Todo está a punto
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
Presumir que todo está a punto para poder actuar sin ningún riesgo, o es una invención fantástica o una gran mentira. Sin embargo, a veces, decimos muy poco a pesar de emplear muchas palabras, y utilizamos el lenguaje como si fuéramos un reloj con una precisión fuera de toda discusión.
Normalmente sabemos lo que sentimos, pero desconocemos si estamos preparados para cualquier cosa que pueda ocurrirnos, o cuando nos sucederán nuevas experiencias, si estamos igualmente dispuestos a administrar nuestros fracasos y nuestros éxitos.
Cuando nos suceden algunas cosas por primera vez nos preguntamos, lo que hemos hecho para merecerlo, y si solo buscamos éxito y nos divertimos y lo pasamos bien, terminará siendo duro y sobre todo aburrido, porque no pensamos que ganarlo todo es en demasiadas ocasiones perderlo.
Quienes se regodean de ser perfectos y tenerlo todo a punto, les parece que poseen todo, pero la realidad les demuestra que por muchos disfraces que se pongan no tienen nada, en la mayoría de los casos están llenos de perjuicios y prejuicios.
La mayor tragedia o la gratificante comicidad es según para quien, en que tiempo y en que espacio. Todos hemos tenido en algún momento la tentación de sentirnos únicos e irrepetibles, hasta ahí puede que lleváramos razón. Lo peor es cuando esta singularidad se convierte en mirada hacia nos otros mismos, en puro narcisismo ególatra.
Nos damos cuenta, al fin y al cabo, que lo que es condición humana, degenera en patología, pura obsesión, y al personaje de turno “se le va la olla” y llega a creerse que si él no está, todo este invento se para, que el mundo se acaba y es el apocalipsis, el día del juicio final, la desaparición de todas las especies de la faz de la tierra.
Esto que les cuento no es ni fantasía ni creatividad, ni imaginación, ni ciencia ficción, no son barras ni estrellas, no son amores ni desamores, no son presentes ni recuerdos, no son bloqueos ni inspiraciones, es la vida misma en su dimensión más real e increíble, es la lógica de la ilógica y viceversa o la escasez de la opulencia frente a la grandeza de la dignidad, es la desilusión ante la esperanza, el proyecto en relación al vacío, no sucumbir a la tentación de que todo debe seguir igual porque lo mejor es producir la revolución de que el cambio es necesario y deseable.
En cualquier lugar, haciendo cualquier cosa, lo más previsible o lo más heterodoxo, ¡Qué más da!, cuando buscamos lo más gracioso, probablemente necesitaríamos lo hermosamente pequeño, instalados en la contradicción, perdidos en el bosque de la indiferencia, dando palos de ciego y sin números de la rueda de la fortuna o siendo capaces de ver qué hay detrás de las apariencias y con todas papeletas para conseguir el premio.
Esta relatividad y transitoriedad de nuestro papel en la vida, nos debe hacer reflexionar aún más si no, estaremos realmente perdidos cuando creemos estar más seguros o si tras la muralla de la certeza, sólo se esconde el miedo a la discusión, el debate y la duda. A medidas que somos capaces de mirar atentamente todo lo que nos rodea, de tomar distancia y observar lo que ocurre a nuestro alrededor sin contaminarnos afectivamente y nos ponemos en cuestión, somos capaces de conocer y reconocer que nos podemos equivocar, mientras que creernos en posesión de la única y sola verdad, cuales dioses del Olimpo es la mayor prueba de nuestra impotencia.
Lo que está claro es que en la mayoría de las ocasiones, todos los estímulos nos llevan a parecernos a los de los anuncios, a intentar emular a personajes de cartón piedra, falsos héroes de la pequeña pantalla, modelos de la nada, seres insustanciales que son la mejor vacuna contra cualquier innovación, siguen la moda fielmente lejos de sentirse tentados por la originalidad de salirse de las reglas establecidas y carecen de la más mínima dosis de creatividad, todo un repertorio para prevenirnos sobre la rebeldía, la contestación o la rebelión.