Preguntas y respuestas
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
El invierno es ideal para pararse y reflexionar, observar con calma lo que ocurre a nuestro alrededor y hacerse las preguntas necesarias, ¿Qué está pasando? ¿Quiénes son los actores de nuestra realidad?¿Cómo es posible que existan tantos personajes insustanciales, vendiendo humo y vacío? ¿Cuánto nos cuestan las decisiones erróneas o los silencios incompetentes de algunos de nuestros políticos? ¿Para qué tantos esfuerzos y tan pobres resultados? ¿Por qué se empeñan los apóstoles de la fe en convencernos de todo aquello que ellos no practican? ¿cuándo seremos capaces de conseguir el premio de encontrarnos con nosotros mismos’? ¿Dónde está la verdad?
No son quizás los momentos de interrogarnos con cuestiones trascendentales, ya que estamos lleno de dudas que por mucho que nos preguntemos no encontramos respuestas, salvo aquella que dice ¿Es manifiestamente empeorable la programación televisiva?
Sin lugar a dudas si, en todos los canales sin excepción Nade nos ha explicado, porque los psicólogos y los sociólogos se empeñan en darnos todo tipo de razones, sobre lo bueno y positivo que es volver al trabajo después de un periodo de días festivos, mientras a nosotros tras estos días se nos va poniendo cara de pocos amigos y pronto seremos victimas del síndrome postvacacional con todos sus desagradables síntomas y secuelas.
Tampoco logramos entender porque algunos intentan deleitarnos con el ruido de sus ciclomotores o los tubos de escape de sus coches y la música a tope, pasando mayúsculamente de cascos, ordenanzas y código de circulación O por que aunque se pinten de rojo y blanco, los pasos de cebra son para algunos conductores y peatones elementos decorativos. Cómo es posible que se sigan despachando bebidas alcohólicas a menores en algunos establecimientos ¿Hay agentes encargados de hacer cumplir las normas? ¿Dónde están?
De la boca de unos y las opiniones de otros, continuamos sumidos en la confusión, porque nadie tiene la gentileza de abrirnos las ventanas de la razón, para que logremos comprender, como en un mundo como el nuestro con graves desigualdades que corregir, un individuo por darle patadas o encestar un balón o golpear una pelota con un palo o una raqueta cobra cientos o miles de euros.
En cuestión de pelotas, los alemanes han realizado varios estudios sobre los excrementos de sus vacas, tal vez podríamos realizar nosotros otro sobre la razón por la que nuestros perros llenan con sus cacas todas las aceras que se ponen a tiro, obligándonos a los viandantes a practicar el “salting” que es una nueva modalidad deportiva consistente en ir sorteando de puntillas las cagadas de los canes.
¿Habrá alguna relación entre la actuación de estos encantadores animalitos y sus respectivos dueños? Hay que decir en honor a la verdad y con rotundidad que si, porque frente a algunos guarros, la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas que sacan a sus mascotas, llevan su botellita con su correspondiente detergente y su bolsa de plástico para ir limpiando con esmero lo que sus perros nos expulsan en cagadas y orines.
Creo que hemos de acostumbrarnos a superar la indiferencia o el escepticismo, y no dejar pasar por alto a quienes olímpicamente se empeñan en complicarnos la convivencia ciudadana, en aquellos cuyo único deporte es gozar destrozando el mobiliario urbano, ensuciando nuestro entorno o simple y llanamente haciendo gamberradas para llamar la atención. Tenemos que denunciarlas y poner límites a quienes no saben que el ejercicio de la libertad es fundamentalmente respeto al otro, que es la mejor manera de respetarnos a nosotros mismos.