Los griegos. Heráclito. XLI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El fuego, cuando una determinada cantidad se extingue, se vuelve a encender, en una parte proporcional:
“No está todo él ardiendo a la misma vez y, siempre estuvo y siempre estará en ese estado. No podemos hallar, en consecuencia, en él, una cosmogonía en el sentido milesio. No es posible que el fuego, sea una materia prima original, a la manera que lo era el agua o el viento, para Tales o Anaxímenes. Es, no obstante, la fuente continua de los procesos naturales. Sobre las relaciones entre fuego y mundo, Barnes hace una precisión, que merece la pena tener en cuenta, al distinguir entre “made from” y “made of”, en un juego de palabras difícil de traducir al castellano, esto es, las cosas mismas están “hechas del fuego, pero no “hechas” de fuego, en el sentido de que proceden del fuego, pero no “son” fuego.
Parece evidente, en suma, que el fuego no se entiende en este texto, únicamente como el principio material, que constituye la totalidad de lo ente, sino, en esencia, como un símbolo o protoconcepto filosófico, que trata de representar la potencia organizadora que articula, en la naturaleza, la generación y regeneración, de formas de orden estables, sobre la inestabilidad de un fondo de desordenado, por mediación y medición del λόγος.
Como afirma W. Jaeger, en ninguna parte encontramos en Heráclito, la huella de una consideración, puramente teórica de las apariencias, ni la sombra de una teoría, puramente física. Lo que pudiera ser interpretado así, se halla en conexión con un contexto mucho más amplio y, también más profundo. Sus consideraciones físicas, por tanto, no son los principios de su visión del mundo, sino las consecuencias de la misma, pues no se entienden, sin las ideas de medida, juego y devenir.
Una historia de la filosofía, que no vea en los presocráticos, más que la aurora de la ciencia moderna, celebrará la tentativa, tan interesante como insuficiente, de aquellos que trataron de encontrar, el elemento primero de la realidad material, pero no dudará en calificar esta mentalidad, de “prelógica”, por no ser capaz de pasar, de lo cualitativo a lo cuantitativo, esto es, por no aplicar las matemáticas al estudio de la naturaleza, cuestionando, igualmente, la carencia de un saber técnico pujante y bien rematado. Vista la sutileza que se aprecia, en las intuiciones matemáticas de Tales o Pitágoras, no parece que el problema estribe, en una falta de conocimientos, sino en el estatuto ontoepistémico, que se concede a la naturaleza. Los primeros filósofos, no se querían dominadores de la naturaleza, sino “espectadores”, dado que partían de la esencial unidad, entre el hombre y la naturaleza, sino “espectadores”, dado que partían de la esencial unidad, entre el hombre y la naturaleza. La naturaleza no era para ellos, un objeto frente a un sujeto, sino un horizonte, que englobaba también al hombre y a lo divino, como se ha dicho: “El mundo tenía que ser entendido, pero no había, ninguna necesidad de cambiarlo”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.