos que aspiraban a gobernar debían conocer a fondo los problemas de su país y formular programas como proyectos para darles solución.
Pero Mussolini acababa de expresar que el había triunfado porque no tenía programa. Los socialistas españoles no entraban a examinar lo que Mussolini consideraba triunfo suyo, pero sí que ellos anhelaban que cuando se llegase al poder el pueblo debía estar capacitado políticamente para colaborar con la obra del Gobierno.
Sin esa colaboración en las funciones de gobernar no había posibilidad de establecer un régimen democrático. Y para que eso ocurriese era necesario que los partidos tuvieran programa.
El mismo no podía ser un discurso más o menos elocuente de un caudillo político. El programa de un partido político debía ser elaborado por la masa de dicho partido porque eran los ciudadanos los que mejor conocían la realidad que padecían. El pueblo constituía el elemento más autorizado para esa tarea.
Los socialistas estaban defendiendo la llamada a la ciudadanía para intervenir en la actuación política, en la función diaria que se realizaba y eso constituía una escuela de aprendizaje porque iba capacitando al pueblo para ejercer la administración y dirección de la cosa pública.
Ciertamente los problemas políticos eran cada vez más complicados y por eso había que estudiar y trabajar, observar cómo vivió la Humanidad, como se vivía en el presente y tener clara visión de cómo se había de vivir en el porvenir. Un gobernante debía tener conocimiento de un sinfín de cuestiones. Por eso eran necesarios los programas políticos como eran necesarios los partidos políticos.
Los partidos si estaban inspirados en ideas sanas eran la médula del progreso de los pueblos. Cada partido luchaba por que triunfase su programa y esa pugna estimulaba las energías vitales del espíritu ciudadano, las ideas se ensanchaban y se hacían fecundas con la crítica de unos y de otros.
Solamente los partidos políticos con programa definido y bien trabajado avivaban el espíritu y sostenían la “pasión ciudadana”. Para los socialistas despertar la pasión por un ideal era fundamental para la emancipación del pueblo.
Nadie habría contribuido tanto a aumentar la cultura de los pueblos como los partidos políticos, sobre todo los de la izquierda, porque se habrían dedicado a despertar la conciencia, generalmente aletargada, siempre según nuestra fuente, por los partidos gobernante.
Todo un canto a la política, a los partidos políticos y a la fundamental misión de los partidos políticos, sin olvidar su defensa de los partidos de izquierda.





