Preocupaciones y tranquilidades
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Tribuna Libre
La situación nacional e internacional nos generan preocupaciones y angustias y los diferentes conflictos bélicos que existen en distintas zonas de nuestro mundo, generando operaciones peligrosas y complejas que nos obligan a caminar contra reloj y fomentan crisis energéticas haciendo más vulnerables a los más débiles y poniendo en peligro a la ONU en medio de una situación en la que se juega su futuro por poner en peligro su papel mediador, romper el techo de cristal y ajustar su presupuesto.
En todo el espectro político, los votantes siempre han premiado la unidad en ámbitos ideológicos comunes. Esgrimir la verdad supone un ejercicio al País de primer nivel, mucho más que izar la bandera. Responsables públicos y medios deben responder al desafío de una conversación más frágil y manipulable.
En el horizonte inmediato, siempre la Luna: una esfera lo suficientemente distante como para fascinarnos, y lo bastante próxima como para empujarnos a la aventura. Querer mirar más allá de la Tierra no enmienda ni desdice nuestra condición humana. Más bien, la cumple. De ahí que siempre busquemos comprender, volver a medir, mirar más lejos y predecir lo que vendrá.
Este mundo se cae a pedazos y a cada paso insistimos en demostrarnos voraces, infalibles y crueles. Pero por fortuna, nuestra naturaleza sigue siendo más fuerte que nosotros y nos lleva a querer seguir entendiendo. Y si Platón no se equivocaba, ese afán no es más que el signo de nuestro apetito de bien, de verdad y de belleza.
Las redes sociales, a diferencia del periodismo, no han sido creadas para formar o informar a los ciudadanos sino para ganar dinero a cambio de secuestrar nuestra atención. Nunca fue tan apremiante la tarea de preparar a los ciudadanos para este nuevo paradigma del caos informacional como crucial la misión de un periodismo desafiado.
Perseguir la verdad y contarla al mundo, nos da tranquilidad, también en las redes sociales donde los ciudadanos y ciudadanas –equivocadamente o no- pretenden mantenerse informados. La convulsa situación mundial ha extendido un espeso manto de fatalismo entre la población.
Los datos son tajantes: casi el 70% se declara pesimista sobre el futuro; alrededor de la mitad augura que será violento, autoritario y desigual, mientras que no llega al 10% los que lo contemplan con esperanzas de mejoría en los próximos años. La posibilidad de una involución democrática en EEUU y la UE resulta verosímil para el 59% en el primer caso y el 54% en el segundo.
Sindicatos, patronales y administraciones públicas han mostrado su preocupación por el aumento del absentismo laboral sin que se haya traducido en ninguna medida concreta. Quizás lo primero sería contar con un diagnóstico preciso y sereno de las causas y factores que provocan este fenómeno y a partir de ahí aportar propuestas y consensuar soluciones.
Pero es urgente abordar el problema del absentismo. Y de ninguna de las maneras, la respuesta no puede ser estarse quietos, es decir la inacción. Están en juego muchos factores, entre otros la salud de los trabajadores y la productividad de la economía española.
La política se nutre tanto de sueños como de resultados. Con todo, los resultados, especialmente en un contexto tan desfavorable como el que estamos viviendo, no son en absoluto en absoluto desdeñables. No obstante no debe haber espacio para el derrotismo o el arrepentimiento. Por supuesto que se podían hacer más cosas y llegar más lejos, pero la pregunta a la que debe darse respuesta, es si en algún momento anterior de la democracia se había conseguido tanto. Yo creo que no. Eso debería ser suficiente para movilizar a personas desencantadas.